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Por Michel Geoffroy |


En verdad, hermanos míos europeos, debéis conservar la fe. Éste sistema acabará pronto, ya que vivimos el final de un ciclo. Debéis desconfiar de las apariencias. El Sistema que os somete os parece temible y poderoso, pero en realidad está al borde del derrumbe. Es como el árbol carcomido por dentro: a la primera tormenta se romperá y caerá al suelo.

[caption id="attachment_186240" align="alignleft" width="154"]Michel Geoffroy Michel Geoffroy[/caption]

La oligarquía occidental no ha aprendido la lección de la Torre de Babel. Pretende dirigir a todos los hombres, gobernar el planeta y desafiar a los dioses. ¡Cuánta desmesura! Por eso será de nuevo castigada por los dioses.

La oligarquía no ha logrado más que desatar las fuerzas infernales de la economía, es decir las de los intereses y los apetitos humanos ilímitados. Ahora el oro devora el mundo con su fuego. Vuestros ancestros desconfiaban de esas fuerzas con razón, hermanos míos. Hoy véis que, libres de toda traba, están destruyendo a los Estados, las naciones y los pueblos. Destrozan también a la naturaleza. Es la rebelión de los Titanes que vuelve a recomenzar y que, al igual que en el lejano pasado, va a sellar el final cataclísmico de este ciclo histórico.

La oligarquía pretende gobernar el mundo. Os hace creer que es capaz de ello, hermanos míos, gracias al espejo mágico de los medios de comunicación que os fuerza a mirar. No miréis más este espejo, porque os engaña, hermanos míos. No refleja la realidad del mundo. Al contrario, la esconde.

La oligarquía juega a ser aprendiz de brujo: no controla ninguna de las fuerzas que ha liberado imprudentemente. Son esas fuerzas que ahora la conduce a ella y nos empuja a todos al abismo.

La oligarquía no puede controlar ya ni los mercaderes ni los mercados: son ellos que la dirigen ahora. Ya no puede controlar las migraciones de población porque ha destruido las fronteras para permitir a los mercaderes comerciar más fácilmente. Ya no sabe cómo pagar las deudas que acumula en su nombre. No sabe como enseñar a nuestros hijos. No sabe qué ideal dar a los que les ha destruido con ensañamiento los valores y las tradiciones. ¡No sabe gobernar provechosamente ningún país de Europa y pretende gobernar el planeta! La oligarquía acabará en el ridículo, hermanos míos.

En sus palacios, los que fingen gobernaros todavía no saben ya qué mentira inventar. No saben qué decir a los pueblos, ya que se dan cuenta que sus promesas de un paraíso terrestre engañan cada día que pasa a menos personas.

En estos momentos en que la hora del castigo se acerca, la oligarquía, a pesar de todas sus armas, sus pompas y sus artificios, tiene miedo de los pueblos. Y tiene razón de tener miedo, ¡porque los pueblos aspiran a romper sus cadenas!

Mirad bien las ruinas antiguas, hermanos míos. Éstas son testigos de lo que queda de imperios que fueron antaño poderosos, pero que sin embargo se derrumbaron. La oligarquía y su Sistema pronto conocerán ese destino. Y sobre esas ruinas, construiréis un mundo nuevo.

¡Alegraos de ello, hermanos míos!

Una epístola a los europeos

Por Michel Geoffroy |


En verdad, hermanos míos europeos, debéis conservar la fe. Éste sistema acabará pronto, ya que vivimos el final de un ciclo. Debéis desconfiar de las apariencias. El Sistema que os somete os parece temible y poderoso, pero en realidad está al borde del derrumbe. Es como el árbol carcomido por dentro: a la primera tormenta se romperá y caerá al suelo.

[caption id="attachment_186240" align="alignleft" width="154"]Michel Geoffroy Michel Geoffroy[/caption]

La oligarquía occidental no ha aprendido la lección de la Torre de Babel. Pretende dirigir a todos los hombres, gobernar el planeta y desafiar a los dioses. ¡Cuánta desmesura! Por eso será de nuevo castigada por los dioses.

La oligarquía no ha logrado más que desatar las fuerzas infernales de la economía, es decir las de los intereses y los apetitos humanos ilímitados. Ahora el oro devora el mundo con su fuego. Vuestros ancestros desconfiaban de esas fuerzas con razón, hermanos míos. Hoy véis que, libres de toda traba, están destruyendo a los Estados, las naciones y los pueblos. Destrozan también a la naturaleza. Es la rebelión de los Titanes que vuelve a recomenzar y que, al igual que en el lejano pasado, va a sellar el final cataclísmico de este ciclo histórico.

La oligarquía pretende gobernar el mundo. Os hace creer que es capaz de ello, hermanos míos, gracias al espejo mágico de los medios de comunicación que os fuerza a mirar. No miréis más este espejo, porque os engaña, hermanos míos. No refleja la realidad del mundo. Al contrario, la esconde.

La oligarquía juega a ser aprendiz de brujo: no controla ninguna de las fuerzas que ha liberado imprudentemente. Son esas fuerzas que ahora la conduce a ella y nos empuja a todos al abismo.

La oligarquía no puede controlar ya ni los mercaderes ni los mercados: son ellos que la dirigen ahora. Ya no puede controlar las migraciones de población porque ha destruido las fronteras para permitir a los mercaderes comerciar más fácilmente. Ya no sabe cómo pagar las deudas que acumula en su nombre. No sabe como enseñar a nuestros hijos. No sabe qué ideal dar a los que les ha destruido con ensañamiento los valores y las tradiciones. ¡No sabe gobernar provechosamente ningún país de Europa y pretende gobernar el planeta! La oligarquía acabará en el ridículo, hermanos míos.

En sus palacios, los que fingen gobernaros todavía no saben ya qué mentira inventar. No saben qué decir a los pueblos, ya que se dan cuenta que sus promesas de un paraíso terrestre engañan cada día que pasa a menos personas.

En estos momentos en que la hora del castigo se acerca, la oligarquía, a pesar de todas sus armas, sus pompas y sus artificios, tiene miedo de los pueblos. Y tiene razón de tener miedo, ¡porque los pueblos aspiran a romper sus cadenas!

Mirad bien las ruinas antiguas, hermanos míos. Éstas son testigos de lo que queda de imperios que fueron antaño poderosos, pero que sin embargo se derrumbaron. La oligarquía y su Sistema pronto conocerán ese destino. Y sobre esas ruinas, construiréis un mundo nuevo.

¡Alegraos de ello, hermanos míos!

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