publi

 
Una saudí, convertida al cristianismo, salió de su país sin el preceptivo “permiso marital” el pasado verano. Los diplomáticos saudíes exigen a Suecia ( nación donde se encuentra la fugitiva) que les sea entregada por haber “salido ilegalmente de Arabia Saudí”.

“Aisha”, empleada de una compañía de seguros, se convirtió al cristianismo después de conocer a un libanés y un saudí. Ambos hombres la ayudaron a escapar del país, aunque se sospecha que existe un funcionario que facilitó a “Aisha” un pasaporte falsificado.

Ahora, “Aisha” reside en Suecia; los saudíes exigen su entrega, porque ha viajado sola y sin la autorización del consorte; el libanés y el saudí, acusados de convertir a una musulmana y de propiciar su huida, se encuentran detenidos y pueden ser condenados a largas penas de prisión o ser ejecutados... Por su parte, la familia de “Aisha” afirma que ésta está muy arrepentida por su comportamiento, pero que no regresa al hogar por miedo al castigo.

La familia clama que perdona a la oveja negra, aunque se haya convertido al cristianismo, abandonado a su marido y se sospeche la existencia de un lance amoroso entre la descarriada y el libanés, pero el clamor magnánimo de la ofendida parentela es tan falso como el Profeta del islam, y su único interés es lavar el dudoso honor familiar apiolándola lo antes posible como impone la tradición profética islámica.

En Arabia Saudí se aplica la pena de muerte a los conversos; los extranjeros que asisten a  misas clandestinas sufren severas penas , como la flagelación y la privación de libertad; la construcción de templos de culto no musulmán está expresamente prohibida... y pesa sobre las mujeres la prohibición de conducir automóviles.

Arabia pide a Suecia que le sea entregada una ciudadana saudí porque “abandonó el país sin el permiso de su marido”

 
Una saudí, convertida al cristianismo, salió de su país sin el preceptivo “permiso marital” el pasado verano. Los diplomáticos saudíes exigen a Suecia ( nación donde se encuentra la fugitiva) que les sea entregada por haber “salido ilegalmente de Arabia Saudí”.

“Aisha”, empleada de una compañía de seguros, se convirtió al cristianismo después de conocer a un libanés y un saudí. Ambos hombres la ayudaron a escapar del país, aunque se sospecha que existe un funcionario que facilitó a “Aisha” un pasaporte falsificado.

Ahora, “Aisha” reside en Suecia; los saudíes exigen su entrega, porque ha viajado sola y sin la autorización del consorte; el libanés y el saudí, acusados de convertir a una musulmana y de propiciar su huida, se encuentran detenidos y pueden ser condenados a largas penas de prisión o ser ejecutados... Por su parte, la familia de “Aisha” afirma que ésta está muy arrepentida por su comportamiento, pero que no regresa al hogar por miedo al castigo.

La familia clama que perdona a la oveja negra, aunque se haya convertido al cristianismo, abandonado a su marido y se sospeche la existencia de un lance amoroso entre la descarriada y el libanés, pero el clamor magnánimo de la ofendida parentela es tan falso como el Profeta del islam, y su único interés es lavar el dudoso honor familiar apiolándola lo antes posible como impone la tradición profética islámica.

En Arabia Saudí se aplica la pena de muerte a los conversos; los extranjeros que asisten a  misas clandestinas sufren severas penas , como la flagelación y la privación de libertad; la construcción de templos de culto no musulmán está expresamente prohibida... y pesa sobre las mujeres la prohibición de conducir automóviles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada