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Europa no es tierra de islam

Por Vincent Revel |

Después de las manifestaciones, la unidad nacional y el eslógan "Yo soy charlie", ¿qué vamos a hacer? ¿De qué manera vamos a reaccionar y analizar la situación dramática en la que nos hemos empantanado nosotros mismos?

En el nombre de la convivencia y para evitar cualquier cosa que pudiera ofender a algunos está prohibido nombrar correctamente el peligro que debemos enfrentar. Algunos hablan de terrorismos (¡así, en plural!), otros evocan unos extremistas, todos con la intención de mantener la confusión y la opacidad sobre lo que realmente pasa. Sin embargo el problema es claro y preciso: Occidente está en guerra contra el islam político.

Esta constatación, difícil de establecer para nuestras élites desconectadas de la realidad, es hoy imposible de asumir porque eso nos llevaría obligatoriamente al cuestionamiento del multiculturalismo impuesto a la fuerza al occidente europeo. Según nuestros ideológos, ¡la única respuesta que hay que dar a la barbarie es la lucha contra el racismo y el antisemitismo! Con esta nueva escapatoria, podemos afirmar que lo ocurrido no les ha servido de lección.

Los islamistas franceses que ha partido a Siria, los Mohammed Merah, Kouachi, Amedy Coulibaly y otros, así como los yihadistas del Estado Islámico se han convertido en ejemplos al servicio de la propaganda islamista.

Sigamos cerrando los ojos, ¡los fundamentalistas ya se encargarán de abrirnóslos! Abandonemos nuestros principios, ¡algunos se encargarán de inculcar otros distintos a nuestros hijos! Pronto será tarde para reaccionar. Felizmente, ciertas personalidades fuertes, a veces de origen no europeo, nos recuerdan nuestros deberes y luchan para mantener vivos nuestros valores occidentales. Es el caso de la somalí Ayaan Hirsi Ali, cobardemente abandonada por su país de acogida, Holanda, por miedo de las represalias.

Nuestra voluntad de negar la evidencia no hará desaparecer la amenaza que pesa sobre nosotros de parte de los fundamentalistas musulmanes. Digan lo que dgan los militantes de la convivencia, estos locos de Alá sólo desean la muerte de Occidente. ¡Esa es la realidad!

Nos dicen que debemos respetar el islam, pero eso no significa que debamos hacerlo a cualquier precio. Nuestro país no tiene que adaptarse a las costumbres y los valores islámicos, ajenos y extraños en todo a nuestra civilización. No es Francia que debe cambiar para que el islam se integre en nuestra sociedad. El islam político, que pretende modificar nuestras leyes y nuestra identidad, no puede pretender tener su lugar en nuestra tierra.

No cerremos más los ojos ante la locura asesina engendrada por el islamismo. Hemos tardado casí 80 años para empezar a entender lo que eran los regímenes comunistas de Europa del este. ¿Cuanto tiempo vamos a necesitar para darnos cuenta de que el islamismo es una de las mayores plagas de este principio de siglo?

Que los islamistas, en los países de mayoría musulmana, quieran vivir según los preceptos de la sharia parece desgraciadamante comprensible, ya que el islam no es sólo una simple religión. El islam pesa como una losa sobre las libertades individuales de sus adeptos porque el islam es también una ideología política con una salvaje voluntad de dominarlo todo. Debemos imperativamente tomar consciencia de ese peligro.

Hoy, nuestro continente se encuentra otra vez en primer línea. A pesar de la presencia importante del islam en Francia, favorecido por una inmigración querida y fomentada por nuestra élite decadente, los valores islámicos no deben echar raíces en la tierra de nuestros ancestros. Francia y Europa no serán una tierra de islam.

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