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Por Alberto Ramos |

No tengamos miedo de decirlo: en las elecciones sólo seleccionamos un puñado de oligarcas que nos roban el poder. Bajo la máscara de la democracia, en España prospera una oligarquía en la que los hombres en la cúspide escriben las reglas de su propio poder.

​Nada importa que aumente la precaridad, las desigualdades y la exclusión, siempre y cuando perdure la ilusión democrática de las elecciones. El pueblo se muestra orgulloso de votar como le dicen sus amos, gracias a un trabajo permanente de lavado de cerebro.​ Se cree indirectamente responsable de la libertad que supuestamente le garantizan sus representantes. En realidad no hace más que servir de soporte a un poder que no controla y por el cual no delibera. El pueblo no puede proponer proposiciones de ley en el Parlamento recogiendo una cierta cantidad de firmas, como en Suiza por ejemplo, auténtica democracia participativa.

​Para mejor manipularnos el poder llama democracia a un sistema en realidad completamente opuesto a la democracia (gobierno del pueblo). La oligarquía (gobierno de unos pocos) manipula y tergiversa las palabras y los conceptos suceptibles de designar el enemigo del pueblo. Los oligarcas no tendrían absolutamente ningún poder si realmente estuviéramos en democracia. Con esa manipulación constante tratan de ponerse a cubierto de toda posibilidad de una revolución que los pondrían en su sitio, es decir fuera de toda esfera de poder.

Hace más de un siglo, un panfletario anarquista escribía: "Los ciudadanos se contentan con roer el hueso sin carne que les han echado, el hueso del sufragio universal. Y es por esa palabrería, por esas discusiones electorales, que todavía mueven las mandíbulas, unas mandíbulas que ya no saben morder."

Eso era en 1900. Desde entonces nada ha cambiado...

Oligarquía

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Por Alberto Ramos |

No tengamos miedo de decirlo: en las elecciones sólo seleccionamos un puñado de oligarcas que nos roban el poder. Bajo la máscara de la democracia, en España prospera una oligarquía en la que los hombres en la cúspide escriben las reglas de su propio poder.

​Nada importa que aumente la precaridad, las desigualdades y la exclusión, siempre y cuando perdure la ilusión democrática de las elecciones. El pueblo se muestra orgulloso de votar como le dicen sus amos, gracias a un trabajo permanente de lavado de cerebro.​ Se cree indirectamente responsable de la libertad que supuestamente le garantizan sus representantes. En realidad no hace más que servir de soporte a un poder que no controla y por el cual no delibera. El pueblo no puede proponer proposiciones de ley en el Parlamento recogiendo una cierta cantidad de firmas, como en Suiza por ejemplo, auténtica democracia participativa.

​Para mejor manipularnos el poder llama democracia a un sistema en realidad completamente opuesto a la democracia (gobierno del pueblo). La oligarquía (gobierno de unos pocos) manipula y tergiversa las palabras y los conceptos suceptibles de designar el enemigo del pueblo. Los oligarcas no tendrían absolutamente ningún poder si realmente estuviéramos en democracia. Con esa manipulación constante tratan de ponerse a cubierto de toda posibilidad de una revolución que los pondrían en su sitio, es decir fuera de toda esfera de poder.

Hace más de un siglo, un panfletario anarquista escribía: "Los ciudadanos se contentan con roer el hueso sin carne que les han echado, el hueso del sufragio universal. Y es por esa palabrería, por esas discusiones electorales, que todavía mueven las mandíbulas, unas mandíbulas que ya no saben morder."

Eso era en 1900. Desde entonces nada ha cambiado...

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