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Arnaud Imatz | ¿Por qué el PP ha reactivado la extrema izquierda?

¿Por qué la derecha popular y social está ausente de la escena política española, al contrario que en Francia, con un Front National muy fuerte y con tanto arraigo electoral?

[caption id="attachment_185432" align="alignleft" width="300"]Arnaud Imatz Arnaud Imatz[/caption]

No se puede intentar una respuesta seria sin hacer un breve recordatorio histórico. España ha conocido casi 40 años de franquismo. El franquismo no era una ideología, sino un régimen autoritario, no totalitario. Era el régimen de un militar, el general Franco, un militar que no era falangista, ni tradicionalista, ni demócrata cristiano, ni republicano conservador, ni tecnócrata, sino monárquico liberal. Un militar partidario de la rama liberal de los Borbones, un militar "instaurador" de la monarquía que gobernó con el apoyo circunstancial de personalidades de todas las tendencias políticas opuestas a la República popular en 1936.

La naturaleza y la amplitud de los apoyos al régimen franquista han variado considerablemente en el curso de su larga existencia de 1937 a 1975. Al principio de los años 1970, la casi totalidad de las oligarquías franquistas deseaban una transición pacífica hacia un sistema de democracia representativa. Muerto Franco, muy pronto, la clase politica franquista alimentó no sólo los dos principales partidos políticos liberales, la Unión del Centro Democrático (UCD), dirigido por el último secreterio general del Movimiento, Adolfo Súarez, y Alianza Popular (posteriormente refundado como Partido Popular), sino también el Partido Socialista Obrero Español. Hay que subrayar lo siguiente: la dictadura de Franco cedió el lugar a una democracia representativa gracias a su propia reforma interna. No hubo ruptura, sino una reforma debida a la acción de los oligarcas franquistas y de la mayoría de los partidarios de Franco, que hicieron la elección deliberada del atlantismo y el neoliberalismo.

La derecha liberal, que se había beneficiado durante cerca de 40 años del sistema franquista, hizo después todo lo posible para desmarcarse del régimen anterior. Simultáneamente, hizo cuanto pudo para impedir la emergencia de una nueva derecha popular y social. En Francia, la derecha popular y social, representada actualmente por el Frente National, se puede inscribir perfectamente en la línea del general De Gaulle, principal resistente contra el nazismo y el fascismo, icono respetado, por lo menos aparentemente, tanto por la derecha como por la izquierda. En España, al contrario, la derecha popular y social es asociada, por la voluntad conjunta de la derecha liberal y de la izquierda socialdemocráta y marxista, a la imagen mediática, caricatural y aborrecida del Caudillo, el dictador de la España "fascista". La diferencia es notable.

Desde 2011, la acción política de Mariano Rajoy, apoyada por los oligarcas neoliberales del PP, representa la quintaescencia de la estrategia hostil a la derecha popular y social. La inevitable consecuencia ha sido un fracaso electoral patente en las elecciones electorale de mayo de 2014. El resultado de esas elecciones ha sido realmente clamoroso: cerca del 49% de los españoles ha votado por partidos de izquierda o de extrema izquierda. A esa cifra hay que añadir le 12% de votos de las formaciones nacionalistas y separatistas, moderadas o radicales. El Partido Popular, que había cosechado 6,5 millones de votos en las elecciones europeas de 2009 y cerca de 11 millones en las elecciones generales de 2011, ha visto su caudal electoral reducido a 4 millones de votos. El PSOE, hasta entonces su principal adversario, ha caído a menos de 3,5 millones de votos, pero el conjunto de la izquierda se mobilizó en benefico de los partidos de extrema izquierda. El PP ha sido castigado, ya que una gran parte de su electorado eligió la abstención.

El principal responsable de esta situación deletérea ha sido sin lugar a dudas el PP. Desde su regreso al poder en 2011, no ha dejado de luchar contra la emergencia de una derecha popular y social en su seno o en su periferia. Entre 2004 y 2009, el resurgimiento de una derecha popular y social capaz de disputar la hegemonía mediática y cultural a la izquierda boba y criptomarxista era todavía posible. El PP, que entonces estaba en la oposición, pretendía luchar por la unidad nacional, contra el terrorismo, por el derecho a la vida, por la familia natural, por la libertad de enseñanza, etc... Para eso contaba con el apoyo de algunos medios libres como el Grupo Intereconomía, Libertad Digital o la COPE. Pero en cuanto ha llegado otra vez al poder, el PP se ha apresurado a deshacerse de su programa, traicionando de esa manera sin ninguna vergüenza una gan parte de su electorado.

La política llevada a cabo por el PP de Rajoy ha sido la del centro izquierda: neoliberalismo, mundialismo, culto del mercado, multiculturalismo, explotación y empobrecimiento de las clases medias, consolidación de la legislción contra la familia, mantenimiento del matrimonio entre homosexuales, confirmación de la politización de la Justicia, perpetuación de la corrupción, incapacidad para reformar la ley sobre el aborto, etc...

Javier Esparza, uno de los mejores politólogos y periodistas españoles, dice: "El PP ha hecho exactamente lo contrario de lo que una parte importante de su electorado esperaba. Peor aun: ha desmantelado a conciencia las plataformas mediáticas y cívicas que durante varios años habían permitodo el nacimiento de una derecha social".

En lugar de reforzar el papel de la derecha popular y social naciente en los medios, el PP ha permitido el desarrollo de la izquierda mediática: ha salvado al Grupo Prisa (propietario de El País), ha salvado la cadena de Televisón La Sexta, ha neutralizado toda oposición a su derecha, ha laminado voluntariamente toda oposición de la derecha anti neoliberal.

El resultado es que el PP ha aumentado considerablemente el peso de la izquierda radical. Gracias a él, la extrema izquierda, la más antidemócratica, la más peligrosa para las libertades individuales y colectivas, ha vuelto a ser un protagonista importante de la escena política española. El fracaso del PP no podía ser más flagrante. La herencia que dejará, cuando pierda el poder, será una España enfrentada otra vez a sus viejos demonios, con el horizonte inmediato posible del conflicto civil.

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