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María Jamardo | Ideas, ideales e ideologías

Asistimos en numerosos ámbitos de expresión (foros, tertulias, mítines, prensa, radio, televisión, …) a la utilización del término ideología.

jamardoLa ideología en su origen etimológico, es una rama de la filosofía que trata del origen y clasificación de las ideas. Pero, en su devenir presente, ha ido configurando su acepción y aproximándola desde la praxis para identificarla con el conjunto de pretensiones con las que diferentes grupos y organizaciones (especialmente políticos) intentan conformar sus acciones y justificar las decisiones que toman o querrían tomar.

Las ideas, en su más amplio significado, encierran un componente de ingenio que implica hacer algo nuevo y positivo y por ello son tan útiles y necesarias. Extrapoladas al campo de la política, debieran ser herramienta que trate de buscar alternativas (razonadas y razonables) a los problemas de la ciudadanía y del país. Por ello, las ideas no pueden ampararse en la confrontación; sino orientarse de un modo inteligente y útil a la solución de los complejos problemas que afectan a la sociedad actual sin obviar, por supuesto, el componente ético o moral de las mismas.

Los ideales son, como modelos de perfección, aquellos prototipos que, en el contexto político más amplio, deben marcar y orientar la marcha de un país, como conjunto, como fines en sí mismos y objetivo común. Y lo bueno, además de lo deseable, sería que la inmensa mayoría de los ciudadanos y todas las fuerzas políticas (independientemente del modelo que cada una de ellas plantease para alcanzarlos) estuviesen de acuerdo en ese camino a recorrer y dispuestos a mantenerlo siempre en las mejores condiciones sin alterarlo a capricho de la ideología propia del Gobierno/gobernante de turno.

¿Por qué entonces la realidad es que ideales e ideología se contraponen?. Porque mientras que el primero trata de abrirse paso con la anuencia de casi todos y de forma no virulenta ni provocadora, la ideología persigue imponerse por efecto del poder de unos sobre otros y, aunque sea legal, origina un rechazo que a la larga puede volverse en su contra y sobre todo, ser contraproducente para ambos y para todos.

Hemos asistido en España de forma sistemática a una imposición ideológica de los que ocupan el poder en alternancia, produciendo una inestabilidad y una incertidumbre que no es buena para España ni para los españoles. No digamos ya, si la imposición ideológica es referida a las Comunidades Autónomas. Eso ya daría para un tratado político completo de varios tomos.

Si mirásemos de soslayo a nuestro alrededor veríamos cómo, por ejemplo, nuestro vecino francés en temas cruciales que podemos llamar “cuestión de Estado”, goza de un consenso general en el que se anteponen los ideales de la República a cualquier intento de imposición ideológica. Su plan energético (con 60 centrales nucleares), su ejército, su Administración Central, su división territorial, sus símbolos patrióticos, la lengua común, ..., Los pilares que nadie cuestiona ni osará hacerlo. Los franceses, tienen un ideal de nación. Nosotros no.
Podemos prescindir de las ideologías sin problema. Pero en España, necesitamos imperiosa y urgentemente ideas e ideales. Y sobre todo, personas capaces y dispuestas a defenderlos.

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