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«Me siento oprimida porque no me dejan trabajar con velo»



Hallar Abderrahaman es trabajadora social en Cataluña y musulmana. Usa «burkini» porque «soy libre de elegir la ropa que me da la gana para bañarme», pero si hay algo que le incomoda, más que la polémica que se ha formado en torno al uso de la prenda de baño», es «que no me dejen trabajar con velo». «Tengo amigas enfermeras a las que también se lo han prohibido aunque no hay ninguna ley que lo regule expresamente. Simplemente te dicen que llevarlo no es acorde con el uniforme». Cree, en definitiva, que toda la polémica generada en torno a cómo visten en la playa las mujeres musulmanas o si deben llevar velo, niqab o hijab en su vida diaria «tiene que ver con la islamofobia que existe en España y en muchos países europeos». La última medida que ha planteado Alemania de prohibir el burka «es xenófoba. La justifican con la excusa de la seguridad pero, en realidad, es un mero pretexto porque a las monjas no se las cuestiona por su indumentaria ni en España ni en ninguna parte del mundo».

Hallar lamenta que el uso del «burkini» vuelva a estar en el centro de la polémica. «Yo me lo pongo porque es la manera más cómoda que he encontrado de bañarme y es una cuestión de pudor. No creo que nadie tenga por qué cuestionarme cada dos por tres, de la misma manera que yo no lo hago con otros que practican el nudismo. También se ponen el mismo traje de baño que nosotros las mujeres que son judías ortodoxas». Una opinión compartida por Hajar Samadi, portavoz de la asociación de mujeres musulmanas del País Vasco Bidaya, quien dice que se ha tomado con humor la polémica en torno al «traje de baño» que usan las musulmanas en Francia porque lo de llamarlo «burkini» «a mi me parece que es un término despectivo. Me pregunto si la medida de prohibición que ya se aplica en algunas localidades galas afecta también a surfistas y buceadores que se bañan con sus neoprenos», dice con ironía.

Hajar, que suele bañarse en «burkini» en las playas de Marruecos, asegura que el uso de esta prenda «tiene más que ver con el pudor y la intimidad. No me destapo en zonas públicas y ¿quién decide cuál es el traje correcto?». Lo cierto, según Hajar, es que también hay muchas mujeres musulmanas que se bañan en bikini.

Omar al Kazabri, imán de la mezquita Hasán II de Casablanca, la más grande del país, afirmó en su perfil de Facebook que «la desnudez obscena ha invadido tanto en verano como en invierno las ciudades marroquíes», en clara alusión al uso de bikinis y trajes de baño por parte de mujeres musulmanas. «Parte el corazón ver la situación en la que nos encontramos, la extraña audacia contra los mandamientos de Dios, un desafío y un ultraje a la población», añade el imán. Y acusa a la población no practicante de «no respetar la libertad de quienes han elegido el velo o el nicab».

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