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La multicultura en directo, Alemania 2014: una escena cotidiana, la realidad sin artificios, la vida sin anestesia

Alberto Ramos |




En la patria de Goethe, de Kant, de Mozart y de Kepler, los cachorros de las hienas de Anatolia, los chacales del Rif y demás carroñeros del Monomotapa recién salidos de sus guaridas, ejercitan sus garras y se afilan los colmillos en la carne tierna de sus presas entregadas a su salvaje apetito de fieras indomables.

En primer plano, el drama de un mundo que se encamina hacia una tragedia: la de su fin programado e impiadosamente llevado a cabo. Un aire irrespirable de exhalaciones mefíticas reina en el ambiente. El hedor de las alimañas que se alimentan de la carne en descomposición de sus víctimas moribundas se expande como un veneno mortal.

La civilización es entregada a las bestias, ya dueñas de su terreno de caza, dando zarpazos, las fauces babeantes. Por esas calles caminaba Beethoven, los oídos ausentes y la cabeza llena de música; en aquella plaza Schiller meditaba bajos los tilos; a orillas del río paseaba la silueta de Schopenhauer…

Por esas avenidas desfilaban las falanges heroicas al son de las fanfarias victoriosas de una nación de guerreros y poetas, de científicos y obreros, protagonista principal de la epopeya plurimilenaria del hombre europeo antes de caer, como las demás, bajo la zarpa monstruosa de los enemigos del Bien, la Verdad y la Belleza.

En la patria de la Ciencia, la Razón y el Trabajo, el derrumbe de todo cuanto fue grande y noble ha dejado el paso libre a la barbarie, con sus instintos primarios, su hambre primordial, su ferocidad inherente.

En la desolación actual de este paisaje en ruinas, estas imágenes nos anticipan la confrontación inevitable a gran escala de los actores en escena. Son dos mundos frente a frente, uno que se desvanece y otro que se afirma; uno violento y otro atemorizado; uno seguro de sí mismo y otro desorientado; uno que avanza y otro que retrocede.

Una elemental y urgente lección surge de esta escena:

La Historia y la Naturaleza nos dicen, sin rodeos ni misterios, en su lenguaje claro y sin artificios, que la vida es lucha, no entrega, abandono ni sometimiento. Quien no lucha perece, desaparece, se vuelve nada. Toda vida inútil es una muerte anticipada, toda huida es la derrota aceptada.

Sólo merece la vida aquél que debe conquistarla a diario.

Un aire de catástrofe se cierne sobre las desventuradas cabezas de una humanidad vendida a bajo precio y entregada a sus matarifes. Por encima de esos negros presagios resuenan las palabras del poeta, como una advertencia, como señalando la única alternativa posible a la muerte y la esclavitud:

“Sobre la gran balanza de la fortuna,
raramente se detiene el fiel.
Debes subir o bajar.
Debes dominar y ganar
o servir y perder,
sufrir o triunfar,
ser yunque o martillo”.

Johann Wolfgang von Goethe.

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