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Charlie Hebdo: ¡Bienvenidos al mundo real!

Por Alberto Ramos |

El Sistema ha sido golpeado a través de un símbolo emblemático de la decadencia que éste propicia y representa. Al definir de esta manera el significado del atentado contra los miembros de Charlie Hebdo no hacemos más que nombrar las cosas por su nombre. Y eso es precisamente lo que no hace, ni hará (mucho me temo) de aquí en adelante ese Sistema de piñón fijo que se encamina a toda marcha hacia su destrucción.

La masacre de Charlie Hebdo le ofrece a la sociedad francesa, y por ende a la europea, los mártires que se merece. Condenamos esas muertes, que duda cabe, aunque no estamos obligados a derramar lágrimas de cocodrilo. Pero no nos equivoquemos: los redactores, dibujantes y directivos de Charlie Hebdo, revista grosera y obscena, no eran sino los representantes más vulgares del Sistema, el mismo que hoy le pide a los franceses (y a los demás europeos) que celebremos su culto.

Los muertos no eran precisamente parangones de la libertad de expresión y no tenían empacho en utilizarla abusivamente para destrozar a sus víctmas cuando estas les disgustaban. En esta gente no había nada volteriano, nada parecido a esto: "Discrepo de tus opiniones, pero moriría para defender tu derecho a expresarlas". En su largo historial lincharon a muchas personas que sólo tenían como máxima culpa no estar alineados con el pensamiento politicamente correcto vigente, todo tipo de disidentes del Sistema, de diversos horizontes ideológicos y políticos. Se hicieron muchas veces cómplices de la represión estatal que alcanza con su brazo de hierro a todos cuantos se apartan del "recto camino". Para ellos la libertad de expresión se limitaba a la suya propia. ¿Nos suena esa fórmula? La oímos constantemente a nuestro alrededor, nos la susuran a todo momento a los oídos y nos la gritan, con su fétido aliento, los secuaces de la tiranía desde los púlpitos de la Política, la Justicia y la Prensa, la Santa Trinidad de este sistema degenerado y putrefacto.

Las víctimas de la masacre de Charlie Hebdo eran ejemplares izquierdosos de la especie más sectaria que la generación de Mayo del 68 ha parido, y con ellos es una época de autocomplacencia anarquizante, y al tiempo pequeñoburguesa, que desaparece. ¡Qué bien han vivido, y qué mal han muerto! Pero si bien se suele elegir cómo vivir, es más díficil elegir cómo se muere. Esas muertes tienen un sentido, pero no es el que se nos quiere hacer creer. La mentira y la manipulación siguen, y lo harán hasta el final. Cuando la mentira sustenta un sistema sólo la caída de ese sistema acaba con la mentira. Y todavía falta lo suyo para que eso ocurra. Pero ya estamos entrando en una nueva etapa...

Con la masacre de Charlie Hebdo vuelve la realidad como un elefante en una cacharrería. ¡Bienvenidos al mundo de las cosas verdaderas!

Las víctimas del 7 de enero son hoy el objeto de un culto oficial, que en la inmediatez de la emoción y el espanto, alcanza cuotas de desmesura. Es realmente el Sistema el que ha sido golpeado a través de un grupo de sus mejores y más entregados funcionarios. De ahí la movilización general ante un ataque que, aunque va dirigido a la existencia de la nación francesa, es sentida por el régimen imperante como un ataque personal, es decir contra lo que ellos representan. La principal preocupación del gobierno francés y sus acólitos y demás comparsas en estos momentos no es la probabilidad de una guerra (que ya le ha sido declarada a Francia y a toda Europa), sino que estos luctuosos hechos vienen a echar por tierra la credibilidad de su modelo de sociedad multicultural y diversa en armonia y "buen rollo".

Al observar el minuto de silencio nacional pedido por el gobierno y las fuerzas políticas francesas, no hemos podido escapar a un sentimiento de vergüenza al ver a un pueblo, como el francés, convertido en una masa amorfa presta a obedecer a la voz de su amo y jugar la triste puesta en escena de una representación destinada a reforzar a los mismos que han causado esta tragedia. El rebaño sigue dando vueltas sin ir a ninguna parte, totalmente hipnotizado por los mantras y las consignas de las élites corrompidas que lo conducen al matadero. Pues los mismos que hoy se ponen las caras de dolor y consternación para la función teatral de esta representación interactiva son los culpables de lo mismo que hoy fingen llorar.

El islamismo ha golpeado en las calles de Paris, llenando de sangre el empredado de la ciudad del arte y de la gloria. ¿Y qué esperaban? Francia y la Unión Europea en pleno, bajo las órdenes del Tio Sam (¿es necesario recordarlo?), ¿no vienen desde hace años derribando o intentando derribar regímenes árabes que son otras tantas piedras en el camino del dominio imperialista euroatlántico? ¿No vienen armando, en Libia primero, ahora en Siria (y en otras partes también) a grupos islamistas radicales iguales a los que han hecho correr la sangre en la dulce y despreocupada Francia?

Asistimos aquí al peregrino concepto de "terrorismo yihadista de geometría variable". Si los terroristas islamistas atacan y derrocan (o lo intentan) a regímenes que son reacios a someterse a la voluntad euroatlántica, entonces son buenos terroristas islamistas, y son rebautizados como "combatientes por la libertad" y "paladines de la democracia". Si en cambio estos terroristas islamistas se dedican a matar a ciudadanos franceses u europeos a domicilio, entonces son malos terroristas islamistas y no tienen derecho a ser rebautizados con ningún apelativo ennoblecedor... La clase política de nuestros países, la francesa en primer lugar, tiene en este episodio una excusa para esquivar una vez más sus responsabildades en medio de la palabrería grandilocuente y el énfasis en supuestos valores que en realidad son mentiras repetidas hasta el hartazgo.

Ahora, despues de décadas de prepararle una cama blandita al monstruo que tenemos hoy corriendo por las calles, las fauces abiertas y las garras ensangrentadas, la clase política juega a la sorpresa y la conmoción, y convoca a la unidad del buen pueblo al que han sacrificado ya en el altar de sus pervertidas teorías sociales, sus aberrantes ideologías antinaturales y sus demenciales políticas antinacionales.

Pero ya es tarde: el islamismo está aquí. Es ya demasido tarde: tenemos la guerra en casa. Occidente está perdiendo de momento, porque sus inhibiciones morales le impide ponerle nombre a su enemigo y la mentira que reina en todo su poder y su majestad arroja un velo negro sobre las conciencias de los que caminan con la mirada perdida de la mano de los traidores que los conducen hacia la catástrofe.

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