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El gran reemplazo: Francia atacada por todos los frentes


Por Christine Célérier  

La comunidad musulmana en Francia cuenta entre 6 y 9 millones de personas. Pero ya en 2014, según una encuesta de Ipsos, los franceses estimaban, en promedio, una proporción de musulmanes del 31% sobre la población total. Y no sólo en Seine-Saint-Denis o en algunos barrios de Lyon o Marsella.
Uno podría deducir de esta estimación colosal que los franceses son terribles racistas. Uno puede también preguntarse si esta percepción de la realidad no se debe a la multiplicación de los hechos objetivos que dan la impresión al francés que pronto ya no estará en su casa de Francia.
Por no hablar de los ataques islamistas y otros delitos de todo tipo que cotidianamente el francés sufre con una grosería intolerable, que va desde la música árabe a tope en coches que van a fondo, al insulto racista anti-francés. O a que algunos miembros de la comunidad musulmana escupen con violencia, a veces literalmente, su desprecio y su odio de Francia, motivo por el que el francés ha tenido  que mudarse [de vivienda y barrio] para encontrar un poco de paz.
Recientemente, la cadena de televisión ZDF emitió un informe sobre los alemanes que huyen de su país para escapar de la invasión migratoria. ¿Cuando nos tocará emigrar?, si la política migratoria de Francia no está, después de todo, muy lejos de la de Angela Merkel.
La asociación Pro Liturgia informa de que en Luxemburgo desde julio, “la financiación del culto católico será proporcional al número de los fieles y disminuirá de 23 millones a 8 millones de euros. Por contra, se proporcionará una financiación de medio millón de euros para el Islam que no haya sido subvencionado hasta el momento. Cuando uno se pregunta en Francia sobre la financiación de mezquitas, la lógica de la  aritmética puede hacernos temer lo peor: pues nuestros gobernantes intensamente laicistas pronto tendrán una gran ocasión para afirmar que el número de practicantes religiosos está disminuyendo constantemente entre los cristianos, mientras que cada vez es mayor entre los musulmanes… y así podrán convertir nuestras iglesias en mezquitas.
Sobre el caso del burkini actualmente en los titulares, vale explicar de manera excelente los pormenores de semejante desatino. Le Salon Beige (blog dirigido a los laicos católicos) recuerda con razón que el mismo estado de Derecho, que prohíbe hoy a los alcaldes prohibir el burkini, con motivo de que se siga sosteniendo dicha iniciativa abroncan a ciudadanos pacíficos si llevan una sudadera de ‘Manif para todos’* -lo que supone un grave y manifiestamente ilegal atentado a las libertades fundamentales, pues las personas son libres para ir y venir, y para gozar de la libertad de conciencia, de expresión y de libertad personal.
Claire FontainePor último, en estos días de re-entrada escolar, se ha puesto un nuevo artículo a la venta por parte de Clairefontaine, la famosa marca fabricante de material escolar, cuyo nombre sabe a dulce canción francesa tradicional: un manual para escribir en árabe, de derecha a izquierda, en línea con el talante de la ministra socialista de Educación, Instrucción Superior e Investigación,  Najat Vallaud-Belkacem (nacida en Marruecos), que tiene la intención de promover para todos los alumnos el aprendizaje de ese idioma en la escuela primaria, en detrimento y a costa, se debe recordar, de las clases bilingües y de la enseñanza de las lenguas antiguas (latín y griego).
En definitiva: La cultura francesa es occidental y cristiana. Los que persisten en negarlo, fingiendo creer en la multiculturalidad y la convivencia, son cómplices e incluso primeros actores del ‘Gran Reemplazo’. Pero también sus primeras víctimas.
Corpus principal de Christine Célérier /  Boulevard Voltaire
traducido y adaptado por SELECTO*DIGITAL

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