publi

La España sin pulso. versión 2.0

¿Recuerdan ustedes el célebre artículo de “La España sin pulso”? Fue redactada por Francisco Silvela en pleno proceso de introspección nacional tras el Desastre del 98. Un texto que dibujaba una España desanimada, desesperanzada, abatida, pesimista e indiferente ante la crisis padecida ¿Aprecian algo parecido en la España actual? Seguro que sí. Este es un extracto del texto:


“Varones ilustres, ¿hasta cuándo seréis de corazón duro? ¿Por qué amáis la vanidad y vais tras la mentira?”  Isaías, Salmo IV

“Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo, pero no se oye nada, no se percibe agitación en los espíritus, ni movimientos en las gentes.

Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal, discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios, pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España: donde quiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Monárquicos, republicanos, conservadores, liberales, todos los que tengan algún interés en que este cuerpo nacional viva, es fuerza se alarmen y preocupen con tal suceso. Las turbulencias se encauzan: las rebeldías se reprimen, hasta las locuras se reducen a la razón por la pena o por el acertado régimen, pero el corazón que cesa de latir y va dejando frías e insensibles todas las regiones del cuerpo, anuncia la descomposición y la muerte al más lego (…) Sólo se advierte una nube general de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vidas, ni costumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para qué, le toque ocupar el Gobierno”.

Además de esta atribulada situación reflejada en el pasaje y que podría ser trasladable al presente, no menos grave es la cuestión de la evidente desnacionalización que experimenta la actual sociedad española, y que va sin duda, ligado a lo anterior. Buceando entre publicaciones de la misma época que el anterior escrito, topé hace un tiempo, con un significativo artículo publicado en el diario republicano El País de 1899, titulado “Los Héroes de Baler”. En él ya se advertía a través de un ejemplo tan revelador, como fue la fría acogida a los valientes soldados que habían luchado heroicamente en Filipinas, del fracaso del liberalismo decimonónico español, a la hora de construir un estado nación equiparable al de otros países de Europa. Veamos el relato:

El País saluda a los héroes de Baler, que se han embarcado para España y les dice:

“Fuisteis bravos, tenaces, épicos, sublimes. Grecia habría colocado en esas aguas del Pacífico, rumorosas y centelleantes conchas y caracolas, pedrerías de los mares tropicales y un león de piedra erguido y formidable, mirando a los Estados Unidos como el león de las Termópilas miraba a Persia. Roma habría transportado de Egipto un monolito, y en él habría hecho inscribir en magnífico latín, digno de Tácito, vuestro elogio consagrado a la inmortalidad. Inglaterra habría puesto vuestros nombres a cien calles de sus ciudades y veinte estatuas recordarían en Londres vuestro heroísmo. Francia os prepararía un recibimiento babilónico, cubriendo de flores las calles, abrazándoos delirante de entusiasmo los hombres, enviándoos besos las mujeres, cantando vuestras glorias muchedumbres electrizadas…”
España…

España enviará al muelle de Barcelona el brillante cuerpo de guardias de Consumos, por si traen los héroes de Baler algún género de contrabando… ¡Qué lo traen! ¡Porque el corazón de esos soldados valerosos resulta ya contrabando en esta tierra!”

Ha pasado más de un siglo de esta coyuntura y la realidad no ha cambiado. Ramiro de Maeztu inculpaba a toda la sociedad española del estado de postración del país:
“¿Responsabilidades? Las tiene nuestra desidia, el género chico, las corridas de toros, el garbanzo nacional, el suelo que pisamos, el agua que bebemos y puesto que a todos alcanzan (…) todos, absolutamente todos, debemos sufrir el castigo”.
¿Piensan que todos atesoramos de alguna manera, un grado de carga? Reflexionemos sobre este añejo asunto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada