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La ´libertad' islámica se deja sentir en Túnez: Salafistas tunecinos retoman ataques contra eventos culturales

"Lo grave en este asunto, además del activismo de los extremistas religiosos que cada día tiene un alcance mayor, es la permisividad de las autoridades que capitulan ante los dictados de algunos energúmenos barbudos", estima el diario digital Kapitalis, muy crítico con el poder.

Salafistas tunecinos retomaron los ataques contra eventos culturales e impidieron la celebración de espectáculos considerados contrarios al Islam ante la mirada de las fuerzas del orden, lo que llevó a artistas a denunciar la "complicidad" del gobierno, dominado por islamistas.

Aunque estas acciones no derivaron en actos violentos -como en junio, cuando fundamentalistas atacaron una exposición de arte cerca de Túnez-, varios militantes impidieron la celebración de, al menos, tres eventos en diez días durante la época de festivales y de ayuno del ramadán.

El 6 de agosto, el responsable del festival de Gboullat, en la región de Béja (norte), anunció la suspensión del evento por presiones, especialmente de "salafistas".

El martes por la noche en Menzel Burguiba (norte), islamistas radicales bloquearon el escenario donde el célebre cómico Lofti Abdeli, al que acusan de ofender al Islam, debía desarrollar su espectáculo "100% halal".

Al día siguiente, esta vez en Kairuan (160km al sur de Túnez) el grupo iraní Mehrab no pudo presentarse en el Festival Internacional de Música Sacra y Sufí. Su delito: ser chiitas, lo que para los fundamentalistas sunitas representa una ofensa contra lo sagrado.

Ya a finales de julio, la dirección del festival de Sejnane anuló este acontecimiento después de que salafistas lo interrumpieran al juzgarlo inaceptable en el período del ramadán.

Ningún movimiento radical reivindicó los actos y el principal grupo, Ansar al Charia (los Partisanos de la Sharia), rechazan cualquier contacto con los medios extranjeros.

Las fuerzas de seguridad, que dispersaron sin miramientos los movimientos sociales de estas últimas semanas, se mostraron discretas y no anunciaron ninguna detención.

Por ello, algunas personas las consideran sospechosas de complicidad con los islamistas del partido en el poder, Ennahda. "Dejan hacer a los salafistas", afirma Leila Tubel, célebre escritora tunecina.

"¿Cómo no creer que este gobierno y Ennahda no están implicados? Querría creer que no es su culpa, pero esta gente (los salafistas, ndlr) quedan impunes, imponen su ley", prosigue y denuncia una "complicidad, al menos, por el silencio".

"Lo grave en este asunto, además del activismo de los extremistas religiosos que cada día tiene un alcance mayor, es la permisividad de las autoridades que capitulan ante los dictados de algunos energúmenos barbudos", estima el diario digital Kapitalis, muy crítico con el poder.

En tanto, el ministerio de Cultura estimó que "este tipo de actitudes constituyen un ataque contra la libertad de expresión y una peligrosa amenaza al derecho a la cultura", pero no explicó la pasividad de los policías y añadió, sin precisar, que una acción legal estaba en marcha.

Ennahda ya se encontraba en el punto de mira de los defensores de los Derechos Humanos por presentar un proyecto de ley que castiga con prisión los ataques a lo sagrado. Numerosos observadores consideran que este texto constituye un ataque a la libertad de expresión y de creación.

La oposición y la sociedad civil criticaron repetidas veces la renuncia de las autoridades a tomar medidas contra los salafistas.

El líder de Ennahda, Rashed Ganushi, explicó en julio estar buscando el diálogo con este movimiento para que Túnez no caiga en "la opresión, la tortura y el encarcelamiento" que caracterizaron al régimen del depuesto presidente Ben Ali.

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