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"Que sea condenado o no carece de importancia..."

RENAUDCAMUS

Por Renaud Camus |

El día 5 de enero ha tenido lugar el juicio por mi discurso "Lo dañino, instrumento de la Gran Sustitución". Mis amigos y simpatizantes se preocupan por mi defensa y se preguntan cómo hago para enfrentar esta situación, que se repite cada tanto. Mi defensa no es mi preocupación central. Ciertamente sería inconveniente que fuera condenado una vez más, tanto más que no tengo dinero, ya que mis ideas me han valido la pérdida de mis editores y mis ingresos, y en estas condiciones las multas son una especie de doble condena, en cierta manera. Pero esta no es la cuestión. A escala de la historia, y se trata de eso, aunque pueda parecer algo megalómano subrayarlo, que sea condenado o no carece de la menor importancia.

Lo importante es saber si lo que digo es la verdad o no. Sé que no todas las verdades son aptas para ser dichas. Sé que no siempre es lícito emitirlas. Pero no hablamos aquí de pequeñas verdades que atañan a personas, que pueden ser legítimamente, y sobre todo legal y jurídicamente, protegidas por el sello del secreto. No soy un defensor de la libertad de expresión absoluta. Sin embargo no veo en qué el hecho de exponer la verdad, o lo que me parece ser la verdad, pueda tener límites cuando se trata del destino de los pueblos, de la historia de las naciones, de la supervivencia de las civilizaciones. No sólo es mi derecho: es el más absoluto de los deberes.

Claro está, podemos equivocarnos acerca de la verdad. ¿Pero cómo ponerla a prueba si su expresión es prohibida? ¿Hay o no hay Gran Sustitución? ¿Hay o no hay en porciones crecientes del territorio nacional cambio de pueblo y consecuentemente cambio de civilización? ¿Esos cambios son deseables? ¿Esos cambios son deseados por el pueblo autóctono? ¿La inmigración masiva tiene el consentimiento de los franceses? La pregunta nunca les ha sido formulada y todo está dispuesto para que nunca lo sea. Esta tragedia, la condena a muerte de una de las más altas y más amables civilizaciones que la tierra haya engendrado, se lleva a cabo en el silencio y la represión, y todo está organizado para que ese crimen sea maquillado en suicidio, sometiendo a la víctima al atontamiento, mientras los buitres se reparten por adelantado la herencia.

Me entero por la prensa que la diputada del Front National, Marion Maréchal-Le Pen "avala la teoría de la Gran Sustitución del escritor de extrema derecha Renaud Camus, aunque toma sus distancias respecto de sus aspectos racialistas y complotistas". ¿Pero cuántas veces hay que repetir que la Gran Sustitución no es una teoría (¡ojalá lo fuera!)? Ésta se presenta en clave de civilización, es un hecho real, no se trata en ningún momento de una cuestión de complot. Y ese pobre Renaud Camus, o sea yo mismo, ni siquiera es un escritor de extrema derecha.

Ser un escritor de extrema derecha es una condición de la que estoy del todo alejado. Esa es una cultura que no es la mía, esas referencias me son completamente ajenas. Lo que me vale este "bonito" calificativo, es gritar que nuestro país está confrontado a la crisis más grave de su historia: la sustitución etnica y civilizacional. Y no soy el único: Raspail, Millet, Houellebecq, entre otros. No me parece nada mal que la vieja literatura, que esta nación ha amado tanto, todavía esté aquí para tratar de sacar a Francia de su aletargamiento, de su sopor, antes de que sea demasiado tarde. ¿Los jueces la van a hacer callar?

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