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Tsunami Trump



Por Yolanda Morín |


Aún ahora mismo los tertulianos siguen dándole vueltas al resultado de las presidenciales americanas. Se han dedicado a hacer propaganda en vez de periodismo, así que aún no se han enterado de que esto de la democracia y la libertad tiene estas cosas: el ciudadano, en la soledad íntima de sus reflexiones, decide de forma absolutamente democrática lo que a su parecer es mejor y, en consecuencia, vota.

Digerir que puedan existir ciudadanos que decidan sin sentirse influenciados por las masivas campañas propagandísticas o las oscuras operaciones de control orquestadas por el Soros de turno, puede parecer duro, pero son aquellos que presumen normalmente de ser más demócratas que nadie los que peor llevan, los que no entienden, el sistema de libertades que ofrece y garantiza a un individuo la sagrada libertad de opción y elección. Y les resulta tan difícil porque para ellos es imposible entender que alguien pueda decidir votar diferente, tomar una decisión diferente a la que el Sistema propugna y apoya. Porque en realidad no son demócratas. Son otra cosa.

Es lo que ha sucedido en estas presidenciales: ciudadanos agobiados por el establishment, por la pobreza inducida por la casta política, que finalmente han decidido apostar por una opción novedosa que funciona como una especie de droga que inyectada en los ciudadanos aporta una gran dosis de sentido común y patriotismo.

El lenguaje absolutamente claro -nítido y cristalino- de Donald Trump ha calado. Nos decían que insultaba a los latinos, a los afroamericanos, a las mujeres… pero resulta que esos colectivos también le han votado. Los votos latinos, negros y femeninos han enterrado los intentos de desprestigiar en las urnas al Presidente Trump.

Trump ha logrado hacerse entender. Los latinos han entendido que frente a su esfuerzo por llegar a ser de forma legal ciudadanos americanos, no se puede premiar a otros regalándoles la ciudadanía sin demostrar merecerla. Los afroamericanos han votado en base a promesas electorales y no en base a colores de piel. Las mujeres no se han creido la extraña campaña generada en torno a las declaraciones de varias mujeres que sospechosamente, tras muchos años de silencio, afirmaban haber sido acosadas por Trump… mientras los medios callaban sobre los casos de agresión sexual del esposo de la candidata y las amenazas y acoso de ésta a las víctimas.

Los ciudadanos han entendido a Trump. Más allá de los intentos por emponzoñar la campaña electoral, los ciudadanos americanos han optado por intentar hacer America grande otra vez. Más allá de los insultos de racismo o xenofobia, los ciudadanos han optado por la ilusión de hacer regresar los puestos de trabajo a sus ciudades y abrir otra vez las miles de empresas cerradas por efecto de la deslocalización impuesta por el mal negocio de la globalización y la mundialización.

Han votado por la seguridad frente al buenismo que pone en grave riesgo de existencia nuestra civilización. Los ciudadanos americanos han entendido perfectamente los riesgos y peligros del islamismo y la necesidad de cerrar fronteras a personas que llegan desde países que no son precisamente amigos de Occidente. Los ciudadanos americanos han entendido que frente a los narcotraficantes y violentas bandas de delincuentes hay que proteger las fronteras y construir un muro que ofrezca seguridad. Han votado, en definitiva, por la vuelta al Estado-Nación.

Veo con ilusión esta nueva etapa que se abre. Y también creo que la victoria de Trump en EE.UU puede hacer que los complejos desaparezcan de Europa y que los europeos lleguemos a creernos a nosotros mismos. Trump puede ser un tsunami imparable para lo establecido. Los partidos políticos tradicionales están obligados a observarse y cambiar. Están obligados a ofrecer algo diferente que dignifique a un ciudadano que sufre, casi en silencio, la dictadura de las élites, la progresiva islamización de Europa, la inmigración masiva o la llegada incontrolada de “refugees”.

@yolandamorin

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