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Juan Fernández Krohn | Calumnias del padre Las Casas e inmigración masiva

Me encuentro en Madrid por unos días, y es por una cuestión de honor -y de justicia elemental- que acabé concluyendo hace año y medio deber ventilar en los tribunales.

De vuelta pues en mi viejo barrio de Argüelles -zona de Moncloa/Cristo Rey antiguo distrito de Universidad- donde nací y crecí que por lo visto ya no lo es, desde que el ex-alcalde socialista Barranco sucesor del viejo/profesor natural de un pueblo de Jaén) nos metió de un plumazo en Chamberi sin consultar siquiera a sus habitantes. Por imperativo sin duda alguna de motivos de memoria histórica ligada a la guerra civil en esa zona (...)

Ahí precisamente, junto a la antigua glorieta de la Moncloa fue a finalizar la manifestación del pasado sábado de la España en Marcha contra la inmigración masiva que habrá alcanzado no poco impacto en los medios.

La emigración, cuestión de supervivencia, de ser o no ser de los pueblos europeos. Nuestra identidad colectiva en entredicho. Y a la vez, y subyacente, una cuestión (grave o gravísima) de conciencia.

La índole moral -de conciencia- del problema de la emigración me parece evidente desde luego, lo que no me lo parece ya tanto es el diagnóstico unánime en apariencia que tratan de vendernos los medios, a base de un mensaje de sacralización del emigrante (no europeo, musulmán de preferencia) -como un nuevo/cristo de las naciones- y de condena y reprobación de las víctimas por pasiva de la invasión silenciosa (o no tanto), y de sus más firmes y resueltos adversarios.

Y precisamente en unos medios ideológicos donde cabria en principio, por razón de patriotismo, encontrar mayor compresión de la actitud o de las posturas anti-emigracion es donde se dan las mayores divergencias y donde el choque de contrarios se vea tal vez revestido de una mayor virulencia y efervescencia, y me refiero a la sensiblidad azul o "facha" (o patriota)

Y esa división de opiniones tan prototípica, en parte sea tal vez el reflejo de la que existe a escala europea en formaciones afines o análogas, oscilantes entre el Frente Nacional francés -por expresarlo de forma gráfica- y los griegos de Amanecer Dorado.

Cacofonía de opiniones de éste y del otro lado de los Pirineos en medios ideológicamente afines sin duda alguna, pero de este lado tal vez más enconadas e irreconciliables si cabe, por una razón estrechamente ligada a nuestra propia idiosincracia.

La España de la emigración de los cincuenta y de los sesenta -se nos dice- no puede rechazara la emigracion hoy so pena de negarse a sí misma y su pasado. Y la España del mestizaje americano tampoco puede negarse a la afluencia hoy por muy masiva que sea de una inmigración de color, negra -o mora- o mestiza.

Puras falacias y sofismas que no se tienen hoy ya en pie y de las que di cuenta en una de las últimas entradas de mi blog (o así lo intento al menos) La emigración de los cincuenta y de los sesenta fue una tragedia sin duda, sí, y a la vez una vergüenza nacional y una secuela -una más- de nuestra derrota en el 45 (aunque nunca hasta hoy se quisiera asumir como tal entre españoles)

Y el mestizaje americano, fue nuestro gran error historico, que desembocaría en la gran rebelión mestiza (anti-española) de la Emancipación americana -que eso fue y no otra cosa-, pensase lo que pensase José Antonio Primo de Rivera (primera época)

Algo así como un lastre pesado en extremo del dilema irrresuelto que la Conquista de America nos planteó a los españoles y que no supo resolver la Controversia de Valladolid, entre la postura judeo/cristiana -ganadora a la larga- que condenaba la Conquista, en el nombre de la biblia y del evangelio, y la de los humanistas al servicio del Imperio que la aprobaban y apoyaban sin reservas, en el nombre de una idea y una misión civilizadoras.

Perdió Gines de Sepúlveda y ganó el padre Las Casas -hoy día camino de los altares (¿por converso?)-, que al final de sus dia pedía al dios biblíco -de las venganzas- que mandase fuego del cielo sobre la España de la Conquista (...)

Tales aguas tales lodos. ¿Como no acabar dejándose conquistar una Nación que renego de sus conquistas?

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