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[caption id="attachment_189370" align="aligncenter" width="585"]Yolanda Morín Yolanda Morín, editora de MinutoDigital.com en una concentración contra el islam[/caption]

Por Yolanda Couceiro Morín | Editora de MinutoDigital.com

El salvaje atentado contra la sede de Chalie Hebdo, el semanario satírico que en su día publicó unas caricaturas de Mahoma, arroja un balance de 12 muertos y numerosos heridos (algunos de ellos en estado crítico) en el momento de escribir estas líneas. La noticia nos horroriza y nos conmociona, pero no nos sorprende. Se esperaba desde hace un tiempo, sobre todo desde las últimas mensajes del Estado Islámico llamando a los musulmanes de Francia a golpear a los franceses en cualquier circunstancia y utilizando los medios que fueran. Después de los ataques del mes pasado protagonizados por yihadistas solitarios usando medios "artesanales" para reventar infieles, era de esperar otras acciones más efectivas y espectaculares a cargo de elementos más "profesionales". Ya está hecho.

A la consternación y al espanto por esta atrocidad, se añade ahora la angustia y el horror de saber que ya se ha dado el pistoletazo de salida para la yihad armada en Francia, y en otras partes de Europa. Esto empieza ahora. Las escenas dantescas vividas en la sede de Charlie Hebdo nos sitúan ya de lleno en el escenario tantas veces descrito y anticipado de una yihad "a domicilio". Bagdad, Mosul, Karachi... Los mismos degolladores que ensangrientan Siria, Irak, Pakistán y tantos y tantos lugares del mundo, ya han pasado a la acción en nuestras calles.

Las imágenes vistas en los distintos medios son el calco perfecto de esas otras tantas que hasta ahora los occidentales veíamos en Youtube o en la televisión. Decíamos hasta ayer que "ellos" están entre nosotros, afilando el alfanje con el que cortarnos el cuello. Debemos decir que ahora estamos en otra etapa: la del enfrentamiento directo, a la manera en que se da en otros escenarios de la yihad mundial.

Muchos somos los que venimos advirtiendo desde hace años de lo que no era dudoso que iba a ocurrir. Era cuestión de tiempo. Creo que ha llegado el momento de dejar de ejercer el papel ingrato de Casandra. A partir de ahora serán los mismos hechos los que hablarán mejor que cualquier "agorero", "provocador", "alarmista" o cosas aún peores, como hemos sido tratados (y lo seguiremos siendo durante tiempo todavía) los que vimos lo que avizoraba en el horizonte y lanzamos nuestro grito de alarma. Con escaso éxito hay que decir, pero había que hacerlo.

La salvajada del ataque contra Charlie Hebdo adquiere la fuerza de un símbolo. Es algo más que la muerte de unas personas inocentes lo que hay que lamentar. Es un ataque directo al corazón de nuestra civilización, nuestros valores, nuestros principios, nuestra cultura: Europa misma y sus pueblos. En la matanza perpetrada yace la voluntad genocidiaria de los invasores/colonizadores que se han instalado con armas y equipaje en nuesta tierra. "Todo aquél que se nos oponga será matado. No habrá vida alguna para los infieles. Alá lo manda así".

Los 12 muertos de hoy prefiguran los miles, cientos de miles y millones que estamos destinados al cuchillo de estos carniceros. Ya nadie puede llamarse a engaño, ni refugiarse en ensoñaciones y fantasías acerca de la convivencia, la tolerancia, la diversidad...

Pero es necesario no quedarse en la superficie de las cosas y apartar de una vez por todas ese engaño deshonesto, esa mentira piadosa, que pretende establecer una diferencia entre el islam y el islamismo. Esta ridícula excusa retrata demasiado bien a los cobardes que no quieren asumir la auténtica naturaleza del peligro, la verdadera esencia de la amenaza. El islam es incompatible con nuestro mundo, y por lo tanto no tiene cabida alguna entre nosotros. A corto o largo plazo, será inevitablemente ellos o nosotros. No hay una tercera vía.

La realidad nos golpea con su mano de hierro. Urge el despertar de una Europa a la que sólo le queda resistir para vencer o someterse para desaparecer.

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La yihad en el corazón de Europa

[caption id="attachment_189370" align="aligncenter" width="585"]Yolanda Morín Yolanda Morín, editora de MinutoDigital.com en una concentración contra el islam[/caption]

Por Yolanda Couceiro Morín | Editora de MinutoDigital.com

El salvaje atentado contra la sede de Chalie Hebdo, el semanario satírico que en su día publicó unas caricaturas de Mahoma, arroja un balance de 12 muertos y numerosos heridos (algunos de ellos en estado crítico) en el momento de escribir estas líneas. La noticia nos horroriza y nos conmociona, pero no nos sorprende. Se esperaba desde hace un tiempo, sobre todo desde las últimas mensajes del Estado Islámico llamando a los musulmanes de Francia a golpear a los franceses en cualquier circunstancia y utilizando los medios que fueran. Después de los ataques del mes pasado protagonizados por yihadistas solitarios usando medios "artesanales" para reventar infieles, era de esperar otras acciones más efectivas y espectaculares a cargo de elementos más "profesionales". Ya está hecho.

A la consternación y al espanto por esta atrocidad, se añade ahora la angustia y el horror de saber que ya se ha dado el pistoletazo de salida para la yihad armada en Francia, y en otras partes de Europa. Esto empieza ahora. Las escenas dantescas vividas en la sede de Charlie Hebdo nos sitúan ya de lleno en el escenario tantas veces descrito y anticipado de una yihad "a domicilio". Bagdad, Mosul, Karachi... Los mismos degolladores que ensangrientan Siria, Irak, Pakistán y tantos y tantos lugares del mundo, ya han pasado a la acción en nuestras calles.

Las imágenes vistas en los distintos medios son el calco perfecto de esas otras tantas que hasta ahora los occidentales veíamos en Youtube o en la televisión. Decíamos hasta ayer que "ellos" están entre nosotros, afilando el alfanje con el que cortarnos el cuello. Debemos decir que ahora estamos en otra etapa: la del enfrentamiento directo, a la manera en que se da en otros escenarios de la yihad mundial.

Muchos somos los que venimos advirtiendo desde hace años de lo que no era dudoso que iba a ocurrir. Era cuestión de tiempo. Creo que ha llegado el momento de dejar de ejercer el papel ingrato de Casandra. A partir de ahora serán los mismos hechos los que hablarán mejor que cualquier "agorero", "provocador", "alarmista" o cosas aún peores, como hemos sido tratados (y lo seguiremos siendo durante tiempo todavía) los que vimos lo que avizoraba en el horizonte y lanzamos nuestro grito de alarma. Con escaso éxito hay que decir, pero había que hacerlo.

La salvajada del ataque contra Charlie Hebdo adquiere la fuerza de un símbolo. Es algo más que la muerte de unas personas inocentes lo que hay que lamentar. Es un ataque directo al corazón de nuestra civilización, nuestros valores, nuestros principios, nuestra cultura: Europa misma y sus pueblos. En la matanza perpetrada yace la voluntad genocidiaria de los invasores/colonizadores que se han instalado con armas y equipaje en nuesta tierra. "Todo aquél que se nos oponga será matado. No habrá vida alguna para los infieles. Alá lo manda así".

Los 12 muertos de hoy prefiguran los miles, cientos de miles y millones que estamos destinados al cuchillo de estos carniceros. Ya nadie puede llamarse a engaño, ni refugiarse en ensoñaciones y fantasías acerca de la convivencia, la tolerancia, la diversidad...

Pero es necesario no quedarse en la superficie de las cosas y apartar de una vez por todas ese engaño deshonesto, esa mentira piadosa, que pretende establecer una diferencia entre el islam y el islamismo. Esta ridícula excusa retrata demasiado bien a los cobardes que no quieren asumir la auténtica naturaleza del peligro, la verdadera esencia de la amenaza. El islam es incompatible con nuestro mundo, y por lo tanto no tiene cabida alguna entre nosotros. A corto o largo plazo, será inevitablemente ellos o nosotros. No hay una tercera vía.

La realidad nos golpea con su mano de hierro. Urge el despertar de una Europa a la que sólo le queda resistir para vencer o someterse para desaparecer.

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