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Putin se merece el Premio Nobel de la Paz

Marie-Madeleine Courtial

Distintas personalidades, tanto rusas como extranjeras, habían propuesto a Putin para el Premio Nobel de la Paz. Finalmente el galardón ha ido a la pakistaní Malala Yousafzai, que tenía a su favor su sexo, su religión y hasta su edad. Putin encarna de alguna manera el "macho blanco heterosexual" y eso, además de todo lo que suponemos, jugaba en su contra. Que la causa defendida por Putin es superior en trascendencia a la putinnoble actividad de Malala, eso no podía entrar en consideración para un comité otorgador completamente entregado a la visión imperialista de los EEUU en las escena del mundo. Después de haber premiado a Obama con el Nobel de la Paz, él que ha bombardeado 7 países (Afganistán, Irak, Pakistán, Somalia, Libia y Siria) desde que está en la Casa Blanca, 3 más que su predecesor George W. Bush (Afganistán, Irak, Pakistán y Somalia), hubiera sido una sorpresa que hubiese hecho otro tanto con Putin, él que no no ha bombardeado nada todavía.

La propuesta a favor de Putin se fundamenta en el papel jugado por el presidente ruso en la crisis de Siria. Eso sin duda hace palidecer de rabia a algunos, y sin embargo el premio hubiera sido merecido.

En los dos últimos años, Rusia ha frenado los ardores occidentales empeñados en llevar la democracia aquí y allá. Rusia se dejó engañar en Libia y está decidida a no volver a pasar por la misma experiencia en Siria. Desde el inicio del conflicto, Putin ha mostrado un apoyo indefectible al presidente sirio Al-Assad, reequilibrando así las fuerzas en presencia. En numerosas ocasiones ha clarificado su postura llamando a la prudencia frente a la presión yihadista creciente. Ha sido el instigador de la Conferencia de Ginebra que la oposición siria nunca ha aceptado.

Sólo el ataque con armas químicas en Guta trastocó todos los planes (ataque atribuido al régimen sirio, pero en realidad llevado a cabo por los rebeldes). En el espacio de pocas horas, la tensión subío de tal manera que pareció que se estaba al borde de una tercera guerra mundial. Mientras los occidentales preparaban sus armas, los rusos buscaban una solución aceptable que impidiera que Siria cayera un poco más en el caos. Incluso Hollande, impaciente, ya tenía su plan en marcha y no esperaba más que el visto bueno de Obama para lanzar ataques aéreos contra Siria. Estaba obnubilado por una sola cosa: castigar y derrocar a Al-Assad. Pero de pronto Obama hace marcha atrás, le pide el consentimiento al congreso, para darle una legitimidad a su proyectada agresión. Todo se viene abajo alrededor deHolande que se encuentra de pronto aislado. Es entonces que Rusia tiene la idea genial para desactivar la bomba de relojería y sacar a los occidentales del callejón sin salida en el que ellos mismos se habían metido: pedirle a Al-Assad que desmantelara su arsenal químico.

Las dos partes no podían hacer otra cosa que ponerse de acuerdo a riesgo de perder el apoyo popular en caso contrario. Ya no era cuestión de ir a bombardear a Siria y Al-Assad podía demostrar su buena fe. Al apoyar a Al-Assad Putin podía demostrar a su vez que buscaba la paz al mismo tiempo que una solución aceptable. Actuaba como un apoyo pero también como un moderador del presidente sirio. Además, no ha entregado al régimen sirio ninguna arma de destrucción masiva y ha retrasado la entrega de misiles mientras los occidentales nunca han dejado de armar a la rebelión. Se puede afirma que en esa ocasión la diplomacia rusa ha funcionado perfectamente.

A consecuencia de ese acuerdo finalmente aceptado por las partes, fue la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, "por sus grandes esfuerzos para eliminar las armas químicas», que fue galardonada con el Nobel de la Paz. Vale decir que se premió al operario y no al ingeniero de la operación.

El año anterior, 2012, la UE fue retribuida con la célebre y codiciada distinción, y tenemos razonables dudas acerca del merecimiento de ese homenaje recompensa. Su intervención en Libia, coronada por el éxito militar, fue todo menos una operación de paz, y las consecuencias de aquella aventura han sido la desaparición del Estado y la autoridad en Libia, entregada desde entonces al caos, la anarquía y la guerra civil sin fin.

Obama, Premio Nobel él también, no es realmente ningún modelo de paz, aunque sus ardores belicosos se han calmado algo en estos últimos tiempos, más que nada porque ya no tiene los medios ni existe el contexto ideal para llevar a cabo sus guerras.

Los EEUU y la UE no han parado un instante en sus intentos de favorecer la guerra en Siria. El hombre de la situación con una diplomacia clara y eficaz en favor de la paz ha sido Putin. Si los bombardeos contra Siria se hubieran llevado a cabo, ¿en qué situación estaríamos ahora? ¿En plena tercera guerra mundial? Es posible...

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