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Doy inicio con estas líneas a mi colaboración semanal en "Minuto Digital" en donde ya escribí esporádicamente hace algún tiempo. Y no quiero ocultar, de entrada, la intima satisfacción y el sano orgullo que ello me produce.

krhonEn mi blog "Juan Fernandez Krohn desde Bélgica" que reanudé hace unos meses habré venido desarrollando un periodismo de último minuto sin sustraerme en ningún momento a los temas de actualidad más candente, y sin soslayar tampoco retos (mayores) de orden ideológico en los que se imponía el expresar mi opinión claramente y sin tapujos.

Como me los plantean las figuras de Franco y José Antonio a los que vengo sometiendo a un inevitable proceso de revisión de un tiempo a esta parte que me habrá costado ya ciertas incomprensiones por no decir ataques y golpes bajos (de lo más arteros)

Con la fuerza moral -y la carga de persusasión además- todo ello no obstante, que me da el arrastrar una trayectoria de notoriedad pública de joseantoniano convicto desde muy joven, y de haber asumido abiertamente también en los últimos años la defensa del anterior jefe de estado, en un contexto de cerrada ofensiva ideológica al socaire de la ley de la memoria histórica que venía a concentrarse particularmente en su figura.

Y en mi revisión en curso de las figuras de José Antonio y de la de Franco me sirve de hilo conductor -como mis lectores ya lo habrán advertido- la realidad histórica innegable -por más que se haya visto oscurecida durante setenta años al conjunto de los españoles- de nuestra derrota en la Segunda Guerra mundial, y su corolario inevitable de la rendición pactada entonces del régimen anterior y de su titular, en unos términos que contenían ya en germen, en una relación de causa y efecto, la posterior evolución -y el desmantelmaiento, gradual paulatino en pequeñas dosis sucesivas, poco a poco - del régimen anterior desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la Transicion y la llegada de la democracia.

Una versión española -un tanto sui generis y no menos conforme al patrón o modelo original- todo ello apenas, de la desnazificación a la que se vería sometida la Alemania Nazi, y tras ella todos sus aliados al final de la Guerra Mundial en el 45.

En claro y en crudo, Franco -por intermedio del Vaticano- se rindió al bando vencedor de la Segunda Guerra Mundial, traicionando así tanto a sus fieles aliados de la guerra civil como a la Victoria del Primero de Abril, y a sus héroes y a sus mártires. Y por lo que a José Antonio se refiere, está hoy fehacientemente comprobado que renegó del Alzamiento -de palabra y por escrito- en sus últimas semanas de vida preso en la cárcel de Alicante.

Un tupido velo pues -de olvido y de silencio- por cuenta de uno y otro: por un deber de memoria ineludible hacia los vencedores del 36 y un sentimiento de piedad inalienable al pasado histórico de los españoles. Es lo que propongo en lo sucesivo

En la seguridad que sabrán comprender los móviles desinteresados que me mueven mis amigos y camaradas de la España en Marcha, a la que presté mi adhesión el pasado Doce de Octubre en Montjuich.

Que nació conforme a los rumbos -de Unidad y de Victoria- que de un tiempo a esta parte viene marcándonos a todos los griegos de Amanecer Dorado, a españoles y europeos.

¡Viva la Victoria!

Juan Fernández Krohn | Fe en la Victoria

Doy inicio con estas líneas a mi colaboración semanal en "Minuto Digital" en donde ya escribí esporádicamente hace algún tiempo. Y no quiero ocultar, de entrada, la intima satisfacción y el sano orgullo que ello me produce.

krhonEn mi blog "Juan Fernandez Krohn desde Bélgica" que reanudé hace unos meses habré venido desarrollando un periodismo de último minuto sin sustraerme en ningún momento a los temas de actualidad más candente, y sin soslayar tampoco retos (mayores) de orden ideológico en los que se imponía el expresar mi opinión claramente y sin tapujos.

Como me los plantean las figuras de Franco y José Antonio a los que vengo sometiendo a un inevitable proceso de revisión de un tiempo a esta parte que me habrá costado ya ciertas incomprensiones por no decir ataques y golpes bajos (de lo más arteros)

Con la fuerza moral -y la carga de persusasión además- todo ello no obstante, que me da el arrastrar una trayectoria de notoriedad pública de joseantoniano convicto desde muy joven, y de haber asumido abiertamente también en los últimos años la defensa del anterior jefe de estado, en un contexto de cerrada ofensiva ideológica al socaire de la ley de la memoria histórica que venía a concentrarse particularmente en su figura.

Y en mi revisión en curso de las figuras de José Antonio y de la de Franco me sirve de hilo conductor -como mis lectores ya lo habrán advertido- la realidad histórica innegable -por más que se haya visto oscurecida durante setenta años al conjunto de los españoles- de nuestra derrota en la Segunda Guerra mundial, y su corolario inevitable de la rendición pactada entonces del régimen anterior y de su titular, en unos términos que contenían ya en germen, en una relación de causa y efecto, la posterior evolución -y el desmantelmaiento, gradual paulatino en pequeñas dosis sucesivas, poco a poco - del régimen anterior desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la Transicion y la llegada de la democracia.

Una versión española -un tanto sui generis y no menos conforme al patrón o modelo original- todo ello apenas, de la desnazificación a la que se vería sometida la Alemania Nazi, y tras ella todos sus aliados al final de la Guerra Mundial en el 45.

En claro y en crudo, Franco -por intermedio del Vaticano- se rindió al bando vencedor de la Segunda Guerra Mundial, traicionando así tanto a sus fieles aliados de la guerra civil como a la Victoria del Primero de Abril, y a sus héroes y a sus mártires. Y por lo que a José Antonio se refiere, está hoy fehacientemente comprobado que renegó del Alzamiento -de palabra y por escrito- en sus últimas semanas de vida preso en la cárcel de Alicante.

Un tupido velo pues -de olvido y de silencio- por cuenta de uno y otro: por un deber de memoria ineludible hacia los vencedores del 36 y un sentimiento de piedad inalienable al pasado histórico de los españoles. Es lo que propongo en lo sucesivo

En la seguridad que sabrán comprender los móviles desinteresados que me mueven mis amigos y camaradas de la España en Marcha, a la que presté mi adhesión el pasado Doce de Octubre en Montjuich.

Que nació conforme a los rumbos -de Unidad y de Victoria- que de un tiempo a esta parte viene marcándonos a todos los griegos de Amanecer Dorado, a españoles y europeos.

¡Viva la Victoria!

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