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El independentismo gana el pulso

José Manuel López García

Indudablemente, el proceso participativo o simulacro de consulta soberanista de este 9N causa unos efectos muy negativos para la convivencia, y para la unidad y cohesión territorial de este país. Porque sus resultados aunque no posean validez jurídica serán utilizados como datos que justifican la voluntad de separación del resto del estado. A esto se une la repercusión en el extranjero que tendrán el, aproximadamente, más de dos millones de participantes en esta consulta sin valor legal. Lo siguiente podría ser una declaración unilateral de independencia. Sobre todo, porque ya se considera desde el gobierno catalán, y los partidos independentistas que ha sido un éxito esta simulación de votación sin garantías de neutralidad, y sin consentimiento del estado de derecho.

Ciertamente, el gobierno de la nación que podría haber puesto en marcha más mecanismos para frenar de verdad esta deriva, no ha querido utilizarlos, en mi opinión, por temor a posibles complicaciones políticas. A mi juicio, esta actitud es equivocada, porque el estado de derecho, y el cumplimiento estricto de las leyes está por encima de cualquier cálculo supuestamente beneficioso, y también de un hipotético pacto con Mas para que conduzca el proceso secesionista en vez de Junqueras, algo que se está comentando de forma pública en el ámbito periodístico. En cualquier caso, aunque esto último sea un simple rumor sin fundamento, esto no impide que se pueda vislumbrar una situación muy grave respecto a la fractura de nuestro país.

Porque la proporcionalidad en la aplicación de medidas efectivas no supone que no se pueda suspender la autonomía catalana y a su presidente, ya que existen abundantes pruebas de su desafío, y de sus incumplimientos flagrantes de las leyes, y de las sentencias del Tribunal Constitucional.

Si lo que se prefiere es la tranquilidad política e institucional la consecuencia, a mi juicio, será la confirmación de facto, y a la fuerza de la independencia de Cataluña a lo Kosovo. Y en esta senda estamos por todos los indicios que ya se pueden analizar. Los hechos son más fuertes y tenaces que las palabras, y de nada sirve mirar para otro lado, y decir que esa potencial independencia catalana es ilegal o es ficticia, si, a todos los efectos, opera como si fuera real.

El estado de derecho tiene que ser mucho más enérgico, y el cumplimiento efectivo del ordenamiento legal vigente, y de las sentencias de los tribunales debe ser obligado siempre. Con todo mi respeto a la Fiscalía, considero que debería actuar con más contundencia todavía. Aunque, a mi juicio, la mayor responsabilidad la tiene el poder ejecutivo actual.

Desde mi perspectiva el pulso al estado lo ha ganado de modo irrefutable la Generalitat. Ya que ha sabido jugar mucho mejor sus cartas respecto a un poder que hace declaraciones rotundas contra el separatismo o el secesionismo, pero no las respalda y sostiene firmemente con hechos.

Y en la política al final se impone lo fáctico sobre las declaraciones de intenciones que pueden ser brillantes, pero ineficaces, como es el caso. Y ante la realidad del poder catalán, los discursos políticos del gobierno, y de la oposición no son suficientes. Ya que el federalismo es una vía engañosa, y que no es aceptada por el independentismo, porque, en el fondo, no es la plasmación real de un estado independiente del todo. Es algo tan simple, y a la vez profundo como esto.

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