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Siempre me ha preocupado que las distintas opciones electorales de nuestro país intenten adaptarse a lo que les dicen las encuestas.

En su mundo de confusión e incertidumbre, los socialistas han encontrado un camino entre las brumas: girar a la izquierda. Su Secretaria de Organización, mi antigua colega en el Parlamento Europeo Elena Valenciano, se ha ufanado de que su partido salía de su reciente Conferencia Política teñido de subido bermellón. Las formaciones que componen el arco parlamentario español son aficionadas a este tipo de bruscas maniobras de cambio de dirección, giros catalanistas, giros hacia el centro, la diestra o la siniestra, giros, piruetas, volatines y corvetas para complacer a un electorado que contempla atónito tales evoluciones oportunistas. Siempre me ha preocupado que las distintas opciones electorales de nuestro país intenten adaptarse a lo que les dicen las encuestas, efímeras por naturaleza, mediante forzadas contorsiones y extraños disfraces en lugar de afirmar sus proyectos con coherencia e intentar convencer a los ciudadanos de su capacidad de resolver sus problemas reales y de proteger sus legítimos intereses. Esta preferencia por las etiquetas frente a los contenidos empobrece el debate público y abre la puerta a la simplificación maniquea. El Gobierno ha manifestado su satisfacción ante esta radicalización del discurso de su principal oponente porque aprecia que le deja libre el centro. Seguimos así con el juego de palabras vacías sin que nadie entre en lo sustancial. ¿Qué significa ser de centro, de derecha o de izquierda? Nada, salvo que estos vocablos sean previamente definidos en base a propuestas concretas. Si se decide subir los impuestos a niveles confiscatorios en vez de disminuir de verdad el gasto estructural del Estado, si se excarcela a terroristas con falsos pretextos, si se muestra pasividad ante agresiones descaradas al orden constitucional, si se mantienen leyes basadas en la ideología de género o en el fomento del rencor entre españoles, ¿en qué parte del eje izquierda-derecha se sitúa uno? No importa, nos susurran los sociólogos de cámara, lo que cuenta es la imagen, el eslogan y la apelación a los instintos primarios. Sólo los ingenuos, nos recuerdan con sorna, consideran a los votantes seres racionales y maduros cuando en realidad hay que verles como manojos de emociones susceptibles de manipulación. Los españoles necesitan políticos que les hablen con el respeto que merecen y no desaprensivos que intenten atraerles regalándoles cuentas de cristal de colores cambiantes, rebajándoles a la condición de aborígenes primitivos prestos a ser deslumbrados con quincalla.

Alejo Vidal-Quadras | Giros y variaciones

Siempre me ha preocupado que las distintas opciones electorales de nuestro país intenten adaptarse a lo que les dicen las encuestas.

En su mundo de confusión e incertidumbre, los socialistas han encontrado un camino entre las brumas: girar a la izquierda. Su Secretaria de Organización, mi antigua colega en el Parlamento Europeo Elena Valenciano, se ha ufanado de que su partido salía de su reciente Conferencia Política teñido de subido bermellón. Las formaciones que componen el arco parlamentario español son aficionadas a este tipo de bruscas maniobras de cambio de dirección, giros catalanistas, giros hacia el centro, la diestra o la siniestra, giros, piruetas, volatines y corvetas para complacer a un electorado que contempla atónito tales evoluciones oportunistas. Siempre me ha preocupado que las distintas opciones electorales de nuestro país intenten adaptarse a lo que les dicen las encuestas, efímeras por naturaleza, mediante forzadas contorsiones y extraños disfraces en lugar de afirmar sus proyectos con coherencia e intentar convencer a los ciudadanos de su capacidad de resolver sus problemas reales y de proteger sus legítimos intereses. Esta preferencia por las etiquetas frente a los contenidos empobrece el debate público y abre la puerta a la simplificación maniquea. El Gobierno ha manifestado su satisfacción ante esta radicalización del discurso de su principal oponente porque aprecia que le deja libre el centro. Seguimos así con el juego de palabras vacías sin que nadie entre en lo sustancial. ¿Qué significa ser de centro, de derecha o de izquierda? Nada, salvo que estos vocablos sean previamente definidos en base a propuestas concretas. Si se decide subir los impuestos a niveles confiscatorios en vez de disminuir de verdad el gasto estructural del Estado, si se excarcela a terroristas con falsos pretextos, si se muestra pasividad ante agresiones descaradas al orden constitucional, si se mantienen leyes basadas en la ideología de género o en el fomento del rencor entre españoles, ¿en qué parte del eje izquierda-derecha se sitúa uno? No importa, nos susurran los sociólogos de cámara, lo que cuenta es la imagen, el eslogan y la apelación a los instintos primarios. Sólo los ingenuos, nos recuerdan con sorna, consideran a los votantes seres racionales y maduros cuando en realidad hay que verles como manojos de emociones susceptibles de manipulación. Los españoles necesitan políticos que les hablen con el respeto que merecen y no desaprensivos que intenten atraerles regalándoles cuentas de cristal de colores cambiantes, rebajándoles a la condición de aborígenes primitivos prestos a ser deslumbrados con quincalla.

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