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La palabra salvaje es tabú, tal vez por estar asimilada a la calificación de pueblos y comportamientos juzgados inferiores en tiempos de la colonización. Pero hay salvajes modernos que son el fruto del terrorismo islámico. Estamos frente a comportamientos de odio puro, que se manifiestan a título individual y que tratan de justificarse mediante coartadas religiosas y políticas.

El delito de “portación de cara”, en el caso de algunos grupos étnicos y raciales cada vez más numerosos en nuestras calles, también comparte la misma diabolización que el término salvaje. Sin embargo, ¿quién no aprecia a simple vista que la mayoría de los musulmanes radicales tienen unas caras que dan miedo, ya que expresan el odio más cerril y más sectario? También es cierto que por regla general no se aprecia la más mínima luz de inteligencia en esas frentes.

Los terroristas de Mali tanto como los asesinos con cuchillos de carnicero de Londres son representantes de una deriva del terrorismo, crimen masivo, a la Bin Laden: bestialidad pura bajo camuflaje religioso e ideológico.

El asunto Mohamed Merah (asesino de soldados franceses y niños en una escuela judía en Toulouse en 2012) es revelador de esta deriva. Nuestras sociedades europeas provocan un odio bestial en algunos inmigrantes que nos amenazan a todos y en todo momento.

Eso es tanto más aterrador que Francia y toda Europa están en primer línea de ese nuevo terrorismo. El mundo entero ha visto a ese nigeriano, las manos empapadas de sangre, un machete en ristre, explicarnos la guerra que le hace a Occidente. Esto debería ser un punto de inflexión. El asesinato bárbaro de un soldado inglés a Londres, así como la agresión de un soldado francés en Paris, pueden ser calificados de terroristas. Estos crímenes responden en todo caso a las nuevas directrices de Al-Qaeda, que llama a sus seguidores al “yihad individual y de proximidad”. En otras palabras: un terrorismo “low cost”, auténtica pesadilla de los servicios de inteligencia.

Resulta difícil no hacer la relación, un mes después del atentado de Boston, con las llamadas a la “yihad individual y de proximidad” lanzadas desde hace años por Al-Qaeda, que desde la Península Arábiga difunde una revista, descargable en Internet, dirigida sobre todo al mundo occidental. La revista proporciona el manual del perfecto yihadista en medio urbano: contactos, métodos de organización, recetas para fabricar bombas e ingenios incendiarios… y hasta argumentos ideológicos para justificar asesinatos y atentados. En su último número de febrero pasado, que lleva por titulo “Todos somos Osama”, la revista lanzaba una llamada a todos los Mohamed Merah a “golpear Francia”, culpable de llevar a cabo una cruzada en Mali.

Para hacer el yihad, no es necesario combatir en Afganistán, Siria o en otras países lejanos. No es necesario preparar acciones de gran envergadura (Al-Qaeda ya no dispone de los medios para ello). Tampoco es necesario disponer de dinero o de organización. Basta con golpear al lado mismo de donde uno vive, sin armas sofisticadas, ni bombas: basta con prenderle fuego a los coches, a las casas, a los bosques, provocar acccidentes mortales en las carreteras, atacar a individuos sueltos, etc.

Esto es lo que predica y ordena el islamismo radical: el terrorismo de proximidad, el yihad personal. Que nadie diga después que no se nos advirtió.

Jean Bonnevey | Tiempos de yihad personal y terrorismo de proximidad

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La palabra salvaje es tabú, tal vez por estar asimilada a la calificación de pueblos y comportamientos juzgados inferiores en tiempos de la colonización. Pero hay salvajes modernos que son el fruto del terrorismo islámico. Estamos frente a comportamientos de odio puro, que se manifiestan a título individual y que tratan de justificarse mediante coartadas religiosas y políticas.

El delito de “portación de cara”, en el caso de algunos grupos étnicos y raciales cada vez más numerosos en nuestras calles, también comparte la misma diabolización que el término salvaje. Sin embargo, ¿quién no aprecia a simple vista que la mayoría de los musulmanes radicales tienen unas caras que dan miedo, ya que expresan el odio más cerril y más sectario? También es cierto que por regla general no se aprecia la más mínima luz de inteligencia en esas frentes.

Los terroristas de Mali tanto como los asesinos con cuchillos de carnicero de Londres son representantes de una deriva del terrorismo, crimen masivo, a la Bin Laden: bestialidad pura bajo camuflaje religioso e ideológico.

El asunto Mohamed Merah (asesino de soldados franceses y niños en una escuela judía en Toulouse en 2012) es revelador de esta deriva. Nuestras sociedades europeas provocan un odio bestial en algunos inmigrantes que nos amenazan a todos y en todo momento.

Eso es tanto más aterrador que Francia y toda Europa están en primer línea de ese nuevo terrorismo. El mundo entero ha visto a ese nigeriano, las manos empapadas de sangre, un machete en ristre, explicarnos la guerra que le hace a Occidente. Esto debería ser un punto de inflexión. El asesinato bárbaro de un soldado inglés a Londres, así como la agresión de un soldado francés en Paris, pueden ser calificados de terroristas. Estos crímenes responden en todo caso a las nuevas directrices de Al-Qaeda, que llama a sus seguidores al “yihad individual y de proximidad”. En otras palabras: un terrorismo “low cost”, auténtica pesadilla de los servicios de inteligencia.

Resulta difícil no hacer la relación, un mes después del atentado de Boston, con las llamadas a la “yihad individual y de proximidad” lanzadas desde hace años por Al-Qaeda, que desde la Península Arábiga difunde una revista, descargable en Internet, dirigida sobre todo al mundo occidental. La revista proporciona el manual del perfecto yihadista en medio urbano: contactos, métodos de organización, recetas para fabricar bombas e ingenios incendiarios… y hasta argumentos ideológicos para justificar asesinatos y atentados. En su último número de febrero pasado, que lleva por titulo “Todos somos Osama”, la revista lanzaba una llamada a todos los Mohamed Merah a “golpear Francia”, culpable de llevar a cabo una cruzada en Mali.

Para hacer el yihad, no es necesario combatir en Afganistán, Siria o en otras países lejanos. No es necesario preparar acciones de gran envergadura (Al-Qaeda ya no dispone de los medios para ello). Tampoco es necesario disponer de dinero o de organización. Basta con golpear al lado mismo de donde uno vive, sin armas sofisticadas, ni bombas: basta con prenderle fuego a los coches, a las casas, a los bosques, provocar acccidentes mortales en las carreteras, atacar a individuos sueltos, etc.

Esto es lo que predica y ordena el islamismo radical: el terrorismo de proximidad, el yihad personal. Que nadie diga después que no se nos advirtió.

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