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Con las últimas ocurrencias de que “sobra el Ministerio de Defensa” y de hacer “funerales de Estado” a las víctimas de la violencia doméstica Pedro Sánchez ha encendido todas las alarmas de la opinión pública. Hay quienes ven en esas declaraciones unas simples boutades producidas por el afán de llamar la atención mediática y competir con Podemos. Pero Iñaki Ezkerra nos alerta de que son “tonterías de sistema” y de que su raíz está en el zapaterismo, que “ha licuado el cerebro de la socialdemocracia española”. Así lo explica en una insuperable columna publicada el domingo en ABC y titulada “EL METROZAPATERO”, que reproducimos íntegramente por el interés de su acertado y alarmante diagnóstico.

Publicado en ABC el domingo, 5 de octubre de 2014
El METROZAPATERO
Iñaki Ezkerra

inaki2Detrás de lo que llamamos “terrorismo” hay un objetivo político que se reivindica con cada atentado. ¿Se puede hablar de “terrorismo machista”? ¿Hay en nuestro país algún criminal que esté lo bastante majara como para reivindicar el asesinato de la novia o la esposa en un comunicado y exigir contrapartidas al Gobierno bajo la amenaza de volver a ennoviarse o casarse con un similar y fatal desenlace? La tontería que se le ha ocurrido a Pedro Sánchez de equiparar lo que llamamos “violencia de género” con la de ETA o Al Qaida y proponer funerales de Estado para las víctimas de la primera demuestra una verdad trágica, ineludible y temible: que el zapaterismo, su herencia, ha licuado el cerebro de la socialdemocracia española. Y es que esa tontería no está sola. No es aislada ni espontánea. Es “una tontería de sistema”, de doctrina, de fábrica. Y nos suena de algo. Nos suena de los siete años que los españoles nos tragamos, entre 2004 y 2011, oyendo tonterías, discutiéndolas y peleándonos por ellas.

Pedro Sánchez es un producto de esa tragedia que asola a su partido. Quisiéramos ver en él una garantía de futuro, de estabilidad y de alternancia política sin traumas, pero sólo abre la boca para constatar que presenta todos los síntomas del “talante” aunque atenuados: la ocurrencia improvisada, la precipitación, el efectismo demagógico, la fea táctica de convertir cualquier causa que todos compartimos (la lucha contra la violencia sexista) en algo que nos separe a base de sacar las cosas de quicio (esos surrealistas funerales estatales de los que luego se ha desdicho), el peterpanismo, el cuidadito de la imagen (esa camisa blanca que no es de mi esperanza), el pensamiento mágico, la contradicción insalvable, el tente mientras cobro, el digo esto y a la vez digo lo contrario. A Pedro Sánchez le preguntan por la Ley de Consultas catalana que votó el PSC y responde que le consta que Miquel Iceta está contra el referéndum de Artur Mas. Y no hay modo de sacarle de ahí, de que explique cómo puede desaprobar la consulta quien aprueba la Ley de Consultas. Pedro Sánchez desconcierta porque encarna en sí mismo el oxímoron. Es un ultra-light, un Podemos de quiero y no puedo, un friki de baja intensidad, una especie de metrosexual del zapaterismo, un metroZapatero que habla de reformar la Constitución o cargarse el Ministerio de Defensa con una evanescencia, una levedad, una sonrisa mañanera y prístina que es para echarse a temblar.

Uno, que lleva una vida social normalita, no suele cenar los viernes con premios Nobel ni con gente que aspire a presidente de Gobierno. Cena con amigos que dicen cosas más brillantes o menos, pero todas inteligentes y sensatas. Ninguno de ellos desbarra como Pedro Sánchez. Y yo me pregunto cómo un partido de la historia y la dimensión del PSOE no es capaz de encontrar a alguien como las personas con las que yo ceno para que lo represente. De verdad que no es tan difícil conocer a gente que no diga bobadas.

Iñaki Ezkerra ve en Pedro Sánchez un “metroZapatero”

Con las últimas ocurrencias de que “sobra el Ministerio de Defensa” y de hacer “funerales de Estado” a las víctimas de la violencia doméstica Pedro Sánchez ha encendido todas las alarmas de la opinión pública. Hay quienes ven en esas declaraciones unas simples boutades producidas por el afán de llamar la atención mediática y competir con Podemos. Pero Iñaki Ezkerra nos alerta de que son “tonterías de sistema” y de que su raíz está en el zapaterismo, que “ha licuado el cerebro de la socialdemocracia española”. Así lo explica en una insuperable columna publicada el domingo en ABC y titulada “EL METROZAPATERO”, que reproducimos íntegramente por el interés de su acertado y alarmante diagnóstico.

Publicado en ABC el domingo, 5 de octubre de 2014
El METROZAPATERO
Iñaki Ezkerra

inaki2Detrás de lo que llamamos “terrorismo” hay un objetivo político que se reivindica con cada atentado. ¿Se puede hablar de “terrorismo machista”? ¿Hay en nuestro país algún criminal que esté lo bastante majara como para reivindicar el asesinato de la novia o la esposa en un comunicado y exigir contrapartidas al Gobierno bajo la amenaza de volver a ennoviarse o casarse con un similar y fatal desenlace? La tontería que se le ha ocurrido a Pedro Sánchez de equiparar lo que llamamos “violencia de género” con la de ETA o Al Qaida y proponer funerales de Estado para las víctimas de la primera demuestra una verdad trágica, ineludible y temible: que el zapaterismo, su herencia, ha licuado el cerebro de la socialdemocracia española. Y es que esa tontería no está sola. No es aislada ni espontánea. Es “una tontería de sistema”, de doctrina, de fábrica. Y nos suena de algo. Nos suena de los siete años que los españoles nos tragamos, entre 2004 y 2011, oyendo tonterías, discutiéndolas y peleándonos por ellas.

Pedro Sánchez es un producto de esa tragedia que asola a su partido. Quisiéramos ver en él una garantía de futuro, de estabilidad y de alternancia política sin traumas, pero sólo abre la boca para constatar que presenta todos los síntomas del “talante” aunque atenuados: la ocurrencia improvisada, la precipitación, el efectismo demagógico, la fea táctica de convertir cualquier causa que todos compartimos (la lucha contra la violencia sexista) en algo que nos separe a base de sacar las cosas de quicio (esos surrealistas funerales estatales de los que luego se ha desdicho), el peterpanismo, el cuidadito de la imagen (esa camisa blanca que no es de mi esperanza), el pensamiento mágico, la contradicción insalvable, el tente mientras cobro, el digo esto y a la vez digo lo contrario. A Pedro Sánchez le preguntan por la Ley de Consultas catalana que votó el PSC y responde que le consta que Miquel Iceta está contra el referéndum de Artur Mas. Y no hay modo de sacarle de ahí, de que explique cómo puede desaprobar la consulta quien aprueba la Ley de Consultas. Pedro Sánchez desconcierta porque encarna en sí mismo el oxímoron. Es un ultra-light, un Podemos de quiero y no puedo, un friki de baja intensidad, una especie de metrosexual del zapaterismo, un metroZapatero que habla de reformar la Constitución o cargarse el Ministerio de Defensa con una evanescencia, una levedad, una sonrisa mañanera y prístina que es para echarse a temblar.

Uno, que lleva una vida social normalita, no suele cenar los viernes con premios Nobel ni con gente que aspire a presidente de Gobierno. Cena con amigos que dicen cosas más brillantes o menos, pero todas inteligentes y sensatas. Ninguno de ellos desbarra como Pedro Sánchez. Y yo me pregunto cómo un partido de la historia y la dimensión del PSOE no es capaz de encontrar a alguien como las personas con las que yo ceno para que lo represente. De verdad que no es tan difícil conocer a gente que no diga bobadas.

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