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La Vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, ha contestado a la carta de los cuatro Eurodiputados separatistas españoles, tres procedentes de Cataluña y la cuarta de Galicia, en los que éstos le solicitaban considerase la aplicación del Artículo 7 del Tratado a España por unas supuestas amenazas de intervención militar en Cataluña por parte del Gobierno central en caso de que el Ejecutivo autonómico siguiese adelante con sus planes secesionistas. El asunto, aparte de disparatado, entra claramente en el campo del delirio obsesivo. Los redactores de la misiva apoyaban su pretensión de sancionar a España por graves violaciones de los principios y valores de la Unión en declaraciones de un par de militares retirados y en unos comentarios míos en un programa de televisión sobre la eventual aplicación del Artículo 155 de la Constitución, precepto que, por cierto, nada tiene que ver con las Fuerzas Armadas. La Comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía responde a los alarmados peticionarios como era de esperar. Por un lado, les recuerda que la Comisión no comenta comentarios realizados en el marco de debates sobre temas internos de los Estados Miembros y que su misión consiste en velar por el respeto al derecho comunitario, por otro, ni siquiera menciona la absurda idea de que las opiniones de coroneles jubilados o de comentaristas políticos en medios audiovisuales guarden relación con posiciones oficiales de Gobierno alguno. Este silencio piadoso demuestra que la Comisaria es una mujer educada y que no ha querido recrearse en la ridiculización de sus corresponsales hasta el extremo que merecen. De hecho, la posición oficial del Gobierno español frente al anuncio del Presidente de la Generalidad catalana de que piensa saltarse el ordenamiento vigente, ha sido de una prudencia rayana en la timidez. Se ha limitado a ofrecer diálogo y a reiterar, verdad que no presenta visos de excesiva agresividad, que en un Estado de Derecho todo el mundo debe cumplir la ley. Los nacionalistas siempre viven contra y de espaldas a la realidad, que deforman, manipulan, ignoran o simplemente inventan. Balanzas fiscales imaginativas, guerras dinásticas transformadas en luchas por la independencia, reinos pretéritos que jamás existieron, lenguas propias de territorios aunque sus habitantes hablen otras, y toda una larga serie de fantasías oníricas, leyendas carentes de base y ofensas que nadie infligió, con el fin de configurar una causa de liberación nacional basada en emociones identitarias, rencores atávicos e injusticias seculares, fabricados todos ellos para justificar lo injustificable, fastidiar a propios y extraños e imponer juegos en los que todo el mundo pierde. La insistencia en el diálogo a estas alturas aparece como un ejercicio de masoquismo. La evidencia de los hechos y el rigor de la ley son ya los únicos instrumentos a utilizar antes de que la situación descarrile definitivamente.

Aleix Vidal-Quadras | Carta sin destinatario

La Vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, ha contestado a la carta de los cuatro Eurodiputados separatistas españoles, tres procedentes de Cataluña y la cuarta de Galicia, en los que éstos le solicitaban considerase la aplicación del Artículo 7 del Tratado a España por unas supuestas amenazas de intervención militar en Cataluña por parte del Gobierno central en caso de que el Ejecutivo autonómico siguiese adelante con sus planes secesionistas. El asunto, aparte de disparatado, entra claramente en el campo del delirio obsesivo. Los redactores de la misiva apoyaban su pretensión de sancionar a España por graves violaciones de los principios y valores de la Unión en declaraciones de un par de militares retirados y en unos comentarios míos en un programa de televisión sobre la eventual aplicación del Artículo 155 de la Constitución, precepto que, por cierto, nada tiene que ver con las Fuerzas Armadas. La Comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía responde a los alarmados peticionarios como era de esperar. Por un lado, les recuerda que la Comisión no comenta comentarios realizados en el marco de debates sobre temas internos de los Estados Miembros y que su misión consiste en velar por el respeto al derecho comunitario, por otro, ni siquiera menciona la absurda idea de que las opiniones de coroneles jubilados o de comentaristas políticos en medios audiovisuales guarden relación con posiciones oficiales de Gobierno alguno. Este silencio piadoso demuestra que la Comisaria es una mujer educada y que no ha querido recrearse en la ridiculización de sus corresponsales hasta el extremo que merecen. De hecho, la posición oficial del Gobierno español frente al anuncio del Presidente de la Generalidad catalana de que piensa saltarse el ordenamiento vigente, ha sido de una prudencia rayana en la timidez. Se ha limitado a ofrecer diálogo y a reiterar, verdad que no presenta visos de excesiva agresividad, que en un Estado de Derecho todo el mundo debe cumplir la ley. Los nacionalistas siempre viven contra y de espaldas a la realidad, que deforman, manipulan, ignoran o simplemente inventan. Balanzas fiscales imaginativas, guerras dinásticas transformadas en luchas por la independencia, reinos pretéritos que jamás existieron, lenguas propias de territorios aunque sus habitantes hablen otras, y toda una larga serie de fantasías oníricas, leyendas carentes de base y ofensas que nadie infligió, con el fin de configurar una causa de liberación nacional basada en emociones identitarias, rencores atávicos e injusticias seculares, fabricados todos ellos para justificar lo injustificable, fastidiar a propios y extraños e imponer juegos en los que todo el mundo pierde. La insistencia en el diálogo a estas alturas aparece como un ejercicio de masoquismo. La evidencia de los hechos y el rigor de la ley son ya los únicos instrumentos a utilizar antes de que la situación descarrile definitivamente.

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