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De la canonización de Juan Pablo II y de la de Juan XXXIII se puede pensar lo que se quiera. Lo mismo que algunos podrán pensar tal vez del autor de estas líneas que se disfrazó -hace ya mil diluvios- de cura o que es ahora cuando va disfrazado de seglar en cambio. Que piensen lo que quieran, ya digo, no dejo menos desde luego de sentirme amparado en el principio de libertad religiosa recogido en la constitución española actual, como lo declaré hace pocos días en Madrid en un proceso por insultos (del que me vi objeto hace año y medio) ante los tribunales.

kron2No es óbice que eso no me coarta en absoluto y yo diría incluso , al contrario que me otorga credenciales de un tipo especial a la hora de pronunciarme sobre cuestiones políticas, y en particular de todo lo que tienen de político y no puramente spiritual las relaciones de España y el Vaticano.

Lo que Maurras desde su prisma francés, y a sus ancas Rafael Sánchez Mazas llamaban "la política religiosa" El escritor falangista llegó incluso a subtitular así un libro suyo en la materia "España-Vaticano. La política religiosa" (1932)- del que se conservan raros ejemplares del que se vio obligado a destruir por imposición eclesiástica toda la edición, y en ese libro “maldito” se denunciaba la complicidad y la responsabilidad abrumadora de la Curia vaticana en la incubación de lo nacionalismo vasco y catalán en medios católicos tanto seglares como eclesiásticos, y señalaba con el dedo a una figura fuera de toda sospecha entonces, el cardenal Merry del Val que le parecía encarnar de forma arquetípica el eclesiástico de la Curia, desarraigado y apátrida a fin de cuentas (pese a su ascendencia española)

Así, algunos, tras los pasos de aquellos, nos pusimos a analizar hace ya un rato de todos los aspectos políticos innegables escondidos por detrás de fenómenos puramente religiosos (o eclesiásticos) en apariencia. Y hay a fe mía aspectos ideológicos e históricos que no pueden obviarse de modo alguno en las circunstancias que presiden y acompañarán las solemnidades del próximo domingo, y en particular esa atmósfera de escándalo que sigue como a su sombra la memoria de la persona del papa Wojtyla en el tema de los abusos (en masa) de menores a manos de eclesiásticos.

La propaganda/fide viene insistiendo -como lo acaba de hacer el postulador de la causa de aquel (como por casualidad de nacionalidad polaca)- que el papa Wojtyla hizo obstinadamente oídos sordos (hasta el final) a las denuncias que le llegaban de todos lados -de las cuatro esquinas del planeta- por culpa de esa plaga, porque (dicen) había sufrido mucho de falsa acusaciones anti-clericales de ese tipo con los Nazis y los comunistas.

¿Acusaciones infundadas? O más bien un trabajo indispensable de purificación de la memoria -de la que hablaba tanto el pontífice anterior (como lo haría especialmente en una fase tardía de su pontificado tras la ciada del muro- la que se impone en ciertos temas de moral y de buenas costumbres" y que empezó ya con el nacionalsocialismo.

Los reproches al moralismo clerical –que Nietzsche denominaba despectivamente "moralina"-, y a sus secuelas, de la que las más trágica y dolorosa lo sea tal vez ésta que nos ocupa, venía de antiguo, de antes de Nietzsche incluso, de los románticos, y antes, de los moralistas franceses y de los humanistas españoles del Siglo de Oro. Sería no obstante el nacionalsocialismo el que pondría el dedo en la llaga de una forma más cruda y contundente.

En un clásico belga -en neerlandés- sobre la Segunda Guerra Mundial en Bélgica (flamenca) se recoge unas frases que retuve bien en mi mente al leerla por vez primera hace ya muchos años, nada más llegar aquí.

Y era la escena en las duchas del alberge de la Juventudes Hitlerianas donde el joven protagonista se ve puesto en ridículo viéndole desnudo sus jóvenes camaradas, sobre todo por el jefe de escuadra (el que más le hiere en el fondo): “dejadle, no es culpa suya (cito de memoria) "Es la maldición del Guijarro (apodo en la novela de un padre jesuita profesor del protagonista) y también de todos los curas. Por culpa del apéndice tan raquítico que recibieron al nacer, por eso ofrecen a Dios unos cuerpos mutilados y enclenques" “Somos un pueblo maldito (continua el jefe de escuadra) “Malditos como Jef, el Sucio, que antes de la guerra cuando todavía se podía celebrar el Carnaval en Bélgica se paseaba por las calles disfrazado de bailarina española" (…)

Y a fe mía que esa palabras no dejaron de resonar en mi mente hasta hoy y fe mía también que entre españoles no pueden dejar indiferente de manera alguna (...) Dijo Gabriel Marcel, filósofo existencialista -de los de níhil óbstat- que la iglesia se había olvidado de darle una explicación a Nietzsche en el último con cilio, como sí se la había dado en cambio a Marx y también a Freud (sobreentendido)

Y parafraseándole cabría decir que se olvidó también de dar una respuesta a los reproches anti-clericales mayormente implícitos -al contrario de lo que ocurrió en los regímenes comunistas- del nacional/socialismo y en general de los nazi/fascismos.

Y esos interrogantes como fantasmas incomodos no dejarán fatalmente de sobrevolar invisibles por entre la muchedumbre anunciada -polacos para variar en su inmensa mayoría, (y ucranios uniatas europeístas quizás esta vez también) (…)- en la turbo/canonización del domingo próximo de un papa tan anti-nazi (en nombre de su fe) como lo fue el papa Wojtyla

Juan Fernández Krohn | Anti-clericalismo nazi, pedofilia y canonización de Juan Pablo II

De la canonización de Juan Pablo II y de la de Juan XXXIII se puede pensar lo que se quiera. Lo mismo que algunos podrán pensar tal vez del autor de estas líneas que se disfrazó -hace ya mil diluvios- de cura o que es ahora cuando va disfrazado de seglar en cambio. Que piensen lo que quieran, ya digo, no dejo menos desde luego de sentirme amparado en el principio de libertad religiosa recogido en la constitución española actual, como lo declaré hace pocos días en Madrid en un proceso por insultos (del que me vi objeto hace año y medio) ante los tribunales.

kron2No es óbice que eso no me coarta en absoluto y yo diría incluso , al contrario que me otorga credenciales de un tipo especial a la hora de pronunciarme sobre cuestiones políticas, y en particular de todo lo que tienen de político y no puramente spiritual las relaciones de España y el Vaticano.

Lo que Maurras desde su prisma francés, y a sus ancas Rafael Sánchez Mazas llamaban "la política religiosa" El escritor falangista llegó incluso a subtitular así un libro suyo en la materia "España-Vaticano. La política religiosa" (1932)- del que se conservan raros ejemplares del que se vio obligado a destruir por imposición eclesiástica toda la edición, y en ese libro “maldito” se denunciaba la complicidad y la responsabilidad abrumadora de la Curia vaticana en la incubación de lo nacionalismo vasco y catalán en medios católicos tanto seglares como eclesiásticos, y señalaba con el dedo a una figura fuera de toda sospecha entonces, el cardenal Merry del Val que le parecía encarnar de forma arquetípica el eclesiástico de la Curia, desarraigado y apátrida a fin de cuentas (pese a su ascendencia española)

Así, algunos, tras los pasos de aquellos, nos pusimos a analizar hace ya un rato de todos los aspectos políticos innegables escondidos por detrás de fenómenos puramente religiosos (o eclesiásticos) en apariencia. Y hay a fe mía aspectos ideológicos e históricos que no pueden obviarse de modo alguno en las circunstancias que presiden y acompañarán las solemnidades del próximo domingo, y en particular esa atmósfera de escándalo que sigue como a su sombra la memoria de la persona del papa Wojtyla en el tema de los abusos (en masa) de menores a manos de eclesiásticos.

La propaganda/fide viene insistiendo -como lo acaba de hacer el postulador de la causa de aquel (como por casualidad de nacionalidad polaca)- que el papa Wojtyla hizo obstinadamente oídos sordos (hasta el final) a las denuncias que le llegaban de todos lados -de las cuatro esquinas del planeta- por culpa de esa plaga, porque (dicen) había sufrido mucho de falsa acusaciones anti-clericales de ese tipo con los Nazis y los comunistas.

¿Acusaciones infundadas? O más bien un trabajo indispensable de purificación de la memoria -de la que hablaba tanto el pontífice anterior (como lo haría especialmente en una fase tardía de su pontificado tras la ciada del muro- la que se impone en ciertos temas de moral y de buenas costumbres" y que empezó ya con el nacionalsocialismo.

Los reproches al moralismo clerical –que Nietzsche denominaba despectivamente "moralina"-, y a sus secuelas, de la que las más trágica y dolorosa lo sea tal vez ésta que nos ocupa, venía de antiguo, de antes de Nietzsche incluso, de los románticos, y antes, de los moralistas franceses y de los humanistas españoles del Siglo de Oro. Sería no obstante el nacionalsocialismo el que pondría el dedo en la llaga de una forma más cruda y contundente.

En un clásico belga -en neerlandés- sobre la Segunda Guerra Mundial en Bélgica (flamenca) se recoge unas frases que retuve bien en mi mente al leerla por vez primera hace ya muchos años, nada más llegar aquí.

Y era la escena en las duchas del alberge de la Juventudes Hitlerianas donde el joven protagonista se ve puesto en ridículo viéndole desnudo sus jóvenes camaradas, sobre todo por el jefe de escuadra (el que más le hiere en el fondo): “dejadle, no es culpa suya (cito de memoria) "Es la maldición del Guijarro (apodo en la novela de un padre jesuita profesor del protagonista) y también de todos los curas. Por culpa del apéndice tan raquítico que recibieron al nacer, por eso ofrecen a Dios unos cuerpos mutilados y enclenques" “Somos un pueblo maldito (continua el jefe de escuadra) “Malditos como Jef, el Sucio, que antes de la guerra cuando todavía se podía celebrar el Carnaval en Bélgica se paseaba por las calles disfrazado de bailarina española" (…)

Y a fe mía que esa palabras no dejaron de resonar en mi mente hasta hoy y fe mía también que entre españoles no pueden dejar indiferente de manera alguna (...) Dijo Gabriel Marcel, filósofo existencialista -de los de níhil óbstat- que la iglesia se había olvidado de darle una explicación a Nietzsche en el último con cilio, como sí se la había dado en cambio a Marx y también a Freud (sobreentendido)

Y parafraseándole cabría decir que se olvidó también de dar una respuesta a los reproches anti-clericales mayormente implícitos -al contrario de lo que ocurrió en los regímenes comunistas- del nacional/socialismo y en general de los nazi/fascismos.

Y esos interrogantes como fantasmas incomodos no dejarán fatalmente de sobrevolar invisibles por entre la muchedumbre anunciada -polacos para variar en su inmensa mayoría, (y ucranios uniatas europeístas quizás esta vez también) (…)- en la turbo/canonización del domingo próximo de un papa tan anti-nazi (en nombre de su fe) como lo fue el papa Wojtyla

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