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Por JUAN E. PFLÜGER
La propaganda de Negrín ocultó el hecho y magnificó en cambio el bombardeo de la localidad vizcaína por la Legión Cóndor con similar número de víctimas.

Cabra era una apacible ciudad de la retaguardia lejana al frente hasta la mañana del 7 de noviembre de 1938. Era lunes y desde muy temprano los campesinos de los pueblos de alrededor habían acudido al mercado de abastos local a vender sus mercancías. A las siete y media se oyó el ruido de varios aviones que se acercaban a la población. Su lejanía del frente hizo pensar a los egabrenses que se trataba de aparatos nacionales que sobrevolaban la zona. La caída de la primera bomba de 200 kilos, lanzada por un Tupolev SB-2 Katiuska, a las 7.31 minutos, rompió la apacible mañana. A esa primera bomba le siguieron otras 30 que los tres aparatos de fabricación rusa al servicio del Ejército Republicano lanzaron en minutos.

El alto mando republicano emprendió una contundente campaña de prensa internacional tras el bombardeo de Guernica de unos meses antes. Este había causado un número similar de víctimas, como ha demostrado el estudio realizado por el periodista Humberto Unzueta. El resultado fue un listado de 120 personas, de las que identificó únicamente a 115. Frente a ello, los dirigentes nacionales emitieron un escueto parte de guerra sobre lo ocurrido en Cabra. En él se hacía referencia exclusivamente a “un hecho criminal, ejecutado con toda premeditación, porque a esa hora sabían que las gentes salen de sus casas al trabajo”.

50 muertos en el mercado de abastos

El bombardeo, que coincidió en el tiempo con la derrota republicana en la batalla del Ebro, fue calificado por el Estado Mayor franquista como una venganza ante la imposibilidad de derrotarles en el campo de batalla. En este sentido señala: “A eso vinieron, a vengar esas derrotas del Ebro en este pueblo indefenso (...) una población tranquila, que no ha cometido más delito que ser española”.

La más mortífera de las bombas lanzadas sobre Cabra fue la que impactó en el centro de la plaza del mercado. Allí, 36 personas murieron en el acto y otras 14 fallecieron en los días siguientes a consecuencia de las heridas. También causó, al menos, medio centenar de heridos. Otro de los objetivos que alcanzó la aviación republicana, conocida como La Gloriosa, fue el colegio de las Escolapias, en cuyo pabellón de aulas impactaron, al menos, dos proyectiles. En este caso, la suerte acompañó a las niñas, ya que, al ser antes de las 8 de la mañana, se encontraba vacío, lo que supuso que se evitara la masacre.

Entre las víctimas se cuentan diez niños menores de 12 años, el más joven fue un bebé de tan sólo 13 meses, Mercedes Guardeño. Varias familias más sufrieron, al igual que los Guardeño, gran número de bajas. Entre ellas destacan los , que perdieron cuatro miembros cada una, incluidos niños de corta edad.

Matanza de civiles

Pese a la campaña internacional que vendió el bombardeo de Guernica como el más cruento de toda la Guerra Civil, la aviación republicana fue la que inició, y la que más usó esa técnica de terror durante la contienda. Apenas comenzado el conflicto, y cuando los sublevados no disponían todavía de aparatos suficientes para transportar los soldados de África a la Península, entre los días 18 y 25 de julio de 1936, la aviación republicana ya había bombardeado Zaragoza, Córdoba y Sevilla.

Durante el año 1937 disminuyeron esos ataques, pero se intensificaron durante 1938, a medida que las tropas nacionales avanzaban posiciones y las derrotas republicanas se multiplicaban. Entre enero y abril de ese año, la República realizó 46 ataques sobre civiles, causando la muerte de más de 12.000 personas, la mayoría civiles. Algunas poblaciones fueron especialmente castigadas como Toledo, bombardeada cuatro veces.

La Gaceta.

El Guernica de la aviación republicana

Por JUAN E. PFLÜGER
La propaganda de Negrín ocultó el hecho y magnificó en cambio el bombardeo de la localidad vizcaína por la Legión Cóndor con similar número de víctimas.

Cabra era una apacible ciudad de la retaguardia lejana al frente hasta la mañana del 7 de noviembre de 1938. Era lunes y desde muy temprano los campesinos de los pueblos de alrededor habían acudido al mercado de abastos local a vender sus mercancías. A las siete y media se oyó el ruido de varios aviones que se acercaban a la población. Su lejanía del frente hizo pensar a los egabrenses que se trataba de aparatos nacionales que sobrevolaban la zona. La caída de la primera bomba de 200 kilos, lanzada por un Tupolev SB-2 Katiuska, a las 7.31 minutos, rompió la apacible mañana. A esa primera bomba le siguieron otras 30 que los tres aparatos de fabricación rusa al servicio del Ejército Republicano lanzaron en minutos.

El alto mando republicano emprendió una contundente campaña de prensa internacional tras el bombardeo de Guernica de unos meses antes. Este había causado un número similar de víctimas, como ha demostrado el estudio realizado por el periodista Humberto Unzueta. El resultado fue un listado de 120 personas, de las que identificó únicamente a 115. Frente a ello, los dirigentes nacionales emitieron un escueto parte de guerra sobre lo ocurrido en Cabra. En él se hacía referencia exclusivamente a “un hecho criminal, ejecutado con toda premeditación, porque a esa hora sabían que las gentes salen de sus casas al trabajo”.

50 muertos en el mercado de abastos

El bombardeo, que coincidió en el tiempo con la derrota republicana en la batalla del Ebro, fue calificado por el Estado Mayor franquista como una venganza ante la imposibilidad de derrotarles en el campo de batalla. En este sentido señala: “A eso vinieron, a vengar esas derrotas del Ebro en este pueblo indefenso (...) una población tranquila, que no ha cometido más delito que ser española”.

La más mortífera de las bombas lanzadas sobre Cabra fue la que impactó en el centro de la plaza del mercado. Allí, 36 personas murieron en el acto y otras 14 fallecieron en los días siguientes a consecuencia de las heridas. También causó, al menos, medio centenar de heridos. Otro de los objetivos que alcanzó la aviación republicana, conocida como La Gloriosa, fue el colegio de las Escolapias, en cuyo pabellón de aulas impactaron, al menos, dos proyectiles. En este caso, la suerte acompañó a las niñas, ya que, al ser antes de las 8 de la mañana, se encontraba vacío, lo que supuso que se evitara la masacre.

Entre las víctimas se cuentan diez niños menores de 12 años, el más joven fue un bebé de tan sólo 13 meses, Mercedes Guardeño. Varias familias más sufrieron, al igual que los Guardeño, gran número de bajas. Entre ellas destacan los , que perdieron cuatro miembros cada una, incluidos niños de corta edad.

Matanza de civiles

Pese a la campaña internacional que vendió el bombardeo de Guernica como el más cruento de toda la Guerra Civil, la aviación republicana fue la que inició, y la que más usó esa técnica de terror durante la contienda. Apenas comenzado el conflicto, y cuando los sublevados no disponían todavía de aparatos suficientes para transportar los soldados de África a la Península, entre los días 18 y 25 de julio de 1936, la aviación republicana ya había bombardeado Zaragoza, Córdoba y Sevilla.

Durante el año 1937 disminuyeron esos ataques, pero se intensificaron durante 1938, a medida que las tropas nacionales avanzaban posiciones y las derrotas republicanas se multiplicaban. Entre enero y abril de ese año, la República realizó 46 ataques sobre civiles, causando la muerte de más de 12.000 personas, la mayoría civiles. Algunas poblaciones fueron especialmente castigadas como Toledo, bombardeada cuatro veces.

La Gaceta.

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