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Iñaki Ezkerra sugiere el parecido entre Puigdemont y el odioso clérigo Godwin de la serie “Un mundo sin fin”


En una columna publicada en el diario El Correo, Iñaki Ezkerra hace pública su decisión de no ver más series televisivas de fantasía medieval. El motivo que aduce es que le afectan demasiado porque le recuerdan enormemente a la realidad política del presente. En un momento del artículo, el escritor vasco repara en el asombroso parecido físico y capilar que guarda Carles Puigdemont con el clérigo Godwin, el personaje más estúpido y perverso de la serie televisiva “Un mundo sin fin”, que encarna el actor inglés Rupert Evans: “Veo a un clérigo con cara de hambre y el pelo cortado a tazón, como un Beatle del Pleistoceno, que me recuerda a Puigdemont y que sostiene que las heridas de hacha se curan con emplastos de barro.” Más lejos de esos que suelen llamarse “parecidos razonables”, Ezkerra compara el mundo medieval de las novelas de Ken Follet, en el que sucumben la razón y el Derecho, con las “creativas” aportaciones jurídicas anunciadas por el actual presidente de la Generalitat en torno al desafío del 1-O. Reproducimos íntegro, por su interés, el artículo de Iñaki Ezkerra


Publicado en El Correo el lunes, 4 de septiembre de 2017

Huyendo del Medievo

Por Iñaki Ezkerra |

Me duele mucho decirlo, pero creo que voy a tener que dejar de ver series televisivas de fantasía medieval. Me afectan demasiado. Uno se pone a ver ‘Juego de tronos’ o ‘Un mundo sin fin’, la segunda parte de ‘Los pilares de la Tierra’, con el ánimo de evadirse de la deprimente realidad política, pero, en vez de escapar de ésta, se encuentra con que toda esa peña entrañable de seres ambiciosos, supersticiosos, mezquinos y fanáticos que pueblan esas ficciones le recuerdan demasiado a las noticias que quiere dejar atrás y a los iluminados de nuestra política que las protagonizan. En principio, lo bonito y lo edificante de las series y las películas ambientadas en otros tiempos -preferentemente el Medievo- era la distancia que trazaban con el presente, con nuestros avances científicos, nuestras instituciones, nuestro sentido de la razón y del Derecho… Pero esa cinematografía pierde su gracia cuando, en vez de constatar uno que entre ese mundo delirante de la ficción histórica y el que le ha tocado vivir hay un trecho abismal, lo que constata es exactamente lo contrario; cuando lo que percibe es la fragilidad de nuestro mundo y lo asombrosamente cerca que aún estamos de aquel individuo que temía ser víctima de un decreto arbitrario del sátrapa de turno o de la denuncia de un paisano envidioso o de los capones y escupitajos de un populacho enardecido por un predicador majara que usaba las redes sociales de su época; cuando lo que el cine escenifica, en fin, es la precaria barrera que nos separa de aquella pobre gente que sentía permanentemente amenazadas su dignidad y su hacienda; que andaba leyendo a escondidas pergaminos prohibidos y que veía al demonio por todas partes.

La razón y el Derecho. Esos son los grandes ausentes en esas ficciones donde de pronto un borracho decide que hay que ahorcar a las mujeres que tienen un lunar en el pecho y donde van todos en manada a ahorcar a una infeliz. En esas series la legislación es creativa y la inseguridad jurídica total. Cualquiera pueda aportar ideas. Veo a un clérigo con cara de hambre y el pelo cortado a tazón, como un Beatle del Pleistoceno, que me recuerda a Puigdemont y que sostiene que las heridas de hacha se curan con emplastos de barro. Al que dice que hay que desinfectarlas se lo llevan en volandas a una mazmorra en la que es convenientemente torturado. Luego me parece que el fraile está hablando de una Ley de Transitoriedad que entrará en vigencia antes de que sea aprobada por nadie. Veo al Ejército de los Caminantes Blancos y no quiero ni pensar lo que haría Puigdemont si tuviera un dragón. Veo a un gañán de mirada torva y sardónica con autoridad para quitarle a un campesino su herencia. Y otra vez al clérigo, que justifica que un padre venda a su hija por una vaca apelando a la Biblia. Sí, aquí hay gente a la que le pide el cuerpo volver a lo mejor.





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