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Por Alberto Ramos |
La inversión de la realidad es una acrobacia mental que cada día está más de actualidad en los grandes medios. Ya no es una moda, se ha convertido en una regla de expresión. Se toma uno o varios hechos: ya no se trata de desnaturalizarlos, como ya era costumbre desde hace tiempo, ahora se les da la vuelta completa fabricando el exacto contrario: el agua de mar es dulce, Santiago Carrillo no tuvo nada que ver con Paracuellos, Adolfo Suarez es el Restaurador de la Democracia, el Rey de España es un trabajador infatigable y Rajoy es un hombre. Esto sólo por quedarnos en casa.

Estas afirmaciones idiotas nos hacen reir. Sin embargo, es el tipo de cosas que oímos todos los días tanto en política doméstica como en materia de geopolítica internacional. Ayer fue Milosevic que sembraba el terror en nombre de la Gran Serbia, cuando en realidad siempre se opuso a ella, o Sadam Hussein, que amenazaba al mundo con unas armas de destrucción masiva que nunca existieron, o Gadafi, que arrasaba su país que había transformado en realidad en la nación más próspera de África. Hoy es Bashar Al-Assad, que supuestamente masacra a su pueblo cuando lo que está haciendo es protegerlo de los grupos terroristas como Al-Qaeda, el Estado Islámico y otros similares, o es Putin, que ha restablecido, nos dicen, una dictadura en una Rusia que ha levantado espectacularmente de la pésima situación en la que se encontraba hace poco más de una década.

Ya que hablamos de Putin… Es el nuevo demonio. Está en el origen de todas los crímenes. Este es el relato oficial de sus fechorias recientes: ha machacado salvajemente a los patriotas chechenos (pacificando y reconstruyendo la república caucásica). Ha atacado a Georgia (cuando fue agredido por Saakashvili). Es un peligro para los EEUU (que han rodeado a Rusia con sus bases militares). Aterroriza a Polonia (que ha instalado bases de misiles US a las puertas de Rusia). Y sobro todo, se inmiscuye en Ucrania apropiándose de Crimea (un territorio… que es ruso). Pocas veces hemos asistido a un recital igual de mentiras, y tergiversaciones repetidas a diario por personas que niegan la evidencia y caminan cabeza abajo.

En Kosovo, estos mentirosos han fabricado un Estado mafioso arrancando una provinca a Serbia; es decir, que se han borrado las fronteras de un país soberano, pero de pronto se acuerdan de la existencia de fronteras en Ucrania para tratar de impedir que Rusia recupere un trozo de su territorio histórico. Estos proclaman el fin de la era de las ingerencias justo en el momento en que tratan de derrocar un gobierno en Damasco y han puesto una camarilla fantoche en Kiev. Condenan sin cesar la transgresión de la legalidad internacional y el no acatamiento de la autoridad de las Naciones Unidas, cuando en realidad no hacen otra cosa desde hace décadas en decenas de países minados por subversiones organizadas, revoluciones de color o invasiones armadas.

Hemos visto recientemente en la crisis ucraniana y en la tragedia siria lo más increible: jefes de Estado y de gobiernos europeos, occidentales y similares, ponerse del lado de la subversión y del extremismo, tomar partido por la violencia y la violación del derecho internacional y los derechos humanos, dar respaldo económico y diplomático a bandas armadas dirigidas por criminales sanguinarios y revoltosos golpistas… Y todo ello con la mejor de las conciencias y la mayor sangre fría ante la tragedia y el infortunio de pueblos enteros, que si no supieran en nombre de qué son objeto de los criminales manejos de sus torturadores. No ignoran el nombre de sus verdugos: Obama, Cameron, Hollande, Merkel, Netanyahu, Erdogan…

Éste es un mundo enloquecido en manos de los peores, que se arrogan el papel de los “buenos”. ¿Hasta cuando seguiremos soportando esto?

Lo blanco es negro y lo negro es blanco: Un mundo enloquecido en el que los peores se arrogan el papel de "buenos"

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Por Alberto Ramos |
La inversión de la realidad es una acrobacia mental que cada día está más de actualidad en los grandes medios. Ya no es una moda, se ha convertido en una regla de expresión. Se toma uno o varios hechos: ya no se trata de desnaturalizarlos, como ya era costumbre desde hace tiempo, ahora se les da la vuelta completa fabricando el exacto contrario: el agua de mar es dulce, Santiago Carrillo no tuvo nada que ver con Paracuellos, Adolfo Suarez es el Restaurador de la Democracia, el Rey de España es un trabajador infatigable y Rajoy es un hombre. Esto sólo por quedarnos en casa.

Estas afirmaciones idiotas nos hacen reir. Sin embargo, es el tipo de cosas que oímos todos los días tanto en política doméstica como en materia de geopolítica internacional. Ayer fue Milosevic que sembraba el terror en nombre de la Gran Serbia, cuando en realidad siempre se opuso a ella, o Sadam Hussein, que amenazaba al mundo con unas armas de destrucción masiva que nunca existieron, o Gadafi, que arrasaba su país que había transformado en realidad en la nación más próspera de África. Hoy es Bashar Al-Assad, que supuestamente masacra a su pueblo cuando lo que está haciendo es protegerlo de los grupos terroristas como Al-Qaeda, el Estado Islámico y otros similares, o es Putin, que ha restablecido, nos dicen, una dictadura en una Rusia que ha levantado espectacularmente de la pésima situación en la que se encontraba hace poco más de una década.

Ya que hablamos de Putin… Es el nuevo demonio. Está en el origen de todas los crímenes. Este es el relato oficial de sus fechorias recientes: ha machacado salvajemente a los patriotas chechenos (pacificando y reconstruyendo la república caucásica). Ha atacado a Georgia (cuando fue agredido por Saakashvili). Es un peligro para los EEUU (que han rodeado a Rusia con sus bases militares). Aterroriza a Polonia (que ha instalado bases de misiles US a las puertas de Rusia). Y sobro todo, se inmiscuye en Ucrania apropiándose de Crimea (un territorio… que es ruso). Pocas veces hemos asistido a un recital igual de mentiras, y tergiversaciones repetidas a diario por personas que niegan la evidencia y caminan cabeza abajo.

En Kosovo, estos mentirosos han fabricado un Estado mafioso arrancando una provinca a Serbia; es decir, que se han borrado las fronteras de un país soberano, pero de pronto se acuerdan de la existencia de fronteras en Ucrania para tratar de impedir que Rusia recupere un trozo de su territorio histórico. Estos proclaman el fin de la era de las ingerencias justo en el momento en que tratan de derrocar un gobierno en Damasco y han puesto una camarilla fantoche en Kiev. Condenan sin cesar la transgresión de la legalidad internacional y el no acatamiento de la autoridad de las Naciones Unidas, cuando en realidad no hacen otra cosa desde hace décadas en decenas de países minados por subversiones organizadas, revoluciones de color o invasiones armadas.

Hemos visto recientemente en la crisis ucraniana y en la tragedia siria lo más increible: jefes de Estado y de gobiernos europeos, occidentales y similares, ponerse del lado de la subversión y del extremismo, tomar partido por la violencia y la violación del derecho internacional y los derechos humanos, dar respaldo económico y diplomático a bandas armadas dirigidas por criminales sanguinarios y revoltosos golpistas… Y todo ello con la mejor de las conciencias y la mayor sangre fría ante la tragedia y el infortunio de pueblos enteros, que si no supieran en nombre de qué son objeto de los criminales manejos de sus torturadores. No ignoran el nombre de sus verdugos: Obama, Cameron, Hollande, Merkel, Netanyahu, Erdogan…

Éste es un mundo enloquecido en manos de los peores, que se arrogan el papel de los “buenos”. ¿Hasta cuando seguiremos soportando esto?

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