Header Ads

Jesús Domínguez | ¿Por qué Kosovo si puede y Crimea no?

Una de las afirmaciones más repetidas por distintas autoridades de la Unión Europea y norteamericanas, así como por diferentes medios de comunicación occidentales, es aquella que dice que " Rusia se ha anexionado Crimea", cuando esto no es verdad. Fue el Parlamento de Crimea quien declaró unilateralmente su independencia conforme al fallo de la Corte Internacional de Justicia del 22 de julio de 2010, para luego, unirse voluntariamente a Rusia.

dominguez551En este sentido, tampoco sería cierto que dicha declaración unilateral de independencia de Crimea sea contraria al Derecho Internacional, cuando la propia sentencia mencionada más arriba, decía de forma explicita que "la independencia de Kosovo fue compatible con el Derecho Internacional".

De la misma manera, el mismo argumento que llevó al Enviado Especial para Kosovo, Sr. Ahtisaari, a proponer en su informe al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la independencia como única solución para Kosovo, (ignorando el mandato de la Resolución del CS 1244), se podría aplicar al caso de Crimea o al de las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk u Odessa.

En palabras de Ahtisaari: “La independencia es la única opción para un Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) políticamente estable y económicamente viable. Sólo en un Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) independiente podrán ser las instituciones democráticas plenamente responsables de sus actos y rendir cuentas de ellos. Esto será de importancia vital para asegurar el respeto del Estado de Derecho y la protección eficaz de las minorías. Si persiste la ambigüedad política estarán en peligro la paz y la estabilidad de Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) y de la región. La independencia es la mejor salvaguardia contra ese peligro. También es la mejor oportunidad para establecer una asociación sostenible a largo plazo entre Kosovo (Crimea, Donetsk, Odessa…) y Serbia (Ucrania).”

Algunos analistas, políticos y "expertos" europeos y norteamericanos, han llegado a hablar de la independencia de Kosovo como un caso especial, justificando la misma por una presunta violación de los derechos humanos de cierta población albanokosovar allá por el 1999, cuando la independencia de Kosovo se proclama en el año 2008, siendo por aquel entonces, las minorías serbias, romaníes y goraníes, las que sufrían una vulneración constante y sistemática de sus derechos fundamentales, tal y como así lo confirman los informes de las ONG Human Right Watch o Amnistía Internacional. De hecho, en la actualidad, según datos del Gobierno Serbio, hay más de 7.000 agresiones registradas en Kosovo contra las minorías y más de 175 templos cristianos arrasados por extremistas.

Por otro lado, hay quien intenta obviar los razonamientos anteriores, denunciando como ilegal la unión de Crimea a Rusia porque contradice al Ordenamiento Constitucional de Ucrania, como si la secesión de Kosovo de Serbia no estuviera prohibida por la propia Constitución de Serbia.

Asimismo, para terminar de cuadrar el círculo, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en un alarde de imaginación, expresó públicamente que la declaración unilateral de independencia de Kosovo, vino precedida de un referéndum supervisado por la ONU, cuando eso nunca ocurrió. Donde si hubo un referéndum de autodeterminación, validado por observadores de izquierdas y derechas (eurodiputados en muchos casos), fue en Crimea, y no en Kosovo, donde fue una decisión parlamentaria quien proclamó unilateralmente la independencia de ese territorio.

Por todo ello, podemos asegurar que todas las motivaciones esgrimidas por la Unión Europea y Estados Unidos para evitar la comparaciones entre Kosovo y Crimea, han resultado infructuosas. Queda patente una vez más, como diría el Catedrático Rafael Calduch, la doble vara de medir y la manipulación "atlantista" en el análisis de lo sucedido de Ucrania, donde se están empleando altas dosis de rusofobia (que eso sí, vende bien).

No hay que olvidar que todo lo acontecido en Kiev durante el Euromaidan, precedió a un auténtico Golpe de Estado (por muy corrupto y miserable que fuera el depuesto Gobierno de Yanukovich). Y que en pleno éxtasis revolucionario, algunos de los líderes del Euromaidan llamaron públicamente al “exterminio de todos los rusos y judíos de Ucrania”, con la complicidad irresponsable de los políticos de Bruselas y Washington.

EL LÓGICO MIEDO DE MOSCÚ POR LA SEGURIDAD DE LAS MINORÍAS RUSAS.

Kiev ha sido la cima de la hipocresía de la política exterior de EEUU (después de la alianza con Al Qaeda en Siria) y la complicidad y seguidismo sin cabeza de la UE. Un grupo de violentos hooligans ultranacionalistas echaron del poder a su legítimo depositario, pasándose por el arco del triunfo todos los valores “occidentales” que en otras ocasiones son la excusa para bombardear o invadir cualquier otro país del mundo que convenga. Así las cosas, teniendo en cuenta el precedente de la desintegración de Yugoslavia, no es de extrañar que Rusia haya actuado de forma preventiva y disuasoria en Crimea, y se encuentre expectante ante lo que está sucediendo en la actualidad en el sudeste de Ucrania (zona geográfica autoproclamada Novarrusia por los rusos que allí habitan y que se sienten amenazados).

Cuando en los años 90, Croacia declaró la independencia de Yugoslavia (con el apoyo de Alemania y EEUU) y lanzó una petición de ayuda internacional ante lo que parecía un revival de la II Guerra Mundial, la reacción lógica de la minoría serbia de Croacia fue la de declarar la independencia de la República Serbia de Krajina del resto de Croacia.

¿Qué pasó a continuación?, que se desató una de las mayores operaciones de limpieza étnica en los Balcanes (la Operación Tormenta), que consistió en la expulsión forzosa y expropiación de propiedades de más de 250.000 serbios en 48 horas por parte de los furibundos ultranacionalistas croatas, ante la pasividad internacional. La reacción de la comunidad internacional sólo se produjo después del pacto de Graz entre Radovan Karadzic y Mate Boban, en el que ambos dirigentes pactaron repartirse los territorios que controlaban en Bosnia (con el fin de unificarlos a Serbia y Croacia respectivamente), sin que dicho acuerdo fuera del agrado de los ultranacionalistas bosnio-musulmanes.

Esta misma secuencia de acontecimientos se ha repetido posteriormente en Kosovo, donde extremistas islámicos y ultranacionalistas albaneses han expulsado a casi toda la población serbia; también lo hemos podido ver en Moldavia donde a la población rusa ha sido expulsada a la franja de Transnistria, o incluso en las repúblicas bálticas, únicos países de la UE donde Bruselas hace la vista gorda con el respeto a los derechos de las minorías (por ser esta minoría rusa, claro).

En este contexto, ¿debería haber esperado la población rusa con los brazos cruzados en Sebastopol, hasta que hordas exaltadas de ucranianos procedentes de Kiev, hubieran asaltado sus hogares armados hasta los dientes con el propósito de expulsarlos o matarlos?. Creo que la respuesta es más que evidente.

EL PROBLEMA DESDE UNA “ÓPTICA ESPAÑOLA”

Es cierto que es difícil comprender lo sucedido desde una óptica española, mucho más cuando la posición oficial de España sobre los conflictos de Kosovo o Crimea, hasta la fecha, ha sido coherente e independiente (al menos sobre el papel)

Para entender por tanto lo acontecido, habría que realizar un ejercicio de abstracción que nos ayudara a entender lo que supuso el nefasto proceso de transición política ocurrido en la Unión Soviética en los años 90. Sabemos que la historia y la sociología de España y la URSS difieren bastante, pero creemos necesario realizar dicho ejercicio para que el lector pueda ponerse en situación.

Imaginemos que cuando en España murió Franco, hubiéramos iniciado un proceso de Transición, en el que se hubiesen impuesto las tesis que defendían la ruptura España y la creación de varios nuevos Estados, para así acabar con la dictadura de una forma acelerada y “a lo bruto”. Si esto hubiera pasado, haciendo un ejercicio de ficción política, puede que hoy en día el “Estado Nueva España” estuviera enfrentado con un “Estat Catalá” por la reincorporación de Tarragona, Arán o el "cinturón rojo" de Barcelona, o con un “Euskadi” por la reincorporación de Treviño.

Si a todo eso le sumáramos que la España virtual tuviera 10 veces el tamaño de la real, su población fuera más de tres veces la actual, y sus recursos naturales fueran los más importantes de todo el planeta, de tal forma que pudieran despertar el apetito de otras potencias, tendríamos la viva radiografía del problema que hoy representa a la OTAN la nueva Rusia de Putin.

En el fondo, lo que le molesta a EEUU, OTAN, UE, es que haya un actor independiente en Europa, con potencial y masa crítica suficiente como para convertirse en el foco aglutinador de una nueva Europa. Todos ellos querrían a una Rusia sumisa y hundida en la corrupción, con una población ahogando sus penas en alcohol barato, mientras que 5 oligarcas ordeñasen todas sus riquezas y recursos naturales; una Rusia por supuesto, sin fuerzas para poder defender sus fronteras. Si echamos la vista atrás, este es el retrato de la Rusia de Yeltstin, la Rusia que no pudo evitar la creación del corredor islámico Turquía-Bosnia en el corazón de Europa bajo el paraguas de la OTAN, y que nada tiene que ver ni se parece a la nueva Rusia que está evitando de manera activa que Siria caiga bajo el poder del extremismo islámico en estos momentos.

JESÚS DOMÍNGUEZ es Vocal del Consejo de Derechos Humanos y Cooperación del Ayuntamiento de Alcalá de Henares

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.