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Por Ramiro Grau | 

Ayer enterraron en Zaragoza a nuestro buen amigo y camarada Fernando. Descanse en paz, él, que tanto trabajó por la promoción y actividad educativa con la juventud, aragonesa y española, a través de su actividad como profesor de educación física y formación del espíritu nacional, y, sobre todo, en la Organización Juvenil Española, OJE, de la que fue uno de los mandos que más tiempo, en años y dedicación, quemó al servicio de los demás.
Por imponderables profesionales no pude asistir al entierro, pero no quiero que falte mi aliento, ánimo y recuerdo a su esposa e hijos, así como a todos los camaradas que disfrutaron –disfrutamos- de su presencia, de su experiencia, de su buen hacer y estar…
Fernando era único, como única fue también su dedicación a la OJE. Fue una de esas personas dejadas “huérfanas” por el régimen franquista, que mientras con una mano negociaba las mejores condiciones profesionales posibles para los Oficiales Instructores de la Juventud (muchos de ellos realmente destructores), con la otra firmaba los ceses, sin derecho a paro ni indemnización alguna, de los profesores de formación del espíritu nacional, educación física y enseñanzas del hogar. Sin temblarles el pulso. Con la fuerza que da la cobardía, cuándo se echa del barco a los remeros para intentar salvarse los oficiales y el capitán.
Fernando podría y debería hacerse ido de la OJE pegando un portazo y jurando en hebreo, y creo estaría en su derecho, pero nada de eso sucedió. Siguió dedicando todo su tiempo libre –y el suyo personal también- a la organización. Afortunadamente, y como todavía quedan jueces en España, sus derechos laborales fueron reconocidos por los tribunales, y pudo sacar adelante a su familia…Pero nunca oí una mala palabra de su boca sobre aquellos politicastros de la UCD que vendieron, y a precio de saldo, a los últimos servidores del régimen anterior, que se habían dejado las tripas trabajando, con unos salarios más bien menguados, y en los peores destinos: institutos de pueblos, etc.
Fernando supo hacer buena aquella estupenda canción de don Ángel María Pascual, titulada “Envío”:
A ti, fiel camarada, que padeces
el cerco del olvido atormentado…
En tu propio solar quedaste fuera,
Del orbe de tus sueños hacen criba…
Pero allí donde estés cree y espera…
El cielo es limpio, el cielo es limpio,
Pon arriba tus ojos, siempre arriba”.

¡Hasta que nos volvamos a ver, Fernando! Y a tu familia particular y a la gran familia de la OJE, mi más sentido pésame. Podemos estar orgullosos de don Fernando Orte Zamora, pues ha dejado muy alto el mástil de nuestra Organización y de España.

A Don Fernando Orte Zamora, fiel camarada y amigo, in memoriam

Por Ramiro Grau | 

Ayer enterraron en Zaragoza a nuestro buen amigo y camarada Fernando. Descanse en paz, él, que tanto trabajó por la promoción y actividad educativa con la juventud, aragonesa y española, a través de su actividad como profesor de educación física y formación del espíritu nacional, y, sobre todo, en la Organización Juvenil Española, OJE, de la que fue uno de los mandos que más tiempo, en años y dedicación, quemó al servicio de los demás.
Por imponderables profesionales no pude asistir al entierro, pero no quiero que falte mi aliento, ánimo y recuerdo a su esposa e hijos, así como a todos los camaradas que disfrutaron –disfrutamos- de su presencia, de su experiencia, de su buen hacer y estar…
Fernando era único, como única fue también su dedicación a la OJE. Fue una de esas personas dejadas “huérfanas” por el régimen franquista, que mientras con una mano negociaba las mejores condiciones profesionales posibles para los Oficiales Instructores de la Juventud (muchos de ellos realmente destructores), con la otra firmaba los ceses, sin derecho a paro ni indemnización alguna, de los profesores de formación del espíritu nacional, educación física y enseñanzas del hogar. Sin temblarles el pulso. Con la fuerza que da la cobardía, cuándo se echa del barco a los remeros para intentar salvarse los oficiales y el capitán.
Fernando podría y debería hacerse ido de la OJE pegando un portazo y jurando en hebreo, y creo estaría en su derecho, pero nada de eso sucedió. Siguió dedicando todo su tiempo libre –y el suyo personal también- a la organización. Afortunadamente, y como todavía quedan jueces en España, sus derechos laborales fueron reconocidos por los tribunales, y pudo sacar adelante a su familia…Pero nunca oí una mala palabra de su boca sobre aquellos politicastros de la UCD que vendieron, y a precio de saldo, a los últimos servidores del régimen anterior, que se habían dejado las tripas trabajando, con unos salarios más bien menguados, y en los peores destinos: institutos de pueblos, etc.
Fernando supo hacer buena aquella estupenda canción de don Ángel María Pascual, titulada “Envío”:
A ti, fiel camarada, que padeces
el cerco del olvido atormentado…
En tu propio solar quedaste fuera,
Del orbe de tus sueños hacen criba…
Pero allí donde estés cree y espera…
El cielo es limpio, el cielo es limpio,
Pon arriba tus ojos, siempre arriba”.

¡Hasta que nos volvamos a ver, Fernando! Y a tu familia particular y a la gran familia de la OJE, mi más sentido pésame. Podemos estar orgullosos de don Fernando Orte Zamora, pues ha dejado muy alto el mástil de nuestra Organización y de España.

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