Jithu Mohan fue secuestrado por los familiares de su novia musulmana y un inspector de policía, para rociarlo con gasolina y prenderle fuego. El joven murió el pasado día 3 de octubre a consecuencia de las graves lesiones sufridas en un hospital de Kerala (India)
Mohan, un joven con un futuro prometedor en el ámbito deportivo, mantenía una relación sentimental con una chica musulmana llamada Shabana, cuyos padres, carentes del más elemental sentido del multiculturalismo, odiaban a los idólatras hindúes. Un buen día, la Julieta indostánica fue conducida por sus progenitores a un oculto lugar, para alejarla de las malas influencias amorosos que sobre ella ejercía el molesto infiel. Sin embargo, el desdichado Mohan, desconociendo cómo proceden y maquinan los seguidores del “Profeta”, presentó ante el Tribunal Supremo de Kerala una demanda de Habeas Corpus con el objeto de que un juez decidiera si Shabada permanecía en la casa de unos familiares en contra de su voluntad. Por supuesto, semejante provocación fue respondida de manera contundente por el clan ofendido.
La parentela de Shabana invitó al desventurado Mohan, con palabras amables y conciliatorias, a su hogar familiar, para discutir civilizadamente sobre cómo podían resolver el conflicto que les enfrentaba. El incauto Mohan aceptó. Y al personarse en el lugar convenido fue arrastrado por la fuerza hasta el domicilio de un inspector de policía, llamado Wahab, donde fue rociado con gasolina y quemado vivo.
Las relaciones sentimentales de cristianos e hindúes con musulmanas suelen tener un final más sórdido que trágico en India y Pakistán. En ocasiones, el “Romeo” es quemado vivo, pero en otras en hallado muerto cerca de una cloaca y con evidentes muestras de tortura, de lo que se deduce fácilmente que una señorita mahometana constituye un peligro cierto, inminente y grave. Y es que los progenitores sarracenos no creen en el diálogo interreligioso, como tampoco en el enriquecimiento cultural que les pueden aportar hindúes, cristianos, budistas, ateos, agnósticos, judíos, zoroastristas o adeptos a la macumba y el candomblé.
Los asesinos musulmanes de Mohan no quedarán impunes por su delito atroz en un país de mayoría hindú… y se pudrirán en una cárcel. Y cuando mueran irán al Infierno, donde verán a su inicuo y risible “profeta” condenado a leer eternamente les millors obres de la literatura catalana.








y si quemamos unos cuantos musuls,hay muchos