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Manifiesto desde ahora que no tengo predilección en la praxis por ninguno de los dos sistemas de organización del Estado que desde el anuncio de abdicación del Rey, se han puesto sobre la mesa como polos enfrentados de una misma realidad social. Indiscutiblemente, considero que sea cual sea el sistema elegido para dar forma al Estado y precisamente en España, debería ser legitimado democráticamente y debatido con carácter de urgencia y madurez por los españoles.

jamardoEs cierto e innegable que, desde hace algún tiempo, se han acentuado las voces que claman por una República para España. En tal caso espero, por el bien de todos, que los republicanos convencidos y todos aquellos que sin ser estrictamente republicanos pensamos que la monarquía es un anacronismo y que difícilmente puede cohabitar como sistema en una sociedad que se pretende igualitaria en derechos y deberes para todos, tengamos a bien consensuar un modelo lo más alejado posible del precedente inmediato en el horizonte temporal, la 2ª República.

Como española he defendido en algunas otras ocasiones que me cuesta integrar intelectualmente una realidad dual donde frente a una sociedad que se pretende libre, igualitaria y democrática, el Jefe del Estado lo es de forma hereditaria y por consanguineidad y en la que existe en la Corona una prevalencia del varón sobre la mujer o del primogénito sobre el resto de descendientes. Pero de ahí, a simpatizar con todos aquellos extremistas que atacan de forma irracional y furibunda a la Monarquía en la calle e insultan y vilipendian con mayor o menor acritud al Rey, quemando imágenes, promoviendo algaradas o faltando al respeto a los símbolos identitarios de mi país… hay un abismo. Conmigo, que no cuenten.

Que no olviden todos ellos que en esa 2ª República que tanto ansían, y que desconocen profundamente, por mandato legislativo era imposible enaltecer a la monarquía o hacer apología de la misma, so pena de cárcel. Les pregunto, ¿es esa la libertad de expresión que proponen restaurar?.

Opino que no habrá un contexto más óptimo para abrir un debate intenso, sereno y con visión de futuro acerca de qué queremos ser. Deberíamos definir cuáles son las premisas sobre las que construir lo que estamos por vivir como país y rectificar los errores cometidos. Pero no de una forma oportunista ni exaltada, sino como parte de una necesidad vital que nos lleve a plantearnos un proyecto verdaderamente común, que fortalezca nuestro sentimiento patriótico, el concepto de Estado y debilite de una vez por todas el absurdo de los nacionalismos (vía supresión de las autonomías). A mí, no se me ocurre una ocasión mejor.

No se trata pues solamente de promover un movimiento enfrentado de monárquicos contra republicanos. ¿De verdad que somos tan poco ambiciosos y originales?.

Se trata de plantear una reforma constitucional desde la raíz. Recuperar la presencia de la sociedad civil y defender todos a una aquello que dentro de los cauces democráticos, queramos articular como piedra angular de nuestra identidad nacional.

Si se nos plantea la posibilidad de elegir y decidir en Referéndum, ¿estamos preparados?¿somos de verdad la sociedad que creemos?, o… ¿tenemos miedo a ser verdaderamente libres?.

Siempre he pensado que soñar en grande hace las cosas mucho más probables que si las limitamos de partida. Hablemos con nosotros mismos. De tú a tú. Y sea cual sea el resultado de la mayoría, República o Monarquía trabajemos en equipo para respetarlo, hacerlo respetar y defenderlo a ultranza, aún incluso cuando no haya sido lo que personal e individualmente hubiéramos preferido.

Para mí, lo esencial del debate no es qué modelo “gane”. Sino que el que lo haga, nos defina como sociedad, nos permita vivir en paz con nosotros mismos para avanzar y sobre todo, legitime sin ningún género de duda al Jefe del Estado para que pueda desarrollar su labor con todo el respaldo y confianza que una tarea de tal magnitud reclama de los ciudadanos.

Maria Jamardo | Una República para España

Manifiesto desde ahora que no tengo predilección en la praxis por ninguno de los dos sistemas de organización del Estado que desde el anuncio de abdicación del Rey, se han puesto sobre la mesa como polos enfrentados de una misma realidad social. Indiscutiblemente, considero que sea cual sea el sistema elegido para dar forma al Estado y precisamente en España, debería ser legitimado democráticamente y debatido con carácter de urgencia y madurez por los españoles.

jamardoEs cierto e innegable que, desde hace algún tiempo, se han acentuado las voces que claman por una República para España. En tal caso espero, por el bien de todos, que los republicanos convencidos y todos aquellos que sin ser estrictamente republicanos pensamos que la monarquía es un anacronismo y que difícilmente puede cohabitar como sistema en una sociedad que se pretende igualitaria en derechos y deberes para todos, tengamos a bien consensuar un modelo lo más alejado posible del precedente inmediato en el horizonte temporal, la 2ª República.

Como española he defendido en algunas otras ocasiones que me cuesta integrar intelectualmente una realidad dual donde frente a una sociedad que se pretende libre, igualitaria y democrática, el Jefe del Estado lo es de forma hereditaria y por consanguineidad y en la que existe en la Corona una prevalencia del varón sobre la mujer o del primogénito sobre el resto de descendientes. Pero de ahí, a simpatizar con todos aquellos extremistas que atacan de forma irracional y furibunda a la Monarquía en la calle e insultan y vilipendian con mayor o menor acritud al Rey, quemando imágenes, promoviendo algaradas o faltando al respeto a los símbolos identitarios de mi país… hay un abismo. Conmigo, que no cuenten.

Que no olviden todos ellos que en esa 2ª República que tanto ansían, y que desconocen profundamente, por mandato legislativo era imposible enaltecer a la monarquía o hacer apología de la misma, so pena de cárcel. Les pregunto, ¿es esa la libertad de expresión que proponen restaurar?.

Opino que no habrá un contexto más óptimo para abrir un debate intenso, sereno y con visión de futuro acerca de qué queremos ser. Deberíamos definir cuáles son las premisas sobre las que construir lo que estamos por vivir como país y rectificar los errores cometidos. Pero no de una forma oportunista ni exaltada, sino como parte de una necesidad vital que nos lleve a plantearnos un proyecto verdaderamente común, que fortalezca nuestro sentimiento patriótico, el concepto de Estado y debilite de una vez por todas el absurdo de los nacionalismos (vía supresión de las autonomías). A mí, no se me ocurre una ocasión mejor.

No se trata pues solamente de promover un movimiento enfrentado de monárquicos contra republicanos. ¿De verdad que somos tan poco ambiciosos y originales?.

Se trata de plantear una reforma constitucional desde la raíz. Recuperar la presencia de la sociedad civil y defender todos a una aquello que dentro de los cauces democráticos, queramos articular como piedra angular de nuestra identidad nacional.

Si se nos plantea la posibilidad de elegir y decidir en Referéndum, ¿estamos preparados?¿somos de verdad la sociedad que creemos?, o… ¿tenemos miedo a ser verdaderamente libres?.

Siempre he pensado que soñar en grande hace las cosas mucho más probables que si las limitamos de partida. Hablemos con nosotros mismos. De tú a tú. Y sea cual sea el resultado de la mayoría, República o Monarquía trabajemos en equipo para respetarlo, hacerlo respetar y defenderlo a ultranza, aún incluso cuando no haya sido lo que personal e individualmente hubiéramos preferido.

Para mí, lo esencial del debate no es qué modelo “gane”. Sino que el que lo haga, nos defina como sociedad, nos permita vivir en paz con nosotros mismos para avanzar y sobre todo, legitime sin ningún género de duda al Jefe del Estado para que pueda desarrollar su labor con todo el respaldo y confianza que una tarea de tal magnitud reclama de los ciudadanos.

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