Entrevista con Hipólito Sanchiz
Publicado el 23 Octubre, 2007 Publicado en la sección Entrevistas |
El historiador Hipólito Sánchiz, profesor de la Universidad San Pablo CEU, ha escrito con
el novelista León Arsenal ‘Una historia de las sociedades secretas españolas’ (editorial Zenith). Sus conclusiones son asombrosas, pues sostiene que la Garduña y el Ángel Exterminador son montajes hechos por los liberales para desprestigiar a sus enemigos católicos y absolutistas. Como no podía ser menos, hay abundantes páginas dedicadas a la masonería, así como a las sociedades neotemplarias y las falsas órdenes militares.
En su libro describe la eclosión de sociedades secretas en España después de la invasión francesa y hasta la monarquía de Alfonso XII. ¿Se puede escribir la Historia de España en el siglo XIX sin prestar atención a los masones, los carbonarios y los comuneros?
Creo que no, y especialmente la del primer tercio del siglo XIX, donde tanto el fenómeno del romanticismo como la política de la época hízo que estas sociedades secretas tuvieran un excelente caldo de cultivo. De hecho toda la cadena de revoluciones europeas que sucedieron en torno a 1820 está íntimamente relacionada con la masonería, incluido nuestro trienio liberal.
¿Nos puede explicar la responsabilidad de la masonería en la independencia de los virreinatos de América?
Las sociedades masónicas tuvieron una importancia fundamental en los procesos de emancipación. Fueron organizaciones masónicas autónomas, no vinculadas a la masonería española, entonces muy incipiente. Incluso hay autores que niegan la pertenencia masónica de tales organizaciones y las consideran paramasónicas. Es decir, organizaciones políticas que adoptaron estructuras y simbologías masónicas, sin pertenecer a ninguna regularidad. Pero todo esto es aún objeto de estudio y de debate entre expertos.
FANTASMAS QUE NO PASARON DEL PAPEL
Usted revela que una sociedad secreta vinculada a la Inquisición, la Garduña, no existió y no pasa de ser manipulaciones de los liberales para desprestigiar a sus enemigos. ¿Cómo es que otros investigadores han aceptado su existencia sin dudarlo?, ¿por interés, por desidia?
![]() |
Ambos mitos, si bien tienen una base común, se desarrollan de una manera diferente. En ambos casos son sociedades secretas inventadas o sacadas de contexto para ser empleadas como arma política por los liberales contra los absolutistas. Sin embargo el caso de la Garduña, cuyo origen es una novela titulada “Misterios de la Inquisición y otras sociedades secretas”, me recuerda más a fenómenos como el “Codigo Da Vinci”. Por ejemplo, me he encontrado con alumnos universitarios preguntando seriamente (a veces aseverando) si las afirmaciones de este último libro, una mera novela, sobre la figura de Jesucristo eran ciertas. Es decir, hay una creación de un mito liberal a partir de la literatura, el cual apenas los historiadores serios apenas nombran pero que autores dedicados a lo esotérico y a las sociedades secretas repiten machaconamente.
Como organización secreta la Garduña es muy atractiva para los ‘conspiradictos’: se supone que era una organización criminal que estuvo activa durante más de 400 años en España y que, entre otras cosas, hacía el trabajo sucio de la Inquisición. Sin embargo, en cuanto leemos estudios serios sobre bandolerismo y desordenes sociales (muy frecuentes en Andalucía en el siglo XIX) vemos que no hay una sola mención a dicha sociedad. ¿Por qué? Muy fácil; los historiadores que tratan la conflictividad social trabajan con documentación de la época, documentación que en el caso de la Garduña brilla por su ausencia. La supervivencia de esta falsa sociedad secreta hasta el siglo XXI se debe a la tendencia de ciertos estudiosos de lo exotérico y de las sociedades secretas a escribir copiándose unos a otros sin cotejar las fuentes, por un lado, y de su atractivo por otro.
Otro ‘coco’ es el Ángel Exterminador, que era más extremista que Fernando VII.
En el caso del Angel Exterminador hablamos de una sociedad secreta supuestamente presidida por un obispo que deseaba la vuelta de la Inquisición y se dedicada a asesinar liberales. Es decir, tiene un carácter político más profundo y fue utilizado como propaganda durante todo el XIX y todavía en el XX algunos historiadores lo nombran. Este mito estuvo tan extendido que era difícil cuestionárselo: o aparece o no aparece en tal libro de historia, pero no se suele discutir si existió o no.
El franquismo persiguió a la masonería. Hasta el general Franco escribió abundantes artículos en contra de la sociedad que firmaba como Jakim Boor. ¿Qué motivos tenía Franco para considerar a los masones como unos enemigos implacables? ¿Es cierto que él quiso ingresar en una logia?
Se han ofrecido varias explicaciones. Los dos más verosímiles son los que apuntamos en el libro. Una dice que, en efecto, Franco quiso ingresar en la masonería dos veces, y que en ambas fue rechazado. Eso habría despertado su odio hacia la organización. La otra explicación apunta a que los masones, abundantes en el Ejército, ganarían promociones y ascensos más rápido, gracias a sus contactos. Eso les habría ganado la animadversión de Franco, que habría considerado que se le relegaba a favor de gente que los merecía menos.
Si los templarios se extinguieron con la disolución ordenada en la Edad Media por el Papa, ¿por qué mucha gente se cree las sociedades neotemplarias? Se puede comprender que haya lectores que compren novelas con templarios redivivos, pero, ¿por qué ese afán de ingresar en una orden que, seguramente, será falsa?
Desde fuera, la gente cree en las sociedades neotemplarias por lo que de mítico y maravilloso tienen. En cuanto a ingresar en una orden falsa, el asunto es complejo. Digamos que cada uno busca lo que no tiene. Hay gente con dinero que está dispuesto a pagar por un ennoblecimiento ficticio, a sabiendas de que lo es, pero que nutre su afán en ese sentido. Y, como todo el mundo sabe, hay veces que las falacias, a fuerza de repetidas, se convierten en realidad. Eso ha sucedido con más de una falsa orden militar, no necesariamente templarista.
SI SON SECRETAS, ¿CÓMO ESTUDIARLAS?
¿Cree que las sociedades secretas influyen en la política y la economía de las naciones?
Si, pero su gran momento pasó en el XIX. De todas maneras también depende de lo que entendamos por sociedad secreta. Por ejemplo, un cartel económico que se reúna para pactar los precios de un sector de la economía de un país si bien no es una sociedad secreta ‘per se’ sus intereses y su modo de actuar si lo son. Aún así, el gran problema del estudio de las sociedades secretas es el hecho de que son secretas, es decir, que procuran dejar pocos rastros. De ahí que siempre haya un grado de incertidumbre sobre hasta qué punto fue influyente tal o cual sociedad secreta.
Las sociedades secretas que usted y León Arsenal estudian nacen casi todas a partir del siglo XVIII. ¿No es paradójico que cuanto más se democratiza el poder y se aleja de camarillas, cortes y dinastías, es decir, cuanto más transparente es el gobierno, más aumentan las sociedades secretas y más dispuesta está la gente a creer en conspiraciones?
La paradoja en el caso español no es tal; personalmente no creo que los gobiernos sean más transparentes, sino que parecen más transparentes. Recordemos que durante gran parte del XIX la única manera que había de cambiar un gobierno era el pronunciamiento militar ya que las elecciones las ganaba sistemáticamente el partido en el poder. Esto se ve muy claramente por ejemplo con el Partido Demócrata en época de Isabel II; hasta la época del Sexenio se ve impelido a actuar mediante sociedades secretas al estar prácticamente prohibido. En general podemos decir que la existencia de sociedades secretas de corte político tiene que ver con la inexistencia de libertad en alguna parte del espectro social. Si a eso le sumamos la tendencia a achacar al enemigo político la culpa de todo y a ser posible mediante alguna sociedad secreta, más la manipulación de los medios de comunicación, tenemos la teoría de la conspiración servida
DECADENCIA DE LA MASONERÍA
¿Es su libro parte de una conspiración para maquillar estas sociedades?
Bien, no es la primera vez que me preguntan esto…De hecho, ya me he llevado algunas críticas de otros compañeros historiadores por el supuesto tratamiento “benevolente” que realizamos León Arsenal y yo de la masonería. Esta última es para muchos la madre de todos los males de nuestro país y hay gente que deduce que si no la atacas furibundamente es que estás pagado por ella (o perteneces a ella) para esconder sus pecados. Nuestra tesis consiste en que desde finales del XIX la masonería española estaba muy ocupada reprimiendo el incipiente movimiento obrero y en luchas intestinas debidas a su fraccionamiento como para influir de una manera decisiva en la sociedad española. El alto número de parlamentarios masones en la Segunda República se da en una época donde probablemente la masonería empieza ya a ser más un club de ayuda mutua que una sociedad filantrópica de supuestos altos ideales. Por último, se tiende a olvidar su división en diferentes logias, la cual es causa de bastante de su inoperancia.
Pero lo que hemos intentado dar al libro es un toque de escepticismo y a la vez señalar qué sociedades está probado que existieron y qué sociedades no, huyendo de mitos y teorías absurdas de la conspiración. Y nuestras conclusiones son que muchas de las sociedades secretas españolas que tradicionalmente se cree que funcionaron realmente nunca existieron. Si piensa usted que esto es una conspiración para maquillar estas sociedades, me temo que no tengo manera de convencerle de lo contrario.
Dados sus conocimientos de las sociedades secretas, ¿es usted miembro de alguna de ellas?
Debo declarar que no pertenezco a una sociedad secreta. Probablemente dentro de un tiempo probablemente si perteneceré, ya que como las cosas continúen así los católicos tendremos que volver a escondernos en las catacumbas. En este caso en el alcantarillado madrileño. Espero que el alcalde Gallardón también haya hecho obra allí para entonces.
Envía esta noticia a un amigo o a la Red social
Comentarios
Enviar un comentario

