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La división física se convirtió en ruptura total cuando Hamás expulsó a las fuerzas de seguridad de Fatah, en 2007, de la Franja. Desde entonces los palestinos están políticamente divididos en dos grandes mitades, la Gaza de Hamás y la Cisjordania de Fatah. Todas las negociaciones para restablecer la unidad palestina han fracasado. “Ahora el ambiente es propicio para la reconciliación”, sostiene el analista Okal. Una unidad que los palestinos de a pie ansían.

Hamás sacó pecho en Gaza e invitó a sus rivales de Fatah a celebrar lo que en la Franja todos saludan como una victoria ante Israel. El apoyo al movimiento islamista, erosionado en los últimos tiempos, ha subido enteros entre la población tras ocho días de ataques en los que sus proyectiles han llegado a Tel Aviv y Jerusalén.

Hacía cinco años —desde la miniguerra civil palestina tras el triunfo de Hamás en las elecciones— que no se veían tantas banderas amarillas (el color del partido laico que lidera el veterano Mahmud Abbas) por las calles del enclave gobernado por los islamistas.

Los seguidores de Fatah se unieron a los de Hamás (con sus enseñas verde islam) y a los de Yihad Islámica (banderas negras) en un mitin para saludar el alto el fuego en vigor desde la víspera. “Parece que cada vez que Hamás sufre un golpe sale fortalecida”, decía antes del acto Ayub al Shubaki, médico de 57 años, y fiel seguidor de Hamás.

La Franja retomó la vida cotidiana —abrieron los comercios, volvieron los atascos y los carros tirados por burros que venden fruta por los barrios— tras una noche en la que miles de personas se echaron a la calle a celebrar la tregua. Festejos que no hubo tras la guerra de 2008-2009. Los islamistas se sienten fuertes por el alcance de sus armas, pero también por el apoyo mostrado por Gobiernos árabes y musulmanes.

Nada que ver con hace cuatro años. Frente a las protestas con la boca pequeña de entonces (el turco Recep Tayyip Erdogan fue el único gobernante que de verdad alzó la voz), ministros de un buen puñado de países, incluidos Egipto, Catar y Turquía, acudieron raudos a la Franja en solidaridad mientras caían bombas.

Las autoridades de Gaza disfrutan de creciente respaldo diplomático —aunque sus oficinas gubernamentales son enormes montones de escombros— y financiero de Catar mientras las de Ramala luchan por mitigar en lo posible el recorte de fondos que reciben desde Occidente.

El acuerdo de alto el fuego establece que las partes empezarían 24 horas después (es decir, anoche) a negociar “la apertura de los pasos [fronterizos], la flexibilización del movimiento de personas y de mercancías”.

Los gazatíes no confían en el levantamiento total del bloqueo, pero sí esperan poder importar y exportar a Egipto aunque por ahora se apañan con los túneles y el contrabando. El pacto que puso fin a la guerra hace cuatro años es muy similar a este, según el diario Haaretz. El líder político de Hamás, Jaled Meshal, recibió la tregua con tono triunfalista: “La destrucción dejada por Israel no modifica el hecho de que la resistencia ha ganado”.

Da la impresión de que esta vez sus detractores coinciden con esa postura. “Incluso yo, demócrata, laico, liberal, que les he criticado [a Hamás] por su postura hacia la reconciliación [entre los palestinos], su programa social —el hiyab, intentar introducir la religión en la legislación…—, sus prácticas no democráticas con la sociedad civil y los medios de comunicación, hoy les admiro. Debo tener presentes mis críticas pero aparcarlas momentáneamente porque han arrinconado a Israel”, aseguraba el analista político Talal Okal.

Mientras la apuesta de Fatah para que la ONU vote el 29 de noviembre si acepta a Palestina como Estado no miembro es recibida con enorme desinterés en Gaza, el analista Okal sostiene que esa medida “es objetivamente un paso hacia un conflicto con Israel, incluso si no es lo que [el presidente Mahmud] Abbas pretende”.

Ramsi el Geren, que iba hacia el mitin con sus dos hijos y una bandera amarilla de Fatah, se decía partidario de combinar las dos vías que caracterizan a las dos grandes facciones palestinas: “El rifle con la política puede lograr más que solo el rifle o solo la política”.

El escenario del mitin en el que se mezclaban banderas verdes, amarillas y negras tenía también su simbolismo: los terrenos donde se alzó la sede del Parlamento, que Israel destruyó en 2009. Aquella Cámara legislativa celebraba sesión por videoconferencia con otra en Ramala.

La división física se convirtió en ruptura total cuando Hamás expulsó a las fuerzas de seguridad de Fatah, en 2007, de la Franja. Desde entonces los palestinos están políticamente divididos en dos grandes mitades, la Gaza de Hamás y la Cisjordania de Fatah. Todas las negociaciones para restablecer la unidad palestina han fracasado. “Ahora el ambiente es propicio para la reconciliación”, sostiene el analista Okal. Una unidad que los palestinos de a pie ansían.

Los palestinos de la Franja de Gaza aglutinados en torno a Hamás

La división física se convirtió en ruptura total cuando Hamás expulsó a las fuerzas de seguridad de Fatah, en 2007, de la Franja. Desde entonces los palestinos están políticamente divididos en dos grandes mitades, la Gaza de Hamás y la Cisjordania de Fatah. Todas las negociaciones para restablecer la unidad palestina han fracasado. “Ahora el ambiente es propicio para la reconciliación”, sostiene el analista Okal. Una unidad que los palestinos de a pie ansían.

Hamás sacó pecho en Gaza e invitó a sus rivales de Fatah a celebrar lo que en la Franja todos saludan como una victoria ante Israel. El apoyo al movimiento islamista, erosionado en los últimos tiempos, ha subido enteros entre la población tras ocho días de ataques en los que sus proyectiles han llegado a Tel Aviv y Jerusalén.

Hacía cinco años —desde la miniguerra civil palestina tras el triunfo de Hamás en las elecciones— que no se veían tantas banderas amarillas (el color del partido laico que lidera el veterano Mahmud Abbas) por las calles del enclave gobernado por los islamistas.

Los seguidores de Fatah se unieron a los de Hamás (con sus enseñas verde islam) y a los de Yihad Islámica (banderas negras) en un mitin para saludar el alto el fuego en vigor desde la víspera. “Parece que cada vez que Hamás sufre un golpe sale fortalecida”, decía antes del acto Ayub al Shubaki, médico de 57 años, y fiel seguidor de Hamás.

La Franja retomó la vida cotidiana —abrieron los comercios, volvieron los atascos y los carros tirados por burros que venden fruta por los barrios— tras una noche en la que miles de personas se echaron a la calle a celebrar la tregua. Festejos que no hubo tras la guerra de 2008-2009. Los islamistas se sienten fuertes por el alcance de sus armas, pero también por el apoyo mostrado por Gobiernos árabes y musulmanes.

Nada que ver con hace cuatro años. Frente a las protestas con la boca pequeña de entonces (el turco Recep Tayyip Erdogan fue el único gobernante que de verdad alzó la voz), ministros de un buen puñado de países, incluidos Egipto, Catar y Turquía, acudieron raudos a la Franja en solidaridad mientras caían bombas.

Las autoridades de Gaza disfrutan de creciente respaldo diplomático —aunque sus oficinas gubernamentales son enormes montones de escombros— y financiero de Catar mientras las de Ramala luchan por mitigar en lo posible el recorte de fondos que reciben desde Occidente.

El acuerdo de alto el fuego establece que las partes empezarían 24 horas después (es decir, anoche) a negociar “la apertura de los pasos [fronterizos], la flexibilización del movimiento de personas y de mercancías”.

Los gazatíes no confían en el levantamiento total del bloqueo, pero sí esperan poder importar y exportar a Egipto aunque por ahora se apañan con los túneles y el contrabando. El pacto que puso fin a la guerra hace cuatro años es muy similar a este, según el diario Haaretz. El líder político de Hamás, Jaled Meshal, recibió la tregua con tono triunfalista: “La destrucción dejada por Israel no modifica el hecho de que la resistencia ha ganado”.

Da la impresión de que esta vez sus detractores coinciden con esa postura. “Incluso yo, demócrata, laico, liberal, que les he criticado [a Hamás] por su postura hacia la reconciliación [entre los palestinos], su programa social —el hiyab, intentar introducir la religión en la legislación…—, sus prácticas no democráticas con la sociedad civil y los medios de comunicación, hoy les admiro. Debo tener presentes mis críticas pero aparcarlas momentáneamente porque han arrinconado a Israel”, aseguraba el analista político Talal Okal.

Mientras la apuesta de Fatah para que la ONU vote el 29 de noviembre si acepta a Palestina como Estado no miembro es recibida con enorme desinterés en Gaza, el analista Okal sostiene que esa medida “es objetivamente un paso hacia un conflicto con Israel, incluso si no es lo que [el presidente Mahmud] Abbas pretende”.

Ramsi el Geren, que iba hacia el mitin con sus dos hijos y una bandera amarilla de Fatah, se decía partidario de combinar las dos vías que caracterizan a las dos grandes facciones palestinas: “El rifle con la política puede lograr más que solo el rifle o solo la política”.

El escenario del mitin en el que se mezclaban banderas verdes, amarillas y negras tenía también su simbolismo: los terrenos donde se alzó la sede del Parlamento, que Israel destruyó en 2009. Aquella Cámara legislativa celebraba sesión por videoconferencia con otra en Ramala.

La división física se convirtió en ruptura total cuando Hamás expulsó a las fuerzas de seguridad de Fatah, en 2007, de la Franja. Desde entonces los palestinos están políticamente divididos en dos grandes mitades, la Gaza de Hamás y la Cisjordania de Fatah. Todas las negociaciones para restablecer la unidad palestina han fracasado. “Ahora el ambiente es propicio para la reconciliación”, sostiene el analista Okal. Una unidad que los palestinos de a pie ansían.

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