publi

¿Debemos desesperar?

Por Guillaume Faye |

No se trata de ser estúpidamente pesimista o tontamente optimista, sino cínicamente realista. Francia se parece a un ser que tiene inmensas cualidades que se encuentran en peligro por sus terribles defectos; a un enfermo que está grave pero que puede todavía curarse. El problema central se resume a esta constatación: es el mismo pueblo francés, en su mayoría, y no solamente sus élites, quien está cavando su tumba: ningún ideal colectivo, culto del mínimo esfuerzo y de la divesión a toda costa, resentimiento hacia el éxito ajeno, igualitarismo que preserva sus propios privilegios corporativistas, tolerancia inconsciente hacia la invasión migratoria, propension acobardada a la colaboración con los invasores, etc...

Son los valores los que están en juego. El mal alcanza al 50 % de los franceses, lo que es enorme. Sin embargo, el genio francés no es una vana palabra, en todos los terrenos. Pero solo concierne a una minoría. Una minoría activa que existe en todas las clases sociales. El genio francés (parte integrada del genio europeo de todos nuestros pueblos hermanos) no está muerto: está en peligro. Está amenazado a la vez por los invasores y por sus colaboradores, en las élites, los saboteadores. Francia no puede cambiar tranquilamente, debe recuperarse mediantes revoluciones, a través de crisis, no de reformas. Hace falta un dolor de dientes para decidirse a ir al dentista.

Pero las cosas evolucionan y la toma de conciencia y por lo tanto la rebelión de la Francia profunda son una posibilidad. El Front National es un elemento de la ecuación, pero no es el único ya que cualquier imprevisto puede surgir donde nadie se lo espera. Desde un punto de vista "dialéctico" la fracaso de la integración y de la asimilación es positivo. Lo peor hubiera sido que los inmigrantes adoptasen en masa el modelo francés y se sintieran profundamente franceses y europeos.

Al contrario, la islamización y las reivindicaciones identitarias de los inmigrantes son positivas porque marcan claramente la diferencia con el pueblo de origen. Asimsimo, la toma de conciencia de una convivencia imposible, además con la criminalidd inmigrantes, puede despertar al pueblo autóctono. Las leyes sobre las viviendas sociales obligatorias, endurecidas a partir de 2015 van a desilusionar a los franceses y hacerles ver en directo el infierno utópico de la convivencia étnica. (Actualmente, los ayuntamientos deben reservar un 20 % de alojamientos sociales para ciertas categorías de habitantes, sobre todo inmigrantes y minorías étnicas).

Sin quererlo y tal vez incluso sin saberlo, el izquierdismo inmigracionista e islamófilo está favoreciendo el despertar de la identidad francesa y europa, incluso entre las clases medias y superiores, antaño reservadas sobre esta cuestión. La utopía de la idea francesa como pertenencia estrictamente intelectual (o lingüística) se ha derrumbado. En cambio se restablece la antigua noción aristoteliana de que un pueblo, una nación, una ciudad, en resumen la esencia de una comunidad política e histórica se base en la philia, es decir sobre la pertenencia a las mismas raíces etnoculturales.

En ese sentido, la idea del Front National de insistir en la "integración" es una utopia, y se basa en un desconocimiento fundamental de lo que es el islam, que no busca ni la igualdad, ni la reconcilición, sino la sumisión.

El famoso genio francés es frágil. Si los mejores se van y son reemplazados por vagos e inútiles o fanáticos con un cerebro de gallina, el porvenir será negro. Esto es aplicable a nuestros vecinos europeos. Soy patriota francés y nacionalista europeo, e incluyo a Rusia, y hasta a la América del Norte de origen europeo, que es una proyección de europa. Pero este es otro debate.

Cuando uno reflexiona, los males que nos agobian son muys similares a los que precipitron el fin del Imperio Romanop. Ente el final del siglo III y la mitad del siglo V Roma cae por distintas causas: un Estado Providencia (panem et circences) costoso y creador de ociosidad mantenida, una fiscalidad de buitres y una impotencia radical frente a las invasiones bárbaras. La única solución para Francia, es la revolución. Ésta vendrá del choque con la realidad, de una toma de conciencia, del hartazgo en la vida diaria. la hipótesis revolucionario¡a es la única creible para Francia, y tal vez para Europa. Sólo el cirujano puede curar las heridas del enfermo, no el psiquiatra. Francia debe pasar por el bloque operatorio. Es duro, doloroso, pero es efectivo. Eso siempre será mejor que marchitarse en una cama. La guerra o la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada