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Por Ulysse |

Charlie Hebdo representaba la peor forma de la ideología libertaria que, bajo el disfraz de la contestación y la transgresión, era potegida por el poder actual, del cual era el insigne agente simbólico y moral.

Los supuestos defensores de la libertad de expresión no eran más que los defensores sectarios de la expresión libertaria, y estaban dispuestos a todas la villanías cuando se trataba de atacar todo cuanto se oponía a su propia idelogía.

Charlie Hebdo no era más que una gran sopa relativista en la que todo lo que no se adecuaba a su visión compasional humanitarista mezclada con sus postulados marxistas era inmediatamente catalogada como fascista. Todo lo que no se aparentaba a los buenos sentimientos de estas bellas almas nihilistas idiotizadas era simplemente las premisas de la dictadura.

La verdad es que esa contestación anarco-nihilista escondía la realidad de un poder que subvencionaba la revista y sin el cual ésta hubiera desaparecido hace ya largo tiempo. En el fondo Charlie Hebdo encarnaba las aspiraciones morales (moralmente antimorales, deberíamos decir) de la generación del 68, aburguesada hasta la overdosis. Un monigote del poder, utilizado puntualmente para victimizar al patriotismo, usado a menudo para dar un barniz de "tolerancia" cuando se trataba de defender un "humanismo universalista", triste impostura que no tenía nada que ver con el de los grandes pensadores de otras épocas.

Lo que ha sido matado es el animal de compañía del Sistema, su caniche. Su fetiche también, su objeto mágico, una de las innumerables coartadas libertarias progresistas. No es de extrañar que las campanas repiquen por él. En efecto Charlie Hebdo era bien el umbral de una Iglesia, o cuanto menos su cripta: el lugar en donde la izquierda depositaba sus tesoros obscenos y vulgarmente conformistas, la escupidera donde lanzaba sus salivazos de viejos del 68 cansados de vivir. Escupían sobre todo lo que se parecía al orden, pero al hacerlo también promovían un orden: el del individuo sin ataduras y sin embargo sometido a un sistema que halaga sus más bajas pasiones y sus peores instintos para mejor controlarlo.

Lo que sido pulverizado ha sido el templo/escupidera de una izquierda cuya reivindicación de libertad no era más que el taparrabos del mundialismo más alienante.

Al atacar a Charlie Hebdo, los yihadistas no ha atacado la libertad de expresión. Han atacado por orden semántico de importancia: unas personas (las víctimas objetivas), el Estado (o mejor dicho: los restos de un Estado casi enteramente dominado por las fuerzas internacionales de la finanza), y finalmente la teología implícita que sostiene este Estado moribundo y el proyecto universalista del progresismo libertario: la idea de que el individuo no es libre sino cuando tiene permiso para vomitar todo cuanto no es suyo, al punto de volverse el censor de sus contradictores (Charlie Hebdo había pedido la ilegalización del Front National).

¿Que significa la muerte de Charlie Hebdo? Significa que la ideología libertaria, coartada del orden prometeo mundializado, ha muerto. Significa que a fuerza de querer evacuar de la realidad todo cuanto nos molesta de ella, es la realidad que acaba por evacuarnos. Significa que aquél que cree poder echar de la experiencia, por simple decreto arbitrario, todo lo que contraría sus designos, se encuentra rápidamente anulado por lo que la experiencia contiene de más irreductible: la violencia bruta, ciega, injusta.

Charlie Hebdo quería una vida de disfrute, sin más ataduras que no fuera si mismo. Charlie Hebdo ha sido destruido de manera inmanente por eso que se esforzaba en negar: el literalismo mahometano, o sea la forma más brutal y más tonta de la determinación histórica. Los hombres de Charlie se han burlado del francés con boína, y han recibido al fanático enturbanado. Han promovido la libertad criminalizando todo lo que no era conforme a su propia licencia, y han tenido la alienación espantosa y cruel de un juicio teocrático. Han despreciado el patriotismo, y su muerte ha provocado un movimiento del pueblo francés. Se han cagado en la Iglesia, y las campanas de Notre-Dame han sonado por ellos.

La muerte de Charlie Hebdo en una explosión de contradicciones es la revancha de la Historia contra todos los que pensaban haber salido de ella para flotar en el vacío de su hedonismo. Es trágico que esta revancha pase aquí por la venganza de una secta mahometana dañina y cruel. Era sin embargo ineluctable que un día u otro este nihilismo enloquecido sin Dios se topara con ese otro nihilismo de la secta de los locos de Dios...

El literalismo religioso más demente es la respuesta más simple que ha dado la Historia al liberalismo moral más idiota.

Lo que revela esta derrota ideológica aparece también en la proliferación vomitiva de los "Yo soy..." (Charlie, Kouachi, judío, etc...) Esta inflación reivindicativa tiene por lo menos un mérito objetivo: revela que en el conflcto interno del nihilismo, es la identidad, lo que está en juego es el ser y no otra cosa. Se trata de ser en la Historia, siempre, todo el tiempo, en todas partes. Ser, en lo personal, en lo familial, en lo nacional, en lo civilizacional...

Los que han manifestado el domingo pasado, han elegido su bando. ¿Son Charlie? Excluyen a los patriotas y alertan sobre los peligros de la islamofobia en el preciso momento en que el islam los destruye y despliega su odio contra Occidente. Realmente eso tiene el mérito de ser claro: son Charlie, es decir que ya están muertos.

No han comprendido nada, no han sacado ninguna lección, no ha entendido que el liberalismo libertario y el fanatismo literalista son las dos caras de una misma moneda: una cultura de muerte por la atomización individual, una cultura de muerte por la masacre ciega. Al proclamar que son Charlie, prolongan la noche de esta oscuridad progresista que no es más que el contrapunto del oscurantismo mahometano. Contribuyen, una y otra vez, a favorecer las condiciones de desarrollo de lo negativo que sin embargo los ha destruido casi por completo.

Nuestro ser, él está bien vivo, porque es francés. Éste no cree ni en la fábula del progreso, ni en el multiculturalismo, ni en la República abstracta, ni en el mundialismo sonriente. Lo que nos salva del enfrentamiento de Charlie y de la sharia no es Charlie. Éste ya ha perdido la batalla. La impostura de Mayo del 68 ha llegado a su fin hace pocos días. No, el nombre que salva de este conflicto es François. Porque en este nombre se inscribe la herencia de una nación, la exigencia de una fe, la promesa de una vida que ya ha demostrado que tiene la nobleza rigurosa de un destino.

Nuestros adversarios han sido extremadamente inteligentes al empezar a matar los que colaboraban desde hacía décadas en nuestra extinción. Al hacer esto, quieren que nos identifiquemos todavía más con los que niegan nuestra propia existencia como pueblos. La estrategia es límpida: provocar por el estupor de la masacre un reflejo de identificación con los valores de un órgano que se dedica a combatirnos desde el interior. Nos corresponde a nosotros ser más determinados e inteligentes que ellos. Nos toca oponernos a esta secta musulmana reconociendo que Charlie Hebdo, con sus lápices preparaba el terreno a los puñales de los que hoy nos saltan a la garganta. Nos corresponde a nosotros asumir que si Francia sobrevive a Charlie Hebdo es precisamente porque nunca se ha identificado con él.

Charlie está muerto y aquellos que lo siguen reivindicando también están muertos. Los demás están despiertos y vivos. Son Francia. Y son ellos los que ganarán la guerra que viene.

No son Charlie, no son nada: están muertos

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Por Ulysse |

Charlie Hebdo representaba la peor forma de la ideología libertaria que, bajo el disfraz de la contestación y la transgresión, era potegida por el poder actual, del cual era el insigne agente simbólico y moral.

Los supuestos defensores de la libertad de expresión no eran más que los defensores sectarios de la expresión libertaria, y estaban dispuestos a todas la villanías cuando se trataba de atacar todo cuanto se oponía a su propia idelogía.

Charlie Hebdo no era más que una gran sopa relativista en la que todo lo que no se adecuaba a su visión compasional humanitarista mezclada con sus postulados marxistas era inmediatamente catalogada como fascista. Todo lo que no se aparentaba a los buenos sentimientos de estas bellas almas nihilistas idiotizadas era simplemente las premisas de la dictadura.

La verdad es que esa contestación anarco-nihilista escondía la realidad de un poder que subvencionaba la revista y sin el cual ésta hubiera desaparecido hace ya largo tiempo. En el fondo Charlie Hebdo encarnaba las aspiraciones morales (moralmente antimorales, deberíamos decir) de la generación del 68, aburguesada hasta la overdosis. Un monigote del poder, utilizado puntualmente para victimizar al patriotismo, usado a menudo para dar un barniz de "tolerancia" cuando se trataba de defender un "humanismo universalista", triste impostura que no tenía nada que ver con el de los grandes pensadores de otras épocas.

Lo que ha sido matado es el animal de compañía del Sistema, su caniche. Su fetiche también, su objeto mágico, una de las innumerables coartadas libertarias progresistas. No es de extrañar que las campanas repiquen por él. En efecto Charlie Hebdo era bien el umbral de una Iglesia, o cuanto menos su cripta: el lugar en donde la izquierda depositaba sus tesoros obscenos y vulgarmente conformistas, la escupidera donde lanzaba sus salivazos de viejos del 68 cansados de vivir. Escupían sobre todo lo que se parecía al orden, pero al hacerlo también promovían un orden: el del individuo sin ataduras y sin embargo sometido a un sistema que halaga sus más bajas pasiones y sus peores instintos para mejor controlarlo.

Lo que sido pulverizado ha sido el templo/escupidera de una izquierda cuya reivindicación de libertad no era más que el taparrabos del mundialismo más alienante.

Al atacar a Charlie Hebdo, los yihadistas no ha atacado la libertad de expresión. Han atacado por orden semántico de importancia: unas personas (las víctimas objetivas), el Estado (o mejor dicho: los restos de un Estado casi enteramente dominado por las fuerzas internacionales de la finanza), y finalmente la teología implícita que sostiene este Estado moribundo y el proyecto universalista del progresismo libertario: la idea de que el individuo no es libre sino cuando tiene permiso para vomitar todo cuanto no es suyo, al punto de volverse el censor de sus contradictores (Charlie Hebdo había pedido la ilegalización del Front National).

¿Que significa la muerte de Charlie Hebdo? Significa que la ideología libertaria, coartada del orden prometeo mundializado, ha muerto. Significa que a fuerza de querer evacuar de la realidad todo cuanto nos molesta de ella, es la realidad que acaba por evacuarnos. Significa que aquél que cree poder echar de la experiencia, por simple decreto arbitrario, todo lo que contraría sus designos, se encuentra rápidamente anulado por lo que la experiencia contiene de más irreductible: la violencia bruta, ciega, injusta.

Charlie Hebdo quería una vida de disfrute, sin más ataduras que no fuera si mismo. Charlie Hebdo ha sido destruido de manera inmanente por eso que se esforzaba en negar: el literalismo mahometano, o sea la forma más brutal y más tonta de la determinación histórica. Los hombres de Charlie se han burlado del francés con boína, y han recibido al fanático enturbanado. Han promovido la libertad criminalizando todo lo que no era conforme a su propia licencia, y han tenido la alienación espantosa y cruel de un juicio teocrático. Han despreciado el patriotismo, y su muerte ha provocado un movimiento del pueblo francés. Se han cagado en la Iglesia, y las campanas de Notre-Dame han sonado por ellos.

La muerte de Charlie Hebdo en una explosión de contradicciones es la revancha de la Historia contra todos los que pensaban haber salido de ella para flotar en el vacío de su hedonismo. Es trágico que esta revancha pase aquí por la venganza de una secta mahometana dañina y cruel. Era sin embargo ineluctable que un día u otro este nihilismo enloquecido sin Dios se topara con ese otro nihilismo de la secta de los locos de Dios...

El literalismo religioso más demente es la respuesta más simple que ha dado la Historia al liberalismo moral más idiota.

Lo que revela esta derrota ideológica aparece también en la proliferación vomitiva de los "Yo soy..." (Charlie, Kouachi, judío, etc...) Esta inflación reivindicativa tiene por lo menos un mérito objetivo: revela que en el conflcto interno del nihilismo, es la identidad, lo que está en juego es el ser y no otra cosa. Se trata de ser en la Historia, siempre, todo el tiempo, en todas partes. Ser, en lo personal, en lo familial, en lo nacional, en lo civilizacional...

Los que han manifestado el domingo pasado, han elegido su bando. ¿Son Charlie? Excluyen a los patriotas y alertan sobre los peligros de la islamofobia en el preciso momento en que el islam los destruye y despliega su odio contra Occidente. Realmente eso tiene el mérito de ser claro: son Charlie, es decir que ya están muertos.

No han comprendido nada, no han sacado ninguna lección, no ha entendido que el liberalismo libertario y el fanatismo literalista son las dos caras de una misma moneda: una cultura de muerte por la atomización individual, una cultura de muerte por la masacre ciega. Al proclamar que son Charlie, prolongan la noche de esta oscuridad progresista que no es más que el contrapunto del oscurantismo mahometano. Contribuyen, una y otra vez, a favorecer las condiciones de desarrollo de lo negativo que sin embargo los ha destruido casi por completo.

Nuestro ser, él está bien vivo, porque es francés. Éste no cree ni en la fábula del progreso, ni en el multiculturalismo, ni en la República abstracta, ni en el mundialismo sonriente. Lo que nos salva del enfrentamiento de Charlie y de la sharia no es Charlie. Éste ya ha perdido la batalla. La impostura de Mayo del 68 ha llegado a su fin hace pocos días. No, el nombre que salva de este conflicto es François. Porque en este nombre se inscribe la herencia de una nación, la exigencia de una fe, la promesa de una vida que ya ha demostrado que tiene la nobleza rigurosa de un destino.

Nuestros adversarios han sido extremadamente inteligentes al empezar a matar los que colaboraban desde hacía décadas en nuestra extinción. Al hacer esto, quieren que nos identifiquemos todavía más con los que niegan nuestra propia existencia como pueblos. La estrategia es límpida: provocar por el estupor de la masacre un reflejo de identificación con los valores de un órgano que se dedica a combatirnos desde el interior. Nos corresponde a nosotros ser más determinados e inteligentes que ellos. Nos toca oponernos a esta secta musulmana reconociendo que Charlie Hebdo, con sus lápices preparaba el terreno a los puñales de los que hoy nos saltan a la garganta. Nos corresponde a nosotros asumir que si Francia sobrevive a Charlie Hebdo es precisamente porque nunca se ha identificado con él.

Charlie está muerto y aquellos que lo siguen reivindicando también están muertos. Los demás están despiertos y vivos. Son Francia. Y son ellos los que ganarán la guerra que viene.

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