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Francisco Albanese | #NoOraremosPorParis

Francisco Albanese |

En el hecho de orar, hay una disposición a someterse a algún tipo de voluntad ajena, externa. En el hecho de orar, hay rendición y acatamiento. En efecto, la sola idea del slogan #PrayForParis resume todos aquellos valores que representan a la enorme fracción de la raza blanca fatalista, etnomasoquista, bien pensante y estática que está condenada a su eventual desaparición si no se sacude el polvo de los ojos y decide abandonar su inercia.


La tragedia de Occidente proviene desde su interior, pues cuando el espíritu es débil, el exterior puede atacar al núcleo hasta hacer colapsar toda la paz y seguridad por la que otros, antes, tuvieron que luchar y morir para que, en el presente, las grandes corporaciones y gobiernos pudieran tener un caldo de cultivo perfecto para mantener un poder efímero aunque despiadado por sobre las masas a las que ven como un número, masas a las que no sienten ninguna responsabilidad.

Se promoverá el lloriqueo de las bases, para que las personas comunes depositen toda su confianza en las acciones militares de sus correspondientes gobiernos. Habrá pruebas que apunten a los responsables (o “responsables”), habrá bombardeos, habrá venganza y fuck yeah, habrá todo lo necesario para que las bases queden satisfechas porque ningún crimen quedó impune. Y todo seguirá igual, porque éste es un sistema organizado para crear caos y, a través de este caos, mantener el control sobre las masas ciegas, sumisas y castradas.

Si alguien paga, entonces el cerebro interpreta como que se hizo justicia y el Universo vuelve a estar en equilibrio. Pero no importa quien pague, sino sólo el hecho que alguien pague. Históricamente, de esta manera la plebe ha sido calmada por siglos. Como no soy un poseedor de la verdad absoluta ni aspiro a serlo, no puedo afirmar con seguridad quién es el autor del atentado múltiple en París, pero soy un creyente que el destino de los pueblos está regido primero por los mismos pueblos, y luego por las circunstancias del entorno, y si el pueblo, es decir, la gente, es indolente, pusilánime, pacifista y sumisa, entonces su falta de vitalidad la volverá presa fácil de cualquiera que goce de la vitalidad suficiente para barrer con él.

A Occidente le gusta sufrir, tiene adicción a las lágrimas. Anteayer lloraba por las víctimas de Charlie Hebdo, ayer daba la bienvenida a los refugiados y hoy llora por París. Mañana, sin importar el motivo, Occidente estará llorando por otra cosa, pues ésa es la actitud que marca una y otra vez los hechos: llantos, lamentaciones, petición de explicaciones al cielo, condenas a la violencia, y un montón de gestos afeminados que, en realidad, no tienen ninguna importancia. Los gobiernos hacen y deshacen con la gente pues viven en una realidad paralela, mientras que la ciudadanía es la que tiene que enfrentar las consecuencias de su propia debilidad en el día a día.
Éste es el momento de dejar la inercia y comenzar a vivir, es ahora cuando hay que dejar de pensar en la Humanidad como el bien más preciado y dejar de ver a otros como iguales. Que unos pocos quieran unir a la humanidad en amor, colores y buenos deseos, no significa que los millones que no pertenecen a esa mentalidad se vayan a convertir milagrosamente en blancas palomas de la paz, o que se vayan a convertir en palomas, o que vayan a adquirir color blanco.

Don’t pray for Paris. If you want to pray, then pray for war.

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