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La sensibilidad no es igualitaria

Francisco Albanese |

Todo hecho tiene consecuencias, y cuando las consecuencias incluyen gestos, quienes hacen dichos gestos están bajo la mirada juzgadora de otros, quienes se encargan de señalar la inconsecuencia, incoherencia e inconsistencia de los discursos de las personas ante distintas situaciones. Occidente es una zona donde uno está constantemente siendo juzgado por sus dichos, acciones y procederes, por cierta necesidad que tenemos de exigir que otros sean mejores, demostrando integridad en su actuar.

Las críticas progresistas e igualitaristas a la sensibilización occidental tras los múltiples ataques perpetrados en Francia el día de ayer, 13 de Noviembre, han apuntado a la notoria diferenciación e imparcialidad en la apreciación respecto de los hechos trágicos cuando ocurren en un lado y otro del mundo: para Estados Unidos y Europa hay más lágrimas que las que podría haber jamás para Oriente o África. Esto es un hecho, y basta ver los titulares en los periódicos del mundo o las reacciones en las redes sociales en relación a distintos estímulos para notar cómo el público que conocemos siente más pesar por unos que por otros.

Muy probablemente, la mayoría de las lágrimas derramadas en nombre de la Humanidad por las víctimas francesas, provenga de individuos europeos y eurodescendientes partidarios del igualitarismo. ¿Cómo se explicaría, entonces, que haya preferencia por unos antes que otros, siendo que es gente que piensa que todos los seres humanos son, en esencia, iguales de maravillosos y especiales?

La naturaleza humana se encarga de poner al hombre en su lugar, pone sus pies en la tierra y le hace recordar que las construcciones sociales y culturales humanas son eso: construcciones, y las construcciones se levantan, y también pueden derrumbarse. Puede que algunos quieran pensar que existe algo maravilloso y especial en cada persona, haciéndolos a todos iguales, pero el ser humano, de forma instintiva, se preocupará de lo que parezca más cercano a él. Un negro sufrirá antes por un negro que por un blanco, y un blanco sufrirá antes por un blanco que por un negro y, posiblemente, un blanco de Europa occidental sufrirá más por un blanco de Europa occidental antes que por un blanco de Europa oriental.

Los seres humanos no somos autómatas que sean capaces de dar prioridad a la información insertada antes que a la información default en nuestro sistema. Algunos pueden luchar por deconstruir al ser humano, pero dejarlo como una hoja en blanco es algo que involucraría hacer cambios rotundos a nivel biológico, cosa prácticamente impensable.
Pero, como no soy progresista, mi conciencia “cruel” y discriminadora está tranquila: preferiré a los míos siempre, los otros tendrán a los suyos para que se preocupen por ellos. No siento la necesidad de jugar el esquizofrénico juego humanitario de abrazar a toda la Humanidad como igual y socializar mi aprecio, para repartirlo entre todos. Si los otros no se preocupan por los nuestros, ¿por qué razón deberíamos sentirnos mal por no preocuparnos de ellos y sí preocuparnos por los nuestros?

Nada malo hay en demostrar preocupación por los tuyos. Hay que aprender que la xenofilia sólo es una realidad en la mente de los progresistas.

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