Header Ads

Aleix Vidal-Quadras | ¿Bolsillo o sentimientos?

Ahora que los separatistas catalanes han puesto de moda la utilización de menores para sus destructivos fines, puedo hacer saber que mi hija pequeña, que tiene nueve años, me dijo el otro día que me quería contar un chiste. Naturalmente, me mostré dispuesto a escucharlo y poniendo esa cara que ponen los niños cuando hacen algo que consideran divertidísimo, procedió a su exposición: “Un numeroso grupo de independentistas se encuentra reunido preparando su próxima acción callejera para reclamar un Estado propio. Uno de ellos les calienta previamente con una soflama encendida en favor de la secesión. Al acabar su perorata, reina en la sala un silencio cargado de entusiasmo patriótico. De repente, un asistente pregunta en voz alta: Y eso, ¿cuánto nos costará? Se miran entre ellos nerviosamente mientras hacen rápidos cálculos mentales. Y surge imparable y espontáneo un grito atronador: ¡Viva España!”.

En el debate suscitado por el referendo escocés, los argumentos que se manejan en el Reino Unido no son los agravios históricos recibidos de Inglaterra o la identidad cultural de las Highlands o el atávico orgullo de los viejos clanes. Los principales temas de discusión versan sobre las consecuencias económicas de la ruptura de los lazos con Londres. Cada parte, separatistas y unionistas, intenta convencer a los votantes de que si adoptan sus tesis vivirán mejor, dispondrán de más oportunidades y disfrutarán de rentas más altas. Este aspecto de la polémica está prácticamente ausente en España en relación a las exigencias de los nacionalistas catalanes. Aquí todo son banderas al viento, exaltaciones lingüísticas y buceos en una historia inventada. Curiosamente, el Gobierno central no ha emprendido, como ha hecho el 10 de Downing Street, una intensa campaña de explicación de los nefastos efectos que una Cataluña desgajada de España tendría sobre la evolución del PIB, el empleo, la deuda y las empresas del Principado. Desde Moncloa se limitan a enviar cartas vacuas, demostrar miedo, halagar a sus enemigos, insistir monótonamente en la necesidad de respetar la Constitución y ofrecer diálogo sin fecha de caducidad, táctica que envalentona crecientemente a los rebeldes. Se puede dudar sobre si es más convincente un planteamiento basado en el corazón o en el bolsillo, pero es evidente quién ganará si el conflicto se produce entre las emociones y la nada. El chiste de mi hija revela que en cuarto de primaria han entendido mejor el problema que los preclaros asesores áulicos de Rajoy.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.