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María Jamardo | Asaltar el cielo

Creo que hemos alcanzado esa franja de realidad tan sumamente diversa e inimaginable, que en el afán de ser rigurosos, deberíamos pensar en enriquecer nuestro ya de por sí amplio léxico para buscar nuevos términos que designen las prolíficas y a menudo generalizadas conductas que recorren el espectro político de España.

jamardoEspecialmente, si nos paramos a descubrir cómo poco a poco se delatan las verdaderas intenciones de quienes hasta el momento han pastoreado impunemente en el vasto pasto de la gestión de lo público y sobre todo, si oteamos el horizonte de algunos de los que están por llegar.

Aunque la metáfora parece inocente y muchos no le darán mayor importancia porque identifican la frase con una forma de hablar sin más, lo cierto es que se pueden extraer de ella varias interpretaciones a cual más inquietante.
El cielo es el poder. El gobierno. Y quieren asaltarlo. El propio vocablo empleado –asaltar- es la antítesis de lo que se entiende por una democracia donde en esencia son las urnas las que deciden (o deberían hacerlo) quién nos ha de gobernar.

El líder se impone, no se merece el respeto. Su figura tiene que ser única e idolatrada. No caben reacciones en contra ni corrientes alternativas. Una vez que ha conseguido el poder todo lo demás sobra. Ya nos han ido adelantando algunas de las lindezas que piensan aplicar en el caso hipotético de llegar a gobernar. Podemos estar seguros de que la sociedad libre, plural y con opinión y expresión propias (de mayor o menor nivel, que es ésta cuestión de diferente análisis) que hoy disfrutamos, pasaría a mejor vida. Los ejemplos pueden rastrearse en la historia más reciente.

Es imprescindible que toda la ciudadanía haga un profundo ejercicio de reflexión e información rigurosa para formarse una idea real y contrastada de lo que han supuesto regímenes del tipo de los que algunos “mesías” proponen.
Es cierto que las palabras que suenan bien, se escuchan mejor. Echando la vista atrás todos los salvadores han aprovechado las circunstancias de mayor desesperación de la gente para insertar sus mensajes y hacerlos calar como única alternativa. Pero haciendo gala de la sabiduría popular: “una cosa es predicar y la otra dar trigo”.

Que se han hecho muchas cosas muy mal en la España actual y en la más reciente, es algo innegable en lo que estamos todos de acuerdo. Que hay que intervenir sin duda para corregirlas, también. Pero no si el precio supone aferrarse a un clavo ardiendo y si la necesidad nos obliga a aventurarnos por caminos que nos llevarían a un precipicio por el que despeñarnos sin remedio. Bueno. Todos no. La nueva casta -el politburó- sí que iba a vivir bien en sus dachas. Pero lo que no cuentan es que a los demás nos esperan tiempos duros.

¿Se imaginan no tener siquiera la esperanza de poder redimir nuestra situación con el resultado de nuestro trabajo y esfuerzo y donde la propiedad privada sería una utopía?. Y si el esfuerzo personal no sirviese para nada… ¿Se dan cuenta de la situación?. Acabar con los ricos para hacer de todos pobres. ¡Bien! pues todos pobres y sin posibilidad de salir de la pobreza. Y lo que es peor, sin posibilidad de enmendar los errores porque, en adelante nada sería “asaltable” por medio de las urnas.

Si ahora estamos en guatemala, con posibilidades de salir de ella. Del otro modo estaríamos en guatepeor y encerrados hasta la reacción de los descontentos que sin duda emergerían tarde o temprano y a ver si la modalidad no sería una revolución mucho peor. ¿No hemos vivido ya todo esto?

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