Header Ads

"El islam nunca tuvo por meta convivir pacíficamente"

Guillaume Bernard, profesor universitario en el Institut Catholique d´Etudes Supérieures |

La práctica totalidad de la clase política se obstina en proclamar como evidente la heterogeneídad del islam y del islamismo así como la compatibilidad del primero con la República (y no, por cierto, con la cultura francesa). Cualquiera que disienta de esa afirmación es puesto inmediatamante fuera del círculo de las gentes respetables. Se ha vuelto díficil discutir de las ambicioines políticas del islam sin ser instantáneamente denunciado como islamófobo.

Guillaume Bernard_0Hay varias razones. Sin duda, algunos políticos quieren evitar sinceramente la estigmatización de los musulmanes, que son en principio pacíficos. Otros, más cínicos, intentan ciertamente proteger intereses electorales y conservar (¿por cuánto tiempo?) la paz social al precio de sacrificar la cultura autóctona y el poder público en ciertos lugares abandonados a organizaciones criminales o de encuadramiento religioso. Otros, más estrategas, hacen gala de mayor prudencia: sabiendo que existen territorios en vías de secesión, quieren evitar, antes de que sean tomadas medidas más firmes, la concienciación y la unión de la masas musulmanas todavía divididas en varias sensibilidades.

Sin embargo, es ante todo el orgullo lo que lleva a la mayoría de los políticos a una asombrosa ceguera mental que se manifiesta por el rechazo obstinado de ver el caracter imperialista del islam(simo). No pueden cambiar de política de inmigración, reconocer que las sociedades multiculturales son hiperconflictivas y que la asimilación de los inmigrantes (su conversión a la cultura francesa) no ha sido favorecida, sin confesar que desde hace décadas se han equivocado y/o mentido a los franceses. Se ven abocados a persistir en su error. Tienen una fe ciega en el crisol republicano, y están dispuestos a disimular todavía, después de las naturalizaciones masivas, el reemplazo demográfico diseminándolo por el conjunto del territorio. Los que denuncian estos errores no serían más que racistas.

Los políticos analizan el islam según sus criterios y no los del propio islam y se condenan por ello a no comprender nada a su ontología. Es así que reducen el islam a una fe individual, descartando su naturaleza política y jurídica. Piensan que estando circunstrito a la esfera privada, el islam es soluble en la ley. A esto se añade una convergencia intelectual formal. Islamistas y "republicanos" no están de acuerdo a priori sobre las dispocisiones de la ley, pero comparten la misma concepción en cuanto a su fuerza deóntica: hay que obedecerla, no porque permite realizar el bien, sino porque es la expresión de la voluntad supuesta del poder superior. En este esquema, muy alejado de la tradición clásica occidental, la misión a la ley es buena por principio. Es, pues, técnicamente posible colaborar con el proceso de isoamización en marcha, como lo anticipa Houellebecq en "Sumisión".

Autoengañándose, los políticos cuentan con el islam "moderado" para vencer a su versión radical. Se niegan a ver que esta diferencia sólo es de recibo en términos de medios y no de fines, ya que todas las formas del islam tienen el mismo objetivo: ¡la conquista! La hostilidad hacia Occidente no es el resultado del actual materialismo de este último. Su expansión militar comenzó desde su nacimiento en el siglo VII, en una época en que la civilización cristiana del Mediterráneo no practicaba el culto del dinero. La animosidad de los islamistas no apunta únicamente, porque los frena, a la laicidad. Los cristianos de Oriente y de África convertidos a la fuerza, reducidos a la esclavitud o masacrados no son precisamente los mayores defensores de esa laicidad. Ya sea "hard" (guerra militar) o "soft" (guerra cultural), la yihad busca el reino de la sharia. El islam nunca ha tenido como meta la conviviencia pacífica con las demás religiones, sino que siempre ha tratado de imponerse a ellas y sustituirlas.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.