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Lo políticamente incorrecto como ideología de resistencia al mundialismo

Por Alain Soral |

¿Qué es el mundialismo? ¿Qué es lo políticamente correcto? Empecemos por el mundialismo.

El mundialismo no es la mundialización. La mundialización es un proceso ineludible de intercambios materiales debido al progreso técnico. No podemos oponernos a eso y tampoco es deseable hacerlo. El rechazo del la mundialización no es el deseo de una vuelta atrás civilizacional, el rechazo al progreso. Lo que está en tela de juicio es el mundialismo.

El mundialismo es un proyecto ideológico, una suerte de religión laica que trabaja para imponer un gobierno mundial y para la disolución de todas las naciones del planeta en una única humanidad. Todo ello bajo el pretexto de la paz universal, ya que la diversidad de naciones y pueblos es considerada como la causa de las guerras que ensangrientan el planeta desde el alba de la humanidad.

Este proceso ha estado lógicamente muy presente después de la 1ª Guerra Mundial, a través de la Sociedad de Naciones. Conoció un retroceso con la subida de los peligros que llevaron a la 2ª Guerra Mundial. Volvió con fuerza sobre los escombros de la Sociedad de Naciones después de 1945, con la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Declaración que no hay que confundir con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que concebía esos derechos en el marco concreto de una nación enraizada en un historia y una cultura: la nación francesa, en nombre de un modelo de civilizacional: el universalismo francés. Una civilización con un destino planetario, alternativo a la vez al islam de la umma y al liberalismo anglosajón).

Tenemos, pues, en oposición a las naciones y los pueblos considerados intrínsecamente belicosos, dos sistemas ideológicos surgidos de la 2ª Guerra Mundial: el socialismo ruso, hoy fenecido, y el capitalismo norteamericano, el gran vencedor, hasta ahora, de la Guerra Fría.

El mundialismo actual es hoy doble. Es a la vez un proyecto ideológico desviado de las Luces: un proyecto en que la paz universal, la humanidad reconciliada por la razón de Kant, que supuestamente iba a superar el oscurantismo de la escolástica que había desembocado en las guerras de religión en Europa, finalmente ha producido el obscurantismo de los Derechos Humanos.

Oscurantismo de los Derechos Humanos: o sea la prohibición, bajo acusación de blasfemia y de herejía, de utilizar a partir de ahora la Razón para criticar las fechorías concretas de este proceso totalitario sobre la humanidad concreta. Un mundialismo que es también, al mismo tiempo, la pendiente ineludible de la sociedad mercantil: ésta ha pasado de la libre empresa del empresario libre al capitalismo financiero orwelliano, en donde cada hombre es reducido al papel de asalariado y consumidor esclavo por lo que se denomina en el marxismo la “ley de concentración del capital impuesto por la baja tendencial de la tasa de provecho”.

Tenemos aquí la convergencia de dos procesos unificadores: uno ideológico, pensado: los Derechos Humanos universales, y el otro, económico, impuesto: la mercantilización integral bajo la religión del provecho. Dos procesos que se fundamentan hoy en un mismo proyecto, el del gobierno mundial bajo la égida del capitalismo anglosajón, en nombre de los abstractos Derechos Humanos.

Resumiendo: los derechos Humanos son hoy el catecismo de la disolución de los pueblos y las naciones con raíces, al servicio de la abstracción generalizada del capitalismo financiero mundializado, con vista a su dominación mundial e integral. O sea: dominación sobre nuestras carteras y nuestras almas.

Lo políticamente incorrecto

¿Qué es lo políticamente correcto? Lo políticamente correcto, es todo lo que acepta someterse, consciente o inconscientemente, al catecismo de los Derechos Humanos. Lo políticamente correcto es todo lo que resiste y se opone al catecismo de los Derechos Humanos. El “derecho-humanismo” no tiene nada que ver con los derechos reales de los hombres reales, ligados a su cultura local, a su nación, a su historia. El “derecho-humanismo” es el brazo armado ideológico del mundialismo, la palabrería que acompaña todo control, toda represión, todo aplastamiento de cualquier movimiento de resistencia al mundialismo económico e ideológico, ya sea militar, político o cultural. Es en nombre de los Derechos Humanos, que lleva aparejado, claro está, el derecho de “ingerencia humanitaria”, que se ha bombardeado a la pequeña nación serbia, por haber resistido en nombre de su cultura y de su historia, al rodillo compresor mundialista bajo mando norteamericano. Es en nombre de la ideología totaliatria y belicosa de los Derechos Humanos que se pisotea los derechos reales de los hombres reales. Ya se trate de serbios o de libios, iraquíes o sirios…

Pero también es en nombre de los Derechos Humanos que se destruyen, en el interior de las naciones y los pueblos, las solidaridades sociales tradicionales contra el capitalismo mundialista, al sustituir los logros sociales, en primer lugar los de los trabajadores y de las clases medias, por los derechos comunitarios de las minorías supuestamente oprimidas (en realidad minorías actuantes): derechos de los homosexuales, derechos de las mujeres, derechos de los jóvenes, derechos de los negros…, que son otros tantos segmentos de mercado al servicio del mundialismo ideológico y mercantil.

Toda resistencia a esta sumisión es considerada un crimen contra la Humanidad. Los serbios son los enemigos de la Humanidad, cuando en realidad tratan de preservar su modo de vida y su independencia. Si nos negamos a considerar a los homosexuales como una categoría social (los homosexuales no se limitan a un lobby gay autoproclamado y la sodomía no es más que una actividad de ocio privado), somos unos criminales. Y así sucesivamente… En resumen: todo rechazo a someterse a la estafa de estos supuestos Derechos Humanos, que consisten en realidad en someter a los hombres a la dominación mundialista mercantil, ¡es considerada por ese mismo poder otros tantos crímenes contra la Humanidad!

Estas sentencias de “crimen contra la Humanidad” permite en la práctica expulsar a quien es acusado de ello de la propia humanidad, rebajado al nivel de infrahombre sin derecho a gozar de esos famosos Derechos Humanos: pueblos alemán y japonés después de la 2ª Guerra Mundial, serbios, sirios, mañana tal vez iraníes, militantes y simpatizantes de partidos identitarios en Europa hoy… A los que se resisten a someterse, a los que quieren seguir su propio camino, se los expulsa de la humanidad, se los envilece y se los machaca…Todo ello en nombre de los más altos valores que en el mundo son: la Democracia, los Derechos Humanos, la Paz, la Concordia…

Aceptar la corrección política equivale aceptar la impotencia política y someterse a la dictadura de los Derechos Humanos y al chantaje del crimen contra la Humanidad y encontrarse en definitiva desnudo y desarmado frente a la ideología mundialista. El eslogan que resume mejor todo esto y que nos repiten sin cesar es el famoso “¡Nunca más eso!”, que no significa otra cosa que: “¡El mundialismo o Auschwitz!”, y para los recalcitrantes la no menos famosa reductio ad Hitlerum.

Para resumir: lo políticamente incorrecto no es para nada un inútil juego de provocaciones. Es en realidad, aunque no siempre se comprenda, la doctrina de resistencia al mundialismo. Es una doctrina de insumisión sin la cual la crítica limitada al mundialismo es insuficiente y hasta incoherente, como es incoherente lo políticamente incorrecto que no hace la critica de la doctrina liberal.

Luego, no solamente el pensamiento políticamente incorrecto no debe ser abandonado, sino reforzado. La izquierda, que dominaba antaño la escena con el marxismo, ha abandonado todo pensamiento, y se ha entregado al oscurantismo de los Derechos Humanos. En este tiempo presente en que ya nadie piensa ni en la izquierda ni en la derecha (ya que la derecha se conforma con hacer negocios), los nacionales, los identitarios, los patriotas, somos los únicos verdaderos y eficientes críticos del Sistema, y debemos ocupar el sitio desertado de las ideas y convertirnos en este desierto en los amos del pensamiento del mañana y encarnar el genio de las patrias europeas que no han de morir.

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