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Es hora de revisar la tolerancia británica con el islamismo


Por George Chaya |

Aunque el impacto generado por el brutal ataque islamista en el Manchester Arena ha conmocionado a la opinión pública internacional, nadie debe sorprenderse de que haya ocurrido.

En Gran Bretaña, los islamistas han acampado a sus anchas durante años. El atentado suicida ejecutado durante el concierto de Ariana Grande, con un saldo preliminar de 22 muertos y más de 50 heridos (en su mayoría pre-adolescentes) coronó una serie de sucesos ocurridos durante abril y mayo en el Reino Unido, donde los abusos por parte de la comunidad islámica han sido tolerados por las autoridades británicas.

Por ejemplo, las niñas de Londres, Leicester y Birmingham asisten a los colegios con “planchado de senos”, a menudo no se detectan porque los maestros no saben que existe. Sin embargo, Helen Porter denuncio el 4 de mayo que “el planchado de senos se hace en las familias musulmanas -desde años- en esas ciudades, y es generalmente realizado por las madres por orden de los padres que desean evitar que sus hijas sean sexualmente atractivas para los hombres”.

El 8 del mismo mes, la Comisión de Beneficencia de Manchester pidió a The Islamic Relief que explique la invitación que efectuó al predicador musulmán Yasser Qadhi a participar en una gira de recaudación de fondos en Gran Bretaña, Qadhi, académico Saudita, fue denunciado por instigar a los jóvenes a matar homosexuales y apedrear a los adúlteros diciendo que ello es parte del Islam. El islamista describió a los castigos (como cortar las manos de los ladrones y azotar a las esposas) como “muy beneficiosos para la sociedad”. Ninguna autoridad gubernamental se ocupo del caso.

En abril, Sainsbury’s y Asda, dos de las cadenas de supermercados más grandes de Gran Bretaña, se negaron a vender huevos de Pascua por su simbología cristiana para no ofender a los musulmanes. Ambas cadenas, sin embargo, vendieron huevos de una versión halal hecha por la empresa belga Guylian. Stephen Green, del grupo Cristiano La Voz, dijo que “por temor a los musulmanes los supermercados boicotearon las celebraciones cristianas”.

El 11 de abril, la prisión de Frankland en el condado de Durham se convirtió en la primera de su tipo en abrir “una prisión dentro de una prisión” para aislar a los extremistas islámicos. Los terroristas condenados debieron ser trasladados a un “bloque de la prisión yihadista” por haber amenazado a los guardias con decapitar a ellos y sus familiares.

A principios de mayo, una investigación de la BBC encontró que servicios on line manejados por musulmanes con antecedentes penales cobraban miles de libras ofreciendo mujeres musulmanas divorciadas para lo que se conoce como “Halala”. La halala refiere a una mujer que se casa con un extraño, consumando el matrimonio y luego divorciándose, después de lo cual ella puede volver a casarse con su primer marido. Algunos musulmanes creen que la halala es la única manera en que una pareja que se ha divorciado y desea reconciliarse, puede volver a casarse.

La BBC informó que las mujeres ofrecidas en halala son regenteadas por proxenetas musulmanes que las colocan en riesgo de ser explotadas sexualmente. Un hombre que anunciaba los servicios de halala en Facebook, dijo a un reportero encubierto de BBC que por una mujer musulmana divorciada tendría que pagar 2.500 Libras (unos U$D 3.250) y tener sexo con ella para que el matrimonio sea “valido”, y que luego él los divorciaría. El hombre dijo que tenía otras mujeres trabajando con él por si la ofrecida no le gustaba.

El 16 de abril. Ummariyat Mirzaah, un joven de 21 años de Birmingham, fue acusado de planear llevar a cabo un ataque yihadista, de poseer una guía de fabricación de bombas y un documento de ISIS conocido “Manual de venenos de los Muyahidín” junto a videos del Estado Islámico que alentaba ataques yihadistas. Los jueces decretaron que no había evidencia concreta para encarcelarlo, Mirzaah quedo en libertad.

La semana pasada, Nadir Sayed, un yihadista de 24 años, que cumple prisión perpetua por complot para decapitar a un soldado británico en plena calle, ganó una demanda en la Corte Suprema, que dictaminó “que sus derechos humanos fueron violados al haber sido puesto en una celda solitaria” en la cárcel de Woodhill, por incitar a otros reclusos musulmanes a cantar “Allahu Akbar” y amenazar a los guardias con decapitarlos. Los familiares de Sayed fueron indemnizados con 30 mil libras. Ningún dirigente político mencionó que está muy bien que se respeten los derechos humanos del prisionero, pero ¿Qué hay de los derechos humanos del personal de la prisión amenazados con ser decapitados? Éste es el claro ejemplo por el que tantas personas han perdido la fe en Inglaterra, por decisiones judiciales como ésta.

A principios de abril. El Partido de la Independencia del Reino Unido solicitó prohibir el uso de la burka en público y también denunciar policialmente la mutilación genital. Su líder, Paul Nuttall, denunció que la burka es “una barrera deliberada para la integración y que también plantea un riesgo para la seguridad”. Nutall aun aguarda respuesta del primer ministro Theresa May a quien pidió apoyo.

También en abril. May fue acusada de ofender a los votantes musulmanes por organizar elecciones durante Ramadán. Los políticos musulmanes del Partido Laborista y del Partido Nacional Escocés dijeron que eso reduciría la participación de votantes musulmanes el 8 de junio, ya que Ramadán tendrá lugar entre el 26 de mayo y el 24 de junio. Yasser Qureshi, representante de la comunidad islámica, manifestó desprecio por Theresa May por ofender a los votantes musulmanes.

El 26 de abril. Líderes palestinos dijeron que entablaran demanda al gobierno británico por negarse a pedir disculpas por la Declaración Balfour de 1917, y por allanar el camino a la creación del Estado de Israel en 1948. Manuel Hassassian, representante palestino en el Reino Unido, declaró a la BBC que “el silencio de la Reina y el Gobierno inglés significa que no se disculparán con el pueblo palestino”, y agrego que, a menos que el Reino Unido reconociera formalmente el Estado de Palestina, se iniciará una demanda.

Otro caso de inacción británica ha sido Damon Smith, un musulmán converso de 20 años acusado de colocar una bomba en un subterráneo de Londres el 20 de octubre de 2016. Las cámaras de vigilancia mostraban a Smith ingresando con una mochila y ocho minutos más tarde, bajando del tren sin ella: la bolsa contenía una bomba casera que por fortuna no explotó. Smith declaró ante el tribunal de Old Baily que construyó la bomba vía internet utilizando un artículo publicado por ISIS. El tribunal tenía pruebas contundentes del involucramiento de Smith con el Islam, armas y explosivos. Smith admitió fabricar el dispositivo, pero afirmó que sólo lo hizo como una broma. El resultado: quedó libre.

El 27 de abril, la Iglesia de Inglaterra declaró que los niños británicos estarán obligados a aprender sobre el Islam. Derek Holloway, de la Oficina de Educación de la Iglesia, dijo que los padres cristianos que se nieguen a que sus hijos estudien sobre el Islam no deben ser autorizados a retirar a sus hijos de las clases de educación religiosa.

También en abril, la policía reveló que Khaled Masood, converso de 52 años, que mató a seis personas e hirió a otras 38 en el ataque yihadista en Westminster, el 22 de marzo dejó un último mensaje diciendo que “estaba haciendo la yihad en venganza contra las acciones militares Occidentales en Siria”. Inmediatamente después del ataque, el comisionado policial, Neil Basu, dijo que “los motivos del actuar de Masood podrían no ser conocidos jamás”.

El 14 de mayo, Haroon Sayed, de 19 años, de Hounslow, al oeste de Londres, se declaró culpable de planear la ejecución de un ataque yihadista en un concierto de Elton John, en Hyde Park el 11 de septiembre de 2016. El tribunal lo sentencio a 4 años de prisión.

La enumeración de estos pocos hechos, que pueden sumarse a infinidad de incidentes diarios en suelo británico, indica claramente que no debe sorprender el criminal ataque ejecutado sobre niños y adolescentes en el Manchester Arena.

Las autoridades británicas deben revisar urgentemente sus políticas de migración, seguridad y contra-terrorismo de manera seria y fuera de las rentabilidades electorales. El incidente del Manchester Arena ha sido brutal y despreciable. Sin embargo, nada indica que será el último en el actual estado de cosas.