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La incapacidad de Europa para gestionar eficazmente el problema de la inmigración

 

Cola_inmigrantes

Por Vincent Revel |

La mundialización ha trastocado las relaciones entre países. Siguiendo la libre circulación de las mercancias y los capitales, los flujos migratorios desplazan actualmente cada vez a más personas y escapan a todo control. Cada año, unos 200 millones de individuos buscan un futuro mejor fuera de las fronteras de sus países de origen. Cerca de 4 millones de ellos lo hacen de manera clandestina, de los cuales 500.000 se dirigen hacia Europa.

En este continente, el 10% de los 56 millones de inmigrantes están en situación irregular. Desde la desaparición de las fronteras interiores de la Unión Europea, a Grecia, Italia, Malta y España les corresponde la dura tarea de controlar las rutas de la inmigración proveniente de África y del Próximo Oriente. Las naciones del sur de Europa están completamente desbordadas por la amplitud de esos flujos migratorios incesantes y en constante crecimiento.

Ante esta situación explosiva. Francia pidió en su día un "pacto europeo para la inmigración" para evitar las políticas personales de cada Estado que permiten regularizaciones masivas, como el caso de España, con las 600.000 regularizaciones de ilegales del gobierno de Zapatero.

Esta generosidad, que no responde más que a criterios ideológicos, tiene una consecuencia desastrosa que es la estimular las redes clandestinas para mayor felicidad de las mafias que las controlan. Ese pacto hubiera tenido que prever el refuerzo de la protección de las fronteras y una definición común del derecho de asilo. Estamos en 2015 y todavía Europa no ha tomado consciencia de la magnitud del problema.

Es tiempo que este tema de la inmigración, cuestión de enorme importancia para los próximos años en la evolución de nuestro país y nuestro continente pueda ser analizado sin tabúes en completa libertad. Como dicen los expertos independientes, no a sueldo del poder ni contamidos por la ideología dominante: "la presión migratoria no está detrás de nosotros, sino delante". Lo peor está por llegar.

Las consecuencias demográficas de este fenómeno pueden ser enormes. La fecundidad de los inmigrantes es en promedio dos veces más alta que el de las mujeres francesas autóctonas y su masa (con sus descendientes) puden representar cerca del 24% de la población total francesa (o sea unos 16 millones de personas) y el 42% de los nacimientos en 2030.

Estas previsiones deben hacernos reflexionar. ¿Qué sociedad vamos a tener en 2030? ¿Vamos a ser capaces de abordar los temas "delicados"? ¿Vamos a tomarnos el derecho de cuestionar la sacrosanta verdad de lo políticamente correcto que dice que la inmigración es una bendición para Francia y Europa?

En el momento en que "El campamento de los Santos" de Jean Raspail toma forma ante nuestro ojos, en que los cargueros herrumbrados llenos de clandestinos no paran de llegar a nuestras costas, sería juicioso que los europeos abandonaran la ideología del supuesto progreso nacido de las Luces, modelado por la utopía del multiculturalismo y la religión de los derechos humanos para volver a ser pueblos dueños de su porvenir, su cultura y su civilización.

Europa debe reanudar con el hilo de su historia materializando eficazmente sus fronteras naturales para luchar contra esta inmigración masiva y esta política de despoblamiento europeo y abordar el tema de la remigración con convicción. No hay fatalidad, la civilización europea no está condenada a desaparecer bajo los golpes del neoliberalismo más salvaje y del comunismo disfrazado hoy bajo la bella figura humanista de los partidarios de la "convivencia". Estas dos ideologías materialistas, cuyo encuentro improbable arrastra nuestro continente hacia el caos, desean la muerte de los pueblos. Una para satisfacer su sed de riquezas, la otra por odio de Occidente y también por fidelidad a su herencia internacionalista, ambas tiene por vocación universalizar sus doctrinas.

Europa es su primera presa y la Gran Sustitución de población es la mejor prueba. Frente a ese cambio impuesto a los pueblos europeos, el riesgo es enorme de ver a nuestras sociedades dividirse en comunidades hostiles las unas con las otras. De la sociedad boba y "buen rollo" buscada por nuestros "deconstructores" de las tradiciones de nuestra historia, pasaremos rápidamente a una sociedad multiconflictual en la que el comunitarismo será rey y señor.

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