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Joaquín Leguina | La supervivencia del PSOE

La crisis del PSOE, aunque gestada desde el año 2000, tomó forma letal a partir del 10 de mayo de 2010, cuando Zapatero, entonces Presidente del Gobierno, emprendió el duro camino de Damasco tras caerse del burro, asno sobre cuyos lomos cabalgaba un Cándido (el cándido con peor leche del mundo) que había convertido en santo y seña de su vida política la frase que el personaje de Voltaire repetía mientras naufragaba durante el famoso maremoto de Lisboa: “todo va bien en el mejor de los mundos posibles”.

A los destrozos electorales -municipales y autonómicos en la primavera y en las generales de noviembre (2011)- siguió un congreso montado a toda prisa que no se caracterizó precisamente por la reflexión y el debate, sino por el nominalismo y la bandería.

Cuando Chacón (¡¡apoyada por Griñán!!) perdió ante Rubalcaba, muchos pensamos que el mal menor puede resultar muy saludable…, pero aquella escasa victoria podía, también, convertirse en pírrica. Sospecha que se acrecentó al contemplar el plantel de “segundos” que Rubalcaba cooptaba para su Ejecutiva, y ahora, cuando el desafecto electoral parece acrecentarse (los resultados de Galicia y Euskadi lo confirman), es difícil imaginar que con estos mimbres pueda abordarse en la calle Ferraz una reforma interna que, desde cualquier punto de vista, es imprescindible. ¿Cuáles son los defectos que es preciso eliminar?

El funcionamiento endogámico y perverso, que va desde una inexistente relación entre los afiliados y su entorno social a una selección de los cuadros dirigentes marcada por el amiguismo, el clientelismo interno y el desprecio absoluto por el mérito y la capacidad, es decir, por el talento y la experiencia. ¿Cuántos dirigentes actuales del PSOE han trabajado alguna vez por cuenta propia o ajena fuera del aparato político?

Respecto a la endogamia, sólo reproduciré parte de un correo que me envió hace días una conocida socialista madrileña:
»Elena Valenciano ha echado la culpa de la derrota a la falta de movilización de los socialistas. Si se refiere a los militantes, se equivoca, ya que los minilíderes del PSOE sí se movilizan. Están cuadrados ante las sedes de las agrupaciones para que no entre ni uno que les pueda quebrar sus mayorías para controlar la agrupación. También ha dicho Valenciano que habrá que hacer una reflexión, es decir, no hacer nada, o lo que es parecido: se convocará una Conferencia Política (atada y bien atada por los minilíderes). Siento mostrarme tan pesimista.

En otras palabras, es preciso:

1. Oxigenar la vida interna del partido, permitiendo la colaboración de mucha gente de dentro y de fuera para abandonar la endogamia y su correlato, el aislamiento social.
2. Implantar un nuevo sistema de selección de los cuadros internos (listas electorales y cargos de confianza) donde primen el mérito y la capacidad.
3. Primar en las elecciones internas el voto individual frente al voto sindicado (el de las agrupaciones).
A partir del último congreso, el PSOE –muy en el “estilo Zapatero”- ha pretendido presentarse ante la ciudadanía como un partido sin memoria, como si no acabara de abandonar el Gobierno. Queriendo, además, hacer creer que todos los males de la patria (recortes y destrozos) eran responsabilidad exclusiva de “la malvada derecha”.

En mi opinión, si el PSOE quiere sobrevivir ha de enterrar el zapaterismo (no hablo de personas sino de ideas, de actitudes y de prácticas), o, en caso contrario, el zapaterismo enterrará al PSOE.

Por lo tanto y en primer lugar, es preciso olvidarse de cualquier tacto de codos con los nacionalismos, porque está muy claro que así, en la inopia y mirando para otro lado ante el desafío separatista, no podemos seguir. Toca defender la Constitución y las leyes, y habrá que hacerlo junto al PP, porque en este asunto –y en todos- el PSOE no puede seguir bailando la yenka.

El día en que escribo, Griñán acaba de decir que la soberanía nacional no es fragmentable, mientras su homólogo catalán, Pere Navarro, aprobaba con el PSC el derecho a decidir de Cataluña.

Como se ve, es urgente “unificar” el discurso y no sólo en defensa de los valores constitucionales, también para conjurar futuras derrotas, pues no parece arriesgado pronosticar que el próximo 25 de noviembre el PSC va a arrastrar al PSOE a su cuarto descalabro consecutivo.

En fin, para salir del hoyo, se me ocurre un catálogo urgente por si puede interesar:
Abandonar definitivamente las actitudes “progres” y reincorporarse al pensamiento socialdemócrata tradicional… y ni los nacionalismos ni sus sucedáneos pertenecen a esa tradición.

Apartarse de los discursos fáciles y trillados según los cuales los recortes y otros desastres provenientes de la crisis se deben exclusivamente a la maldad intrínseca de la derecha y no a errores de muchos, entre ellos los del PSOE.

Olvidar la demagogia y buscar la racionalidad en las soluciones económicas (fiscalidad incluida) y sociales (la defensa de los servicios públicos y la persecución de los defraudadores, sean éstos ricos o pobres), propuestas todas ellas que lleven a la igualdad de oportunidades…

En suma, volver a ser un partido socialdemócrata y de Gobierno. Es decir, un partido serio, prudente y creíble.

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