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Los fideos del odio


Por Yolanda Morín 

Hace pocos días, por enésima vez en los últimos tiempos, la prensa nos traía la noticia de otra operación policial en Madrid contra una organización criminal, cuya perversa existencia y cínicas actuaciones llenan de zozobra e inquietud a la ciudadanía toda. Menos mal que nuestras autoridades velan sobre la seguridad del buen pueblo de la villa y corte y se rompen los esfínteres a diario en la defensa de sus legítimos intereses. Una compañía de antidisturbios de la P.N. se ha presentado en la base de actuación de estos desalmados, un antro de vicio y pecado, un local okupado que servía de cuartel general a estos delincuentes para la planificación y realización de sus inicuas actividades ilegales. Tras rodear el edificio a las 6 de la mañana y después de haber cortado todas las salidas posibles a estos malhechores, la Policía les ha conminado a deponer toda resistencia y a entregarse a las fuerzas del Bien.

¿Pero de qué se trataba? ¿Un comando terrorista? ¿Una mafia del narcotráfico? ¿Una oficina de sicarios? ¿Una red de pedofilia? ¿Un grupo de traficantes de armas? ¿Un garito de esclavas sexuales (unas pobres e inocentes niñas extranjeras traídas con engaño a España para limpiar escaleras)? Nada de todo eso, es algo peor. Mucho peor.

Una docena y media de españoles blancos, convenientemente higienizados, correctamente vestidos y algo soñolientos a ese intempestivo horario, han sido identificados y puestos a disposición judicial. Dura lex sed lex. Aquí quién la hace la paga, como bien sabemos. ¡Qué alegría saber que en este país no se le da tregua a los malvivientes! Hoy nuestras calles están algo más seguras que ayer. ¡Qué Dios bendiga a nuestras autoridades!

Pero no hagamos durar por más tiempo el suspense. Se trata del Hogar Social de Madrid, un colectivo 'neonazi' que se dedica a socorrer a españoles en situación de necesidad. ¡Puah! Ésta es una organización siniestra de amplio historial delictivo. Estos facinerosos llevan a cabo actos ilícitos contra la sociedad, unas auténticas aberraciones que agreden el sentido común y revuelven el estómago de las personas con el corazón bien puesto. Estos endurecidos enemigos de la paz, la tolerancia y la diversidad merecen nuestro repudio más enérgico y nuestra indignación de ciudadano probos y bien peinados.

Añadamos el detalle macabro que viene a ser como la firma autentificada de la maldad de esta empresa: el edificio okupado por estos bellacos es la antigua sede del NO-DO, símbolo tenebroso de tiempos de atraso e ignominia. Sin comentarios.

Estos canallas multirreicindentes (ya fueron objeto de la solícita atencion de las fuerzas del orden en varias ocasiones en 2014 y 2015), han sido sorprendidos, una vez más, repartiendo arroz, fideos, aceite y demás víveres contaminados por el discurso del odio, a familias españolas necesitadas. Asi de mal están las cosas en este bentido país, que se resiste a enterrar para siempre esos negros resabios de un pasado de atávica intolerancia, fascismo recalcitrante, nacionalcatolicismo fanático y machismo heteropatriarcal opresor.

Se empieza por ahí, repartiendo comida a españoles con hambre y sin recursos y se termina vaya una a saber dónde. Hay que estar vigilantes para impedir que vuelvan las cámaras de gas y todo eso...

La P.N. ha procedido a la requisa de los alimentos imputados y su puesta a buen recaudo a la espera de ser presentados, cuando proceda, como pruebas indubitables del delito cometido. Los paquetes de arroz y fideos del odio tendrán que ser, en su momento, cuando su misión de elementos probatorios del delito en cuestión haya sido cumplida, destruidos mediante el fuego, como corresponde en estos casos.

¡El fascismo no pasará! ¡Por un arroz tolerante e intregador! ¡No a los fideos del odio!

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