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El problema es que tenemos miedo de hablar de él

Por David Bittan Obadia |
Cuando el Papa Francisco, en un pequeño círculo y entre pocas personas todos a su alrededor, nos comentaba en tono de mucha preocupación que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, yo no lo entendí, o de pronto no quería aceptar tal idea. Pero realmente, al pasar los días y ver cómo siguen sucediendo cosas tan aberrantes (asesinatos en masa, persecución sistemática a grupos en atención a sus creencias, imposición de ideas y cultura sobre otros, destrucción de ciudades, de iglesias y centros de oración, desplazamientos forzosos de personas, secuestros, torturas, sometimientos a esclavitud a menores, niñas que son obligadas a contraer matrimonio y humillan sexualmente) ya logro reconocer que el Papa tenía razón y que la cosas están peor de lo que yo apreciaba.

Esta no es muy diferente a la Segunda Guerra Mundial, pues los denominadores comunes están a la vista. El mundo sabe lo que ocurre y calla. El problema es que tenemos miedo de hablar del problema, tememos represaría del agresor. El agresor se vende más fuerte de lo que es, la campaña publicitaria penetró a todos los rincones del mundo y muchos ya duermen con el enemigo cerca.

Al final, no atender estas campanas costara muy caro, pues hoy ya es tarde para actuar. Somos muy delicados para no herir las “susceptibilidades”, nos da miedo decir estamos en contra de la matanza, del “Yihadismo”, decir “lo rechazamos, es pecado”, ni hablar de manifestar en público. Entonces nos tenemos que limitar a escuchar la misma cantaleta, las declaraciones de algunos que se producen de manera automática casi al instante de ocurrir un evento criminal terrorista: “Lamentamos mucho lo ocurrido este evento es ajeno a nuestra creencia”, “jamás sospechamos que este feligrés fuera capaz de este horror pues no daba señales de radicalización”. Y todos tragamos, me pregunto: ¿por qué y hasta cuándo?

Hoy extrañamente escuche en CNN español a una valiente llamada Pamela Gueller que organizaba un evento o manifestación de rechazo al terrorismo, con motivo de los recientes sucesos de Baltimore. Textualmente decía: “La yihad esta en apogeo, vemos las matanzas de cristianos en Iraq, Siria, Nigeria, Congo la Republica de África Central, y lo único que podemos hablar es del miedo a la venganza. No tiene sentido. Tenemos que poder discutirlo y cuando me digan que soy anti musulmana lo siento, pero soy anti yihad. Si insisten con que soy anti musulmana por esa posición, entonces implica que todos los musulmanes apoyan la yihad. Unos dicen que hablar es una provocación a los extremistas y esto es inaceptable”.

Baltimore es el primer aparente atentado terrorista de ISIS en USA, quienes amenazan con nuevos ataques. Me pregunto si esto se confirma, ¿que hará el gobierno del presidente Obama? Lamentablemente me entristece sobremanera ver que esto pase a un pueblo noble (pero no incrédulo) como el norteamericano, quienes abrieron sus puertas a los inmigrantes, respetaron sus creencias, gastaron sus recursos para educarlos y asistirlos con la seguridad social, y ahora, de manera injusta, muchos de ellos pagan de esta manera. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, y el efecto “alacrán” solo confirma lo que está viviendo un país tan importante, pero tranquiliza escuchar que no se quedaran de brazos cruzados. Allí el imperio de la ley es preponderante a cualquier costo.

Yo estoy absolutamente convencido de que los hechos del terror no representan los fundamentos del Islam, y lo he repetido públicamente siempre. Tengo buenos amigos que profesan esa fe. Sin embargo son ellos los principalmente llamados a identificar a los intolerantes, pues las primeras víctimas son los propios musulmanes, de lo contrario la islamofobia será el fenómeno de esta era, de estos días de estas semanas.

Hay soluciones para este problema, claro que las hay. Serán drásticas, por supuesto, y no populares también. Pero con apego a los “derechos humanos de los extremistas” ya es tiempo de ponerse colorado de una vez y basta de titubeos.

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