publi

La remigración es una buena idea, pero es demasido tarde para aplicarla

Mandalay, responsable de Résistance Républicaine-Bélgica |
Desde hace un cierto tiempo, vengo observando la acción del movimiento por la remigración, idea propuestra por Laurent Ozon, un intelectual y político identitario.

Este movimiento ha elaborado una reflexión y un proyecto estructurado de remigración, que va más allá de la fórmula lapidaria: "¡Te adaptas o te marchas!", dirigida a todos esos millones de extranjeros que ocupan nuestro país sin tener ninguna intención de integrarse ni de respetar la casa ajena que les ha abierto las puertas.

Desde el pundo de vista del "concepto", y por lo tanto únicamente teórico, toda iniciativa que busca encontrar una solución, cuanto más pacífica mejor, al problema que plantea el islam en nuestro país, es una iniciativa bienvenida.

Un proyecto claro y bien elaborado en vista de facilitar el retorno de los inmigrantes hacia sus distintos países de origen, es una propuesta que merece atención. Pero falta explicar claramente los mecanismos para llevar a cabo esa iniciativa.

La primera condición para empezar a tratar el tema es la de admitir la perogrullada de que hacen falta dos personas para establecer un diálogo. Hablo de diálogo, y no de palabrería pringosa de taqiyya que no llevan más que a un gasto inútil de saliva.

La segunda condición indispensable es de fijar(se) un límite que no se puede traspasar. Es el límite a partir del cual no es posible negociar nada ni obtener ningún resultado aceptable. Es el punto que bautizaremos: "punto Chamberlain/Daladier". Es el punto a partir del cual la frase de Churchill toma todo su sentido. Después de los acuerdos de Munich, Churchill dijo: "Habéis querido la paz, asi fuera al precio del deshonor. Pues tendréis la guerra y tendréis el deshonor".

Estamos actualmente frente a un proceso de invasión de nuestros países, por una inmigranción descontrolada, con el corolario de la Gran Sustitución de las poblaciones europeas. La advertencia de Renaud Camus es totalmente acertada.

Desde un punto de vista "práctico", la concreción de un proyecto de remigración, con largas negociaciones entre distintos Estados con intereses divergentes, me parece un ideal practicamente inaccesible por falta de tiempo.

Esta dificultad previsible no es una razón suficiente para no intentarlo, pero tampoco es una razón para ser estúpidamente optimista. Pienso que este tipo de negociaciones (si tienen lugar algún día...¿pero cuándo?) llegarán sin duda demasiado tarde. Para que el proyecto de remigración hubiera podido ser una solución eficaz y pacífica a la problemática de una inmigración vuelta incontrolable, hubiéramos tenido que iniciarlo hace 10 o 15 años.

Cuánto más pasa el tiempo, menos creo que la remigración sea una solución factible y pacífica a los problemas que tenemos hoy. Es una buena idea, pero llega muy tarde.

Hoy, esta inmigración, cada vez más visible, acrecienta los factores de conflicto al quererr imponer sus modos de vida, su cultura surgida de tradiciones que no son las nuestras y sus propios modos de pensar a las poblaciones de los países de acogida.

Esta minoría impone sus conceptos y su visión del mundo a los miembors de su comunidad, ¡pero además esta minoría exige a los que los reciben que se adpaten a sus conceptos! De lo contrario es la yihad y la muerte de los recalcitrantes.

Todos los factores que condicionan un conflicto civil (a escala de nuestro continente) están dados. Sólo la madurez de esos factores no ha sido todavía alcanzada. Ya sólo es cuestión de tiempo. Porque la guerra la tendremos, queramos o no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada