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Los `no-go zone', un tema tabú



Los ataques terroristas de Paris de 2015, y el hecho de que sus autores eran ciudadanos belgas y franceses, ha puesto de nuevo en duda la eficacia del multiculturalismo en Europa. El extremismo que se da entre los musulmanes occidentales, no solamente es producto de una eficaz propaganda llevada a cabo por grupos terroristas como Daesh o Al Qaeda, principalmente, sino que también del fracaso del modelo multicultural occidental que más que integrar a sus inmigrantes los ha condenado al aislamiento.

Francia, Alemania y Reino Unido, son los países de la Unión Europea en cuyo seno se concentran las comunidades musulmanas más numerosas. A pesar de que en Francia no se llevan a cabo estadísticas que hagan referencia al origen étnico o religioso de sus ciudadanos, se estima que hay alrededor de seis millones musulmanes, lo que supone casi un 10% de la población total del país. Así, Francia es el país de Europa con mayor número de musulmanes, seguido por Alemania (5,1 millones) y Reino Unido (3.5 millones). De acuerdo con un estudio realizado por el centro Pew Research acerca del crecimiento de la población global por religiones, es previsible que para 2050 la población musulmana incremente un 73%; mayor del que se daría en cualquier otra religión, llegando con ellos a representar a 30% de la población mundial. El rápido crecimiento demográfico que se registra en los países mayoritariamente musulmanes, sumado a los conflictos que se dan en parte de estos estados, obliga a sus poblaciones a la emigración.

Hasta la actualidad, la capacidad de Europa se ha visto extralimitada en dar una acogida debida lo que ha propiciado una segregación crónica que se refleja en los así llamados “no-go zones”, es decir barrios dominados por población de origen musulmán en donde las autoridades locales han perdido absolutamente el control. Inseguridad, intimidación religiosa, vejaciones, extorsiones, crimen organizado son lo que caracteriza a estos barrios caracterizados por un perfil social muy bajo debido a las bajas tasas de educación, altas tasa de desempleo y pobreza.

Los no-go zones, el eufemismo postmoderno de los guetos, no son una novedad en Europa, pero si un tema tabú y un fenómeno desacreditado por los dirigentes nacionales que niegan la existencia de dicho problema en el seno de las grandes ciudades europeas.

Un caso de gran revuelo mediático se dio en 2014 en Alemania cuando la publicación nacional Bild dio a conocer la existencia de una especie de policía islámica que patrullaba las calles de Wuppertal con chalecos naranjas que les identificaban como tal, y que vigilaban el cumplimiento de la sharia o ley islámica que prohíbe los conciertos o escuchar música, fumar, beber alcohol, consumir cualquier tipo de droga, y obliga a las mujeres a llevar el velo.

El asunto saltó de nuevo a la luz este año, tras los incidentes de abusos sexuales a mujeres alemanas por parte de hombres identificados como de origen norteafricano, registrados durante la Nochevieja en Colonia. Tras los incidentes, el jefe del sindicato de policías de Westfalia advirtió acerca de zonas controladas por bandas sobre todo de libaneses que “intentan imponer su orden y cada vez es más difícil para la policía trabajar en esas zonas en la que se supone que no debemos entrar”.

Casos similares también han sido reportados ya en Dinamarca o Suecia. En 2011, el grupo islámico Kaldet til Islam (Llamada al Islam) declaró varios suburbios de Copenhague como zonas sujetas a la ley islámica.

Francia, cuna europea del extremismo islámico

De acuerdo con medios nacionales hay alrededor de 750 áreas en las que gobierna la anarquía y/o en los que la ley nacional ha sido sustituida por la sharia. El think tank francés Instituto Montaigne reportaba en su informe de 2011, “Banlieue de la Republique” (Suburbios de la República), que Seine-Saint Denise y otros suburbios de Francia se estaban convirtiendo en sociedades islámica paralelas, regidas por la sharia, en donde las fuerzas de seguridad difícilmente podrían mantener el orden sin sufrir algún tipo de agresión. Saint-Denis, ha sido el suburbio parisino en el que se llevó a cabo una operación policial tras los atentados terroristas del 13 de noviembre de Paris y es declarada una de las ciudades con mayor criminalidad del país.

Roubaix, en el norte de Marsella; partes de Evry y de Grigny, en la Isla de Francia; el distrito de Fafet-Brossolette en Amiens; el distrito Les Izards de Toulouse, o Aubervilliers en Paris, son todos ejemplos de zonas descontroladas, de mayoría musulmana regidas por la violencia denunciada en ocasiones por reporteros que investigan el asunto. Es el caso del francés Laurent Obertone que en un documental para una cadena de televisión húngara desaconsejaba en 2013 cualquier intento de entrar en dichas zonas. “Ni siquiera los franceses nos atrevemos ya a ir ahí. Pero nadie habla de esto en público”, lamentaba el reportero.

En 2014, Le Figaro se hacía eco del contenido de unos documentos filtrados por la inteligencia en los que se advertían acerca de la imposición de la sharia en las escuelas francesas de los suburbios de mayoría musulmana, en las que el velo islámico, el ausentismo crónico durante las festividades religiosas, y la oración clandestina en gimnasios o pasillos, forman parte del panorama habitual.

Desde el Jihad Watch, su director Robert Spencer advierte acerca de la existencia de los no-go zones a lo largo de todo el territorio de Francia en los que la comunidad musulmana ostenta el control. “Lo que están tratando de hacer es cerrar cualquier tipo de crítica del Islam, cualquier tipo de expresión, de viñetas, la discusión, de nada […] En esencia, el Gobierno francés y los demás gobiernos europeos han perdido el control sobre la situación. Es una bola de nieve que crece más y más grande, en particular, en los últimos 10 años ", advertía a principios de 2015, tras los atentados al semanario satírico francés Charlie Hebdo.

Reino Unido, entre la sharia y el crimen organizado

Especialmente problemático es el caso de Reino Unido. A diferencia de Francia, la sharia en Gran Bretaña está amparada por la Ley de Arbitraje de 1996 que permite a las partes implicadas en un conflicto elegir la manera de solucionar las disputas bajo otro sistema legal. Así, de acuerdo con esta ley, el arbitraje, en el caso de los musulmanes, puede operar de acuerdo con los principio de la sharia, un sistema de normas que se aplica también en países como Irán o Arabia Saudí, y que viola sistemáticamente los derechos de las mujeres en detrimento de los del hombre. El Consejo de la Sharia Islámica tiene tribunales o consejos con sedes en las principales ciudades de Reino Unido de mayoría musulmana, como Londres, Birmingham, Manchester, Róterdam y Bradford, y tratan especialmente casos matrimoniales.

La violencia doméstica, los crímenes de honor, los abusos sexuales o las mutilaciones genitales son crímenes habituales en el seno de la sociedad británica que se han reportado en ocasiones, pero que han seguido ignoradas por las autoridades británicas.

En este sentido, en junio del año pasado salió a la luz que la policía de Birmingham tenía consciencia acerca de los cientos de casos de abusos sexuales a menores por parte de bandas criminales, en su mayoría musulmanes de origen paquistaní, desde por lo menos hace diez años, pero que, a pesar de ser denunciados en numerosas ocasiones por las propias víctimas, han sido ocultadas. La razón aludida por la policía como excusa ha sido el miedo a ser tachados de islamófoba o por un posible surgimiento de “tensiones en la comunidad”. Casos similares se dieron también en Róterdam, Rochdale, Derby y Oxford, todos denunciados en la investigación independiente de la profesora Alexis Jay acerca de la explotación sexual en menores entre 1997 y 2013.

En el caso de la mutilación genital femenina, a pesar de que esta práctica está prohibida en el territorio británico desde 1984, los hospitales registran por lo menos 15 casos diarios. Sólo en Birmingham se han registrado más de 300 casos cada año desde 2010, pero en ninguna ocasión la práctica ha sido denunciada.

La mayor parte de la población musulmana de Reino Unido procede de Asia, en su mayoría de Paquistán y Bangladesh. Varios informes nacionales revelan que los enclaves que estos dominan están regidos por la sharia, alrededor de los que han creado grupos de crimen organizado que ponen en jaque a las fuerzas de seguridad locales. Este fenómeno ha llevado a una migración forzada de británicos nativos a medida que el porcentaje de los musulmanes en un determinado área ha incrementado; fenómeno conocido como “white flight”.

La existencia de los no-go zones en Gran Bretaña vetados a la policía, debido al extremismo que se vive en su seno ha sido corroborada por el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donal Trump, pero enseguida sus afirmaciones fueron refutadas por los dirigentes locales. No obstante, de acuerdo con varias webs nacionales, algunos agentes de policía ya han dado la razón a Trump. “Hay zonas musulmans de Preston donde, si queremos patrullar, tenemos que ponernos en contacto con los líderes de las comunidades musulmanas para que nos den permiso”, ha confirmado a Daily Mail un agente de Lancashire.

Al igual que en el caso de Francia, estos grupos de musulmanes extremistas tratan de islamizar las escuelas del país. Los profesores, a pesar de tener constancia de los casos de extremismo entre sus alumnos fallan en denunciar el problema por el miedo a ser tachados de islamófobos.

La realidad de las sociedades islámicas paralelas que se rigen por la sharia es una realidad en Europa. Hacer público el problema no es ser racista o islamófobo, sino denunciar las prácticas de una minoría extremista susceptible de corromper a otros miembros de la comunidad musulmana, y que peligra la seguridad y la estabilidad de las sociedades europeas. El radicalismo avivado entre los jóvenes musulmanes europeos en los últimos años, favorecido en parte también por la crisis económica, requiere de planes de prevención de los Estados europeos y de la actuación conjunta de las fuerzas de seguridad y de inteligencia, pero también de los propios musulmanes. Actuaciones como el del Consejo de Mezquitas de Waltham Forest de Londres que prometió boicotear el reciente programa de prevención antiterrorista del Gobierno, no sólo desperdician el intento de implicar a la comunidad musulmana en la lucha contra la radicalización, sino que ponen en duda la credibilidad de ésta, lo que pueda ocasionar futuras tensiones con ciudadanos europeos, especialmente con las capas más extremistas. La retórica anti islámica puede alimentar aún más el extremismo islámico, por eso los responsables europeos deben identificar el problema y dar una solución rápida. Ocultar el problema sin actuar puede conllevar a una situación de grave inestabilidad difícilmente reversible.