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El escritor vasco recuerda cuando Rosa Díez arremetía contra el vídeo de Ermua elaborado por el Departamento de Mayor Oreja en una clara estrategia de desmarcarse del aznarismo en el enfoque de la lucha antiterrorista. Esto ocurría en vísperas del nacimiento del Movimiento Cívico, de cuyo espíritu estaba muy lejos la entonces Consejera de Turismo.

A Rosa Díez se le acusa últimamente de cerril porque no da el brazo a torcer ante el deseo de muchos de sus compañeros de partido de unirse a Ciudadanos. Pero los mismos que le acusan de eso dan muchas veces por incuestionable la intachabilidad de su hoja de servicios en la lucha antiterrorista. En un artículo recientemente publicado en El Correo y titulado “La ‘cerrazón’ de Rosa”, Iñaki Ezkerra cuestiona ese “dogma” establecido por la desmemoria, el desconocimiento o la voluntad decidida de lavar el pasado. Haber estado desde el minuto cero en la resistencia contra ETA, como es el caso de Ezkerra, tiene la ventaja de conocer bien los entresijos de cómo se urdió la mencionada resistencia y de recordar los renuncios de ayer de muchos de los que nos dan lecciones hoy. El texto de Ezkerra, se enmarca en una serie de artículos que viene publicando desde hace un tiempo para desmontar esas lecciones interesadas y tardías de personajes como la vieja colaboradora de Ramón Járuregui y de aquella estrategia entreguista que se llamó “Giro Vasquista”. A Iñaki Ezkerra no se le puede negar el honor de haber denunciado siempre esa impostura incluso cuando no estaba bien visto. En este sentido, su texto tira una carga de produndidad contra algunos de los ahora agraviados por UPyD que hasta hace poco han colaborado en esa labor de maquillaje y “tienen una ética tan solidaria que sólo se indignan cuando les insultan y acusan a ellos”. Reproducimos el artículo del escritor vasco, que no tiene desperdicio.

Publicado por “El Correo” el 20 de abril de 2015

La “cerrazón” de Rosa

Iñaki Ezkerra

ezkerraHasta hace unos meses criticar a Rosa Díez y a su partido desde posiciones no nacionalistas no estaba bien visto. No era algo con lo que uno fuera a hacer amigos. Había desde quien te miraba con extrañeza y prevención hasta quien se tomaba cualquier comentario desfavorable a éstos como un sacrilegio contra lo que se llamó “el constitucionalismo”. Contra todos los demás partidos podías decir lo que quisieras, pero en torno a éste se había formado una protectora campana de gomosidad y pringosidad moraloides que provenía, paradójicamente, del hecho -a todas luces criticable- de haber usado el Movimiento Cívico Vasco, de raíz plural y transversal, para reconvertirlo en una opción política concreta y en un traje estrechito a la medida de su jefa. Dicha campana hoy se ha roto, pero uno, que tiene el honor de haber ignorado siempre esa clase de blindajes y esas consignas de rebaño, no siente la menor gratitud hacia los que ahora le dan el permiso que nunca necesitó para decir lo que opina porque por fin se han caído del guindo. Uno más bien se percata de que no se han caído del guindo lo suficiente pues “la cerrazón” que le reprochan a Díez o las acusaciones e insultos twitteros que les estremecen de Gorriarán son sólo la punta del iceberg de una forma sectaria, demagógica, táctica, destemplada y estalinista de entender la vida asociativa.

No. Lo grave no es la cerrazón. Eso es lo más venial del rosismo si me apuran. Lo grave es esa culturilla del tacticismo que ha distorsionado interesadamente la crítica a la política antiterrorista. Pocos recuerdan que en vísperas del nacimiento del Movimiento Cívico precisamente, o sea a comienzos del 98, Rosa Díez, en la táctica de marcar distancias con el PP aunque fuera en un terreno tan delicado, arremetía contra el vídeo sobre Ermua que había salido del Ministerio de Mayor Oreja. Lo que hace hoy es seguir marcando distancias pero en la dirección contraria, o sea pasar de la critica al PP por duro a la crítica al PP por blando y de llamar extrema derecha a todo ese partido a aliarse con su sector más derechista y extremista para hacerle la pinza al marianismo. Y luego está esa cultura del insulto que ha manejado dicha pinza, estos últimos siete años inolvidables que nos han dado. Están las acusaciones gratuitas de traición, corrupción y soborno al discrepante. Y están también algunos que tienen una ética tan solidaria que sólo se indignan cuando les insultan y acusan a ellos.

Sí. Hasta hace sólo unos meses si criticabas a Rosa Diez dabas mal rollo y si elogiabas a Albert Rivera dabas pena. Ahora que han cambiado las tornas y que los barandas de UPyD huyen en desbandada hacia Ciudadanos, uno desea que en ese viaje no trasladen los viejos vicios a este último partido sino que se los dejen por el camino como se han dejado sin ningún problema la bandera federalista.

Iñaki Ezkerra vuelve a refrescarnos la memoria histórica sobre quién es Rosa Díez

El escritor vasco recuerda cuando Rosa Díez arremetía contra el vídeo de Ermua elaborado por el Departamento de Mayor Oreja en una clara estrategia de desmarcarse del aznarismo en el enfoque de la lucha antiterrorista. Esto ocurría en vísperas del nacimiento del Movimiento Cívico, de cuyo espíritu estaba muy lejos la entonces Consejera de Turismo.

A Rosa Díez se le acusa últimamente de cerril porque no da el brazo a torcer ante el deseo de muchos de sus compañeros de partido de unirse a Ciudadanos. Pero los mismos que le acusan de eso dan muchas veces por incuestionable la intachabilidad de su hoja de servicios en la lucha antiterrorista. En un artículo recientemente publicado en El Correo y titulado “La ‘cerrazón’ de Rosa”, Iñaki Ezkerra cuestiona ese “dogma” establecido por la desmemoria, el desconocimiento o la voluntad decidida de lavar el pasado. Haber estado desde el minuto cero en la resistencia contra ETA, como es el caso de Ezkerra, tiene la ventaja de conocer bien los entresijos de cómo se urdió la mencionada resistencia y de recordar los renuncios de ayer de muchos de los que nos dan lecciones hoy. El texto de Ezkerra, se enmarca en una serie de artículos que viene publicando desde hace un tiempo para desmontar esas lecciones interesadas y tardías de personajes como la vieja colaboradora de Ramón Járuregui y de aquella estrategia entreguista que se llamó “Giro Vasquista”. A Iñaki Ezkerra no se le puede negar el honor de haber denunciado siempre esa impostura incluso cuando no estaba bien visto. En este sentido, su texto tira una carga de produndidad contra algunos de los ahora agraviados por UPyD que hasta hace poco han colaborado en esa labor de maquillaje y “tienen una ética tan solidaria que sólo se indignan cuando les insultan y acusan a ellos”. Reproducimos el artículo del escritor vasco, que no tiene desperdicio.

Publicado por “El Correo” el 20 de abril de 2015

La “cerrazón” de Rosa

Iñaki Ezkerra

ezkerraHasta hace unos meses criticar a Rosa Díez y a su partido desde posiciones no nacionalistas no estaba bien visto. No era algo con lo que uno fuera a hacer amigos. Había desde quien te miraba con extrañeza y prevención hasta quien se tomaba cualquier comentario desfavorable a éstos como un sacrilegio contra lo que se llamó “el constitucionalismo”. Contra todos los demás partidos podías decir lo que quisieras, pero en torno a éste se había formado una protectora campana de gomosidad y pringosidad moraloides que provenía, paradójicamente, del hecho -a todas luces criticable- de haber usado el Movimiento Cívico Vasco, de raíz plural y transversal, para reconvertirlo en una opción política concreta y en un traje estrechito a la medida de su jefa. Dicha campana hoy se ha roto, pero uno, que tiene el honor de haber ignorado siempre esa clase de blindajes y esas consignas de rebaño, no siente la menor gratitud hacia los que ahora le dan el permiso que nunca necesitó para decir lo que opina porque por fin se han caído del guindo. Uno más bien se percata de que no se han caído del guindo lo suficiente pues “la cerrazón” que le reprochan a Díez o las acusaciones e insultos twitteros que les estremecen de Gorriarán son sólo la punta del iceberg de una forma sectaria, demagógica, táctica, destemplada y estalinista de entender la vida asociativa.

No. Lo grave no es la cerrazón. Eso es lo más venial del rosismo si me apuran. Lo grave es esa culturilla del tacticismo que ha distorsionado interesadamente la crítica a la política antiterrorista. Pocos recuerdan que en vísperas del nacimiento del Movimiento Cívico precisamente, o sea a comienzos del 98, Rosa Díez, en la táctica de marcar distancias con el PP aunque fuera en un terreno tan delicado, arremetía contra el vídeo sobre Ermua que había salido del Ministerio de Mayor Oreja. Lo que hace hoy es seguir marcando distancias pero en la dirección contraria, o sea pasar de la critica al PP por duro a la crítica al PP por blando y de llamar extrema derecha a todo ese partido a aliarse con su sector más derechista y extremista para hacerle la pinza al marianismo. Y luego está esa cultura del insulto que ha manejado dicha pinza, estos últimos siete años inolvidables que nos han dado. Están las acusaciones gratuitas de traición, corrupción y soborno al discrepante. Y están también algunos que tienen una ética tan solidaria que sólo se indignan cuando les insultan y acusan a ellos.

Sí. Hasta hace sólo unos meses si criticabas a Rosa Diez dabas mal rollo y si elogiabas a Albert Rivera dabas pena. Ahora que han cambiado las tornas y que los barandas de UPyD huyen en desbandada hacia Ciudadanos, uno desea que en ese viaje no trasladen los viejos vicios a este último partido sino que se los dejen por el camino como se han dejado sin ningún problema la bandera federalista.

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