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Por Yolanda Morín | Partido por la Libertad de Euskadi

Suiza no es miembro (¿o miembra?) de la UE. En distintas ocasiones el pueblo suizo ha manifestado su rechazo a renunciar a su tradicional neutralidad y formar parte de ese club de dudosa reputación que es la Unión Europea. Eso demuestra el avanzado estado social y el alto nivel cultural de los helvetas. Pero... Podríamos pensar entonces que Suiza se encuentra a salvo de las imposiciones de la tiranía europeista. Lamentablemente no podemos decir tal cosa. De ninguna manera. La UE presiona y amenaza constantemente a Suiza para que imponga en su territorio las mismas leyes que rigen en la UE y siga las directrices señaladas desde Bruselas. La independencia suiza se ve muy limitada debido a su situación geográfica y económica que la hace muy sensible a las "sugerencias", "advertencias", imposiciones, e intimidaciones del poderoso bloque de la UE.

En materia de inmigación y de apertura de fronteras Suiza padece de los mismos males que el resto de Europa. De hecho Suiza no es ningún oasis de cordura política en medio de los enormes problemas generados por una inmigración masiva y descontrolada que inunda a toda Europa por culpa de la mala gestión de nuestros gobiernos ni escapa a la situación general que afecta a todo el continente. Y Suiza padece igualmente de las mismas políticas erráticas y absurdas (cuando no simplemente delirantes) en materia de gestión de ese problema mayor eufemísticamente llamado inmigración, y que realmente es una invasión en toda regla. Los suizos tampoco se han salvado de la contaminación ideológica y la degradación moral y espiritual que castigan a tod Europa: multiculturalismo, etnomasoquismo, cultura del arrepentimiento (¿de qué?), apertura al "otro", odio de Occidente, etc... Todo eso se aprecia en el día a dia de un país que ya ha dejado, lamentablemente, de ser el país de Guillermo Tell, Heidí y las vacas de color violeta para ser una provincia más de una Europa en perdición.

En los últimos meses han surgido en Suiza dos casos (entre cientos) que pueden ilustrar a la perfección el sistema de valores invertidos y de subversión completa de las prioridades y las preferencias de sociedades regidas por principios contrarios al sentido común, y que se han adentrado por la pendiente de la autodestrucción.

El primer caso concierne a un ciudadano estadounidense de 75 años que vive en Suiza desde 1971. Su petición para obtener la nacionalidad

[caption id="attachment_187286" align="alignleft" width="308"]El ciudadano estadounidense Irving Dunn El ciudadano estadounidense Irving Dunn[/caption]

suiza ha sido rechazada por las autoridades del districto de su localidad de residencia por "no estar suficientemente integrado en la sociedad suiza". De las 12 solicitudes de naturalización que tuvo que evaluar ese día la Asamblea del districto de Einsiedeln, sólo una ha recibido una respuesta negativa: la del ciudadano estadounidense Irving Dunn.

Este norteamericano que reside en Suiza legalmente desde hace 43 años y vive desde hace 39 en el cantón de Schwitz, está casado, tiene tres hijos, habla correctamente el alemán (idioma de esa región de Suiza), ha sido profesor e investigador en ingeniería química en la Escuela Politécnica Federal de Zurich (EPFZ) durante 30 años. Es miembro de clubes locales de tenis y de vela.

Al igual que todos los candidatos al pasaporte suizo, el norteamericano ha sido sometido a un test de idioma y de conocimiento de Suiza. Pero la Asamblea ha seguido la opinión de la Comisión de las Naturalizaciones del districto, que se ha pronunciado en sentido negativo. Según esta, Irving Dunn no conoce lo suficientemente la región y no estaría suficientemente integrado. En concreto: no ha sido capaz de mencionar las 6 comunas del districto y no ha sabido señalar amigos en la región.

Irving Dunn se muestra indignado: "Toda esa historia es ridícula. Nunca he tenido deudas. Tengo tres hijos que han nacido y se han criado en Suiza y mi hija mayor es maestra de escuela primaria. Si eso no es integración, yo no entiendo este mundo". En lo concerniente a sus relaciones con los autóctonos, el profesor jubilado explica que no entendió correctamente la pregunta: "Pensaba que se trataba de amigos íntimos. Por supuesto que tengo amigos en el tenis y en el club de vela".

Además, para apoyar la negativa, las autoridades sospechan que Irving Dunn quiere obtener la nacionalidad suiza para no tener que pagar

[caption id="attachment_187287" align="alignright" width="300"]Cartel contra la inmigración masiva en las últimas elecciones en Suiza Cartel contra la inmigración masiva en las últimas elecciones en Suiza[/caption]

impuestos al fisco estadounidense. El norteamericano replica: "¡Qué cara dura tienen! Voy a conservar mi pasaporte estadounidense y seguir pagando impuestos en los EEUU. Para mí el pasaporte suizo es la última etapa de mi integración, nada más". Piensa presentar un recurso ante el Tribunal Administrativo del cantón de Schwitz.

Señalamos que Irving Dunn es de raza blanca, ¿hacía falta decirlo? Es un detalle que tiene su importancia para lo que sigue.

En el otro extremo de la balanza tenemos el caso siguiente. Podemos introducirlo con este título:

"Una africana con deficiencia mental y analfabeta logra la nacionalidad suiza tras haber vivido 23 años en el país… ¡sin trabajar un solo día!"

Los antecedentes del caso son estos: En febrero de 2013, el Consejo de Estado de la Confederación Helvética le negó la nacionalizad suiza a A.F, una mujer somalí residente en Ginebra desde hace casi un cuarto de siglo. En esa ocasión, el diploma de francés oral obtenido a duras penas después de 1.600 horas de curso, no le sirvío ante el tribunal competente para decidir sobre la naturalización de los extranjeros. Según el fallo del Consejo de Estado, “la solicitante no demuestra tener suficientes lazos con el país y una adaptación aceptable a los modos de vida suizos, a pesar de los 23 años pasados en Ginebra”.

[caption id="attachment_187288" align="alignleft" width="300"]Inmigrantes musulmanas ante un cartel contra la inmigración masiva en Suiza Inmigrantes musulmanas ante un cartel contra la inmigración masiva en Suiza[/caption]

Hasta aqui, todo bien, nada anormal. Pero la historia no acaba en este punto. Posteriormente la Cámara Administrativa de la Corte de Justicia ha anulado esa decisión, entro otros motivos, porque “el deficiente conocimiento del idioma francés no proviene de una falta de esfuerzos e interés de la solicitante sino de un déficit cognitivo relacionado con su iletrismo”. O sea, que es nula total, prácticamente una deficiente mental.

En su decisión, ahora revocada, la Corte de Estado le reprochaba no haber trabajado nunca, ni siquiera a tiempo parcial, para contribuir a sus necesidades personales y a las de sus hijos. Durante todo su estancia en Suiza la africana y su progenie han vivido de ayudas sociales y subsidios varios a cargo de las arcas del cantón de Ginebra. Pero el fallo de la Cámara Administrativa sostiene que: “Es difícil reprocharle a la sra. A.F, que no hablaba francés cuando llegó a Suiza, no haberse integrado durante los años de su estancia en el país, ya que además era madre de tres hijos menores de edad y estaba sola para criarlos”. Recordemos: 23 años en Suiza comiendo y siendo alojada ella y sus hijos con los impuestos de los contribuyentes sin nunca haber trabajad un solo día.

Su expediente quedó entonces listo para ser enviado al Servicio Cantonal de Naturalizaciones para proceder al otorgamiento de la nacionalidad, a menos que el Tribunal Federal presente un recurso en contra. Eso no ha ocurrido. La naturalización ya es firme y definitiva. Suiza cuenta ahora con una ciudadana más.

¿Hace falta extenderse en más comentarios sobre lo que constituye una muestra palpable de esa aberrante inversión de roles y valores en el que estamos sumidos, en esa demencia sin remedio que parece afectar a los gobiernos y las élites de nuestras viejas, y a toda vista cansadas, naciones de esta Europa que se nos está yendo por el retrete?

Suiza ya no es el país de Guillermo Tell, Heidí y las vacas de color violeta

Por Yolanda Morín | Partido por la Libertad de Euskadi

Suiza no es miembro (¿o miembra?) de la UE. En distintas ocasiones el pueblo suizo ha manifestado su rechazo a renunciar a su tradicional neutralidad y formar parte de ese club de dudosa reputación que es la Unión Europea. Eso demuestra el avanzado estado social y el alto nivel cultural de los helvetas. Pero... Podríamos pensar entonces que Suiza se encuentra a salvo de las imposiciones de la tiranía europeista. Lamentablemente no podemos decir tal cosa. De ninguna manera. La UE presiona y amenaza constantemente a Suiza para que imponga en su territorio las mismas leyes que rigen en la UE y siga las directrices señaladas desde Bruselas. La independencia suiza se ve muy limitada debido a su situación geográfica y económica que la hace muy sensible a las "sugerencias", "advertencias", imposiciones, e intimidaciones del poderoso bloque de la UE.

En materia de inmigación y de apertura de fronteras Suiza padece de los mismos males que el resto de Europa. De hecho Suiza no es ningún oasis de cordura política en medio de los enormes problemas generados por una inmigración masiva y descontrolada que inunda a toda Europa por culpa de la mala gestión de nuestros gobiernos ni escapa a la situación general que afecta a todo el continente. Y Suiza padece igualmente de las mismas políticas erráticas y absurdas (cuando no simplemente delirantes) en materia de gestión de ese problema mayor eufemísticamente llamado inmigración, y que realmente es una invasión en toda regla. Los suizos tampoco se han salvado de la contaminación ideológica y la degradación moral y espiritual que castigan a tod Europa: multiculturalismo, etnomasoquismo, cultura del arrepentimiento (¿de qué?), apertura al "otro", odio de Occidente, etc... Todo eso se aprecia en el día a dia de un país que ya ha dejado, lamentablemente, de ser el país de Guillermo Tell, Heidí y las vacas de color violeta para ser una provincia más de una Europa en perdición.

En los últimos meses han surgido en Suiza dos casos (entre cientos) que pueden ilustrar a la perfección el sistema de valores invertidos y de subversión completa de las prioridades y las preferencias de sociedades regidas por principios contrarios al sentido común, y que se han adentrado por la pendiente de la autodestrucción.

El primer caso concierne a un ciudadano estadounidense de 75 años que vive en Suiza desde 1971. Su petición para obtener la nacionalidad

[caption id="attachment_187286" align="alignleft" width="308"]El ciudadano estadounidense Irving Dunn El ciudadano estadounidense Irving Dunn[/caption]

suiza ha sido rechazada por las autoridades del districto de su localidad de residencia por "no estar suficientemente integrado en la sociedad suiza". De las 12 solicitudes de naturalización que tuvo que evaluar ese día la Asamblea del districto de Einsiedeln, sólo una ha recibido una respuesta negativa: la del ciudadano estadounidense Irving Dunn.

Este norteamericano que reside en Suiza legalmente desde hace 43 años y vive desde hace 39 en el cantón de Schwitz, está casado, tiene tres hijos, habla correctamente el alemán (idioma de esa región de Suiza), ha sido profesor e investigador en ingeniería química en la Escuela Politécnica Federal de Zurich (EPFZ) durante 30 años. Es miembro de clubes locales de tenis y de vela.

Al igual que todos los candidatos al pasaporte suizo, el norteamericano ha sido sometido a un test de idioma y de conocimiento de Suiza. Pero la Asamblea ha seguido la opinión de la Comisión de las Naturalizaciones del districto, que se ha pronunciado en sentido negativo. Según esta, Irving Dunn no conoce lo suficientemente la región y no estaría suficientemente integrado. En concreto: no ha sido capaz de mencionar las 6 comunas del districto y no ha sabido señalar amigos en la región.

Irving Dunn se muestra indignado: "Toda esa historia es ridícula. Nunca he tenido deudas. Tengo tres hijos que han nacido y se han criado en Suiza y mi hija mayor es maestra de escuela primaria. Si eso no es integración, yo no entiendo este mundo". En lo concerniente a sus relaciones con los autóctonos, el profesor jubilado explica que no entendió correctamente la pregunta: "Pensaba que se trataba de amigos íntimos. Por supuesto que tengo amigos en el tenis y en el club de vela".

Además, para apoyar la negativa, las autoridades sospechan que Irving Dunn quiere obtener la nacionalidad suiza para no tener que pagar

[caption id="attachment_187287" align="alignright" width="300"]Cartel contra la inmigración masiva en las últimas elecciones en Suiza Cartel contra la inmigración masiva en las últimas elecciones en Suiza[/caption]

impuestos al fisco estadounidense. El norteamericano replica: "¡Qué cara dura tienen! Voy a conservar mi pasaporte estadounidense y seguir pagando impuestos en los EEUU. Para mí el pasaporte suizo es la última etapa de mi integración, nada más". Piensa presentar un recurso ante el Tribunal Administrativo del cantón de Schwitz.

Señalamos que Irving Dunn es de raza blanca, ¿hacía falta decirlo? Es un detalle que tiene su importancia para lo que sigue.

En el otro extremo de la balanza tenemos el caso siguiente. Podemos introducirlo con este título:

"Una africana con deficiencia mental y analfabeta logra la nacionalidad suiza tras haber vivido 23 años en el país… ¡sin trabajar un solo día!"

Los antecedentes del caso son estos: En febrero de 2013, el Consejo de Estado de la Confederación Helvética le negó la nacionalizad suiza a A.F, una mujer somalí residente en Ginebra desde hace casi un cuarto de siglo. En esa ocasión, el diploma de francés oral obtenido a duras penas después de 1.600 horas de curso, no le sirvío ante el tribunal competente para decidir sobre la naturalización de los extranjeros. Según el fallo del Consejo de Estado, “la solicitante no demuestra tener suficientes lazos con el país y una adaptación aceptable a los modos de vida suizos, a pesar de los 23 años pasados en Ginebra”.

[caption id="attachment_187288" align="alignleft" width="300"]Inmigrantes musulmanas ante un cartel contra la inmigración masiva en Suiza Inmigrantes musulmanas ante un cartel contra la inmigración masiva en Suiza[/caption]

Hasta aqui, todo bien, nada anormal. Pero la historia no acaba en este punto. Posteriormente la Cámara Administrativa de la Corte de Justicia ha anulado esa decisión, entro otros motivos, porque “el deficiente conocimiento del idioma francés no proviene de una falta de esfuerzos e interés de la solicitante sino de un déficit cognitivo relacionado con su iletrismo”. O sea, que es nula total, prácticamente una deficiente mental.

En su decisión, ahora revocada, la Corte de Estado le reprochaba no haber trabajado nunca, ni siquiera a tiempo parcial, para contribuir a sus necesidades personales y a las de sus hijos. Durante todo su estancia en Suiza la africana y su progenie han vivido de ayudas sociales y subsidios varios a cargo de las arcas del cantón de Ginebra. Pero el fallo de la Cámara Administrativa sostiene que: “Es difícil reprocharle a la sra. A.F, que no hablaba francés cuando llegó a Suiza, no haberse integrado durante los años de su estancia en el país, ya que además era madre de tres hijos menores de edad y estaba sola para criarlos”. Recordemos: 23 años en Suiza comiendo y siendo alojada ella y sus hijos con los impuestos de los contribuyentes sin nunca haber trabajad un solo día.

Su expediente quedó entonces listo para ser enviado al Servicio Cantonal de Naturalizaciones para proceder al otorgamiento de la nacionalidad, a menos que el Tribunal Federal presente un recurso en contra. Eso no ha ocurrido. La naturalización ya es firme y definitiva. Suiza cuenta ahora con una ciudadana más.

¿Hace falta extenderse en más comentarios sobre lo que constituye una muestra palpable de esa aberrante inversión de roles y valores en el que estamos sumidos, en esa demencia sin remedio que parece afectar a los gobiernos y las élites de nuestras viejas, y a toda vista cansadas, naciones de esta Europa que se nos está yendo por el retrete?

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